La escritura en la obra de Ernesto Sábato:
Autorreferencialidad y metaficción.
 

© Nicasio Urbina

        Le contenu du psychique sera représenté par un texte d'essence irréductiblement graphique.  La structure de l'appareil psychique sera représentée par une machine d'écriture.
      Derrida, "La scène de l'écriture".

 Una de las principales características de Sábato apuntada por numerosos críticos, es la función de la escritura como proceso de catarsis.  En este sentido la escritura se convierte en una aventura, en una investigación en las profundidades del alma humana y en una exploración de las fuerzas que gobiernan la existencia, tal como ha señalado Sábato y han comentado diversos críticos.  Ahora bien, una lectura atenta de la obra sabatiana revela que la escritura como proceso de expresión del ser humano, se convierte en tema del discurso narrativo y forma parte de la esencia misma del referente semiótico.  Esto es evidente en El escritor y sus fantasmas (1963), pero un estudio minucioso revela que El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y sobre todo Abaddón el exterminador (1974) son en realidad elaboraciones en el acto de la escritura.  Basándome en los postulados de Jacques Derrida en "Freud et la scéne de l'écriture" me propongo explorar el fenómeno de la escritura en el discurso sabatiano, aspecto en general inadvertido por la crítica, y demostrar que la escritura, como proceso y como realidad grafológica, es representación metafórica de la psique humana, cuyas traducciones se realizan en la escritura psicológica, la escritura onírica, el discurso histórico o la representación matemática.


 El escritor y sus fantasmas (de aquí en adelante EEF) es explícitamente un libro acerca de la escritura.  Tal y como lo expresa Sábato en las "Palabras preliminares a la primera edición," "Este libro está constituido por variaciones sobre un solo tema, tema que me ha obsesionado desde que escribo: ¿porqué, cómo y para qué se escriben ficciones."(9)  Su principal propósito en este libro es esclarecer algunos aspectos de la actividad que ha ocupado más de la mitad de su vida, y ofrecer el resultado de su experiencia a aquellos jóvenes que sienten en sí la necesidad de escribir.  "Para quién escribo este libro?  En primer término para mí mismo, con el fin de aclarar vagas intuiciones sobre lo que hago en mi vida; luego porque pienso que pueden ser útiles para muchachos que, como yo en mi tiempo, luchan por encontrarse, por saber si de verdad son escritores o no, para ayudarles a responderse qué es eso de la ficción y cómo se elabora..."(10)  EEF es definitivamente un libro acerca de la escritura, un libro que discute problemas como "la crisis de la novela" de T.S. Elliot, o "la deshumanización del arte" propuesta por José Ortega y Gasset, un libro que discute la importancia de las ideas en la novela, los propósitos y características de una literatura nacional y los principales problemas técnicos y estilísticos que todo escritor tiene que enfrentar.  En EEF Sábato desarrolla un concepto del arte que comprende diferentes formas de la escritura, escritura que va desde la representación fonética hasta el pictograma, y cuya finalidad es la reivindicación de la unidad humana perdida en la escisión que la ciencia y la razón ha impuesto sobre el hombre: "Esta es época de crisis pero también de enjuiciamiento y síntesis. Frente a la honda escisión del hombre, el arte aparece como el instrumento que rescatará la unidad perdida."(194)  La integración de la unidad escindida de la que nos habla Sábato requiere, para su realización, un descenso a las profundidades del inconciente, requiere la revelación conciente de las causas y motivos de tal escisión y el restablecimiento del equilibrio entre razón y pasión, entre lo subjetivo y lo objetivo.  En este sentido la proposición sabatiana es afín a la metáfora freudiana del bloque de cera que como comenta Derrida "Alors que les autres surfaces d'écriture, répondant au prototypes de l'ardoise ou du papier, ne pouvaient représenter qu'une pièce materialisée du systéme mnésique dans l'appareil psychique, une abstraction, le bloc magique le représente tout entier et non seulement dans sa couche perceptive.  La tablette de cire représente en effet l'inconscient."(332)  La analogía entre escritura e inconciente planteada por Freud, nos sirve como punto de partida del análisis del discurso sabatiano, permitiéndonos ver cómo la concepción del arte de Sábato como expresión del inconciente, revela la significación de la escritura dentro de su sistema de representación.  No es sorprendente que EEF, siendo un libro acerca del escritor, presente tal preocupación por el acto de la escritura, pero lo que sí llama la atención es que sus novelas y otros libros de ensayo, muestren una preocupación similar por el proceso y acto de la escritura.

 El túnel (de aquí en adelante ET) es en el nivel de la fábula, la historia de un crimen pasional donde Juan Pablo Castel explica cómo conoció a María Iribarne Hunter, qué relaciones hubo exactamente entre ellos, y cómo fue haciéndose a la idea de matarla.  En este nivel el libro se lee como una novela policíaca o detectivesca, y un buen número de estudios se ocupan de este aspecto.  Pero en general la mayoría de los críticos están de acuerdo con Anderson-Imbert en que "Su confesión [de Castel] interesa, no por el crimen, sino porque cada palabra es símbolo de su proceso de locura y su locura símbolo de una metafísica desesperada."(1974, II: 29).  Antes de pasar al análisis de la escritura en ET me permito anotar que este razonamiento lleva por un lado a una lectura psicopatológica, pertinente pero poco productiva para el análisis literario, y por el otro a una lectura filosófica inscrita en la tradición existencialista.
 ET es la crónica escrita por Castel desde el asilo donde se encuentra, escrita en primera persona, la historia se desarrolla al mismo tiempo que leemos, creando de esta manera la ilusión de simultaneidad entre el desarrollo de la escritura y el proceso de lectura.  El discurso se presenta entonces al lector en forma de borrador, sin haber sido sometido a un proceso editorial, donde el narrador a menudo cambia el curso de la narración, salta de una proposición a otra, se repite a sí mismo y crea una serie de incongruencias que han sido objeto de diversas discusiones críticas.  Albert Fuss (1983) arguye que "La cadena argumentativa se desarrolla en una especie de libre asociación.  Un solo detalle de la frase anterior da origen a una nueva idea que, en realidad, ya no tiene nada que ver con el tema principal.  De esta manera cada una de las distintas cadenas argumentativas, aisladas entre sí, desembocan en el vacío, sin volver a tomar el hilo principal."(328)  El análisis de Fuss es a mi juicio insuficiente y erróneo, y muestra una falta de entendimiento tanto del significado de asociación libre dentro de la tradición psicoanalítica que presupone una relación intrínseca (es decir, a nivel de las in-tensiones de los signos) como del propio proceso de escritura, que como metáfora del inconciente presupone una serie de asociaciones aparentemente incongruentes, errores ambos que conduce a una lectura parcial de la obra.  Como ha demostrado Henry J. Richards (1982: 405) Castel demuestra estar conciente de su función de autor de la historia, y sus opiniones y disgresiones tienen por objeto ganar la confianza del lector y demostrar la autenticidad de la historia.

 La observaciones apuntadas por Richards nos ponen a mi juicio en la dirección correcta.  La conciencia de Castel como sujeto-escritor es probablemente la principal característica de ET, porque es esta conciencia explícita la que va a determinar la forma de la totalidad del discurso.  Al principio del capítulo II Castel plantea la pregunta que se formulaba ya en la mente del lector: "Podrán preguntarme qué me mueve a escribir la historia de mi crimen (no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y, sobre todo, a buscar un editor.  Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad.  Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres".(13) Pero antes de terminar el capítulo el lector encontrará la inexactitud de esta afirmación porque tal y como dice el narrador "...aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general, y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA".(14)

 Como vemos Castel declara que su narración es la historia de su crimen, pero un análisis detallado de la novela demuestra que ET es más bien la historia de un hombre escribiendo acerca de su crimen, que la historia del crimen en sí.  Es decir, que el valor literario de ET no reside en la narración del crimen propiamente dicho, ni en el valor filosófico de las implicaciones del crimen, sino en la recreación de ese crimen a través del proceso de la escritura.  Es la actividad discursiva y la forma en que esta actividad ha sido presentada, lo que hace de ET una obra maestra de la literatura contemporánea latinoamericana.  La reescritura del texto primigenio que se propone Castel, más que una explicación de los hechos como pretende el autor, es el intento, desesperado y futil en última instancia, de reestablecer la ilusión inicial del encuentro, porque como dice Derrida "L'écriture est impensable sans le refoulement.  Sa condition, c'est qu'il n'y ait ni un contact permanent ni une rupture absolue entre les couches."(334-5)  Al matar a María, Castel ha creído destruir lo que él consideraba ser su último fracaso, la revelación gráfica de su aislamiento, y la escritura se plantea como la única salida viable, la única esperanza. "Le «sujet» de l'écriture n'existe pas si l'on entend par là quelque solitude souveraine de l'ecrivain.  Le sujet de l'ecriture est un système de rapports entre les couches: du bloc magique, du psychique, de la société, du monde."(335)


 Una observación final.  El presente estado de la narratología nos permite ver una serie de características de ET que han pasado inadvertidas hasta ahora.  La relación entre el narrador explícito, Castel, y el autor real del libro, Sábato, es un aspecto interesante que ha recibido poca atención.  Díaz Migoyo (1980) usa esta distinción para demostrar que "...la novela, en vez de acabar con el nihilismo que decía temer Ernesto Sábato... inclina al lector a evitar su conducta [la de Castel], y rechazarla".(449)  Esta distinción es verdaderamente crucial con respecto a la relación que se establece entre el sujeto-escritor y el texto.  Por un lado tenemos a un escritor minucioso, Sábato, un hombre que escoge cuidadosamente cada frase, y por el otro lado tenemos a un narrador, Castel, que se presenta como un improvisador, como un hombre que escribe sin prestar atención, aparentemente,  a la estructura y forma de su discurso narrativo.  Habiendo distinguido estos dos niveles del discurso se puede ver cómo en el nivel del narrador hay una preocupación absesiva con los detalles de las acciones, los comentarios y los gestos, al mismo tiempo que parece no prestar atención a la superficie del discurso, hasta el punto de olvidar algunos de los índices presentados.  Y por el otro lado tenemos a un autor, para quien una de las principales preocupaciones es el proceso de escritura y recreación del material narrable en sí.  Para Sábato, como autor, el proceso de escritura de los acontecimientos narrados es tan revelador de la naturaleza humana, como los acontecimientos mismos.  En ese sentido el sujeto escritor, Castel, es imagen y reflejo del otro sujeto escritor, Sábato, que escribe sobre un hombre que escribe la historia de su crimen.

 La segunda novela de Sábato, Sobre héroes y tumbas (de aquí en adelante SHT) es también una metáfora de la escritura. La tercera parte de la novela «Informe sobre ciegos» (de aquí en adelante «Informe») es la narración, en forma de diario, de las investigaciones de Fernando Vidal Olmos en el mundo de la Secta de los Ciegos, una organización que controla, a través de sus poderes esotéricos y sus múltiples súbditos, el mundo entero.

 Bruno, uno de los personajes principales, funciona explícita e implícitamente, como sujeto-escritor en la novela. El interés de Bruno por la escritura data de su juventud, tal y como lo expresa cuando recuerda sus tiempos en el movimiento anarquista: "Y en aquel reducto solitario me ponía a escribir cuentos.  Ahora advierto que escribía cada vez que era infeliz, que me sentía solo o desajustado con el mundo que me había tocado nacer".(521)  Desde la primera parte de la novela Bruno se revela como la mente a través de la cual el pensamiento y la acción se convierten en discurso, pero esto se hace evidente en la cuarta parte de la novela.  El divagar de Martín por los senderos del Parque Lezama y su estado anímico se nos revelan a través del pensamiento de Bruno.  "Se sentó en un banco cerca de la estatua de Ceres, y permaneció sin hacer nada, abandonado a sus pensamientos. «Como un bote a la deriva en un gran lago aparentemente tranquilo pero agitado por corrientes profundas», pensó Bruno, cuando después de la muerte de Alejandra, Martín le contó, confusa y fragmentariamente, algunos de los episodios vinculados a aquella relación."(13)  El proceso de narración en SHT es complejo y variado, pero está dominado por la visión compasiva de Bruno que, a través de su recuerdo y estimulado por el proceso de escritura, revive los acontecimientos.  La cuarta parte de la novela se compone principalmente de la narración de Bruno a Martín acerca de su relación con los Vidal Olmos, revelándose así, definitivamente, como el narrador ulterior del discurso.

 SHT no es la historia de un incesto, tampoco es sólo la historia de la trágica relación entre Martín y Alejandra, ni es solamente la narración de la investigación de Fernando en el oscuro y diabólico mundo de la Secta, SHT es más bien la historia de varios individuos escribiendo acerca de estos hechos.  Por lo tanto, SHT es un concierto magistral de varias piezas narrativas que en el fondo aluden al proceso de escritura de lo escrito.  "¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?" escribe Fernando, "Esta feroz lucidez que ahora tengo es como un faro y puedo aprovechar un intesísimo haz hacia vastas regiones de mi memoria..."(289)  El entendimiento, el esclarecimiento de las cosas y su significación, aparecen siempre en SHT y con mayor insistencia en el «Informe», acompañados del proceso de escritura: "Asombrosa lucidez la que tengo en estos momentos que preceden a mi muerte.  Anoto rápidamente puntos que quería analizar, si me dan tiempo: Ciegos leprosos.  Asunto Clichy, espionaje en la librería.  Túnel en la cripta de Saint-Julien Le Pauvre y el cementerio de Père Lachaise, Jean-Pierre, ojo".(405)

 En los momentos críticos de su vida la escritura es para Fernando la única esperanza, la única prueba de lo que ha descubierto, el testimonio de su vida.  "Cuando por fin me quemen, recién entonces se convencerán; como si hubiera que medir con un metro el diámetro del sol, para creer lo que afirman los astrofísicos.  Estos papeles servirán de testimonio."(406)  Testimonio y aviso de los peligros del mundo, del azar y del destino, escritura recreadora de situaciones, reflejo de la realidad narrable del mundo. "...aviso para los que después de mí y leyendo este Informe decidan emprender la búsqueda y llegar un poco más lejos que yo."(418)  El proceso de escritura de Fernado Vidal Olmos termina con su muerte.  Como la vida, la escritura es un proceso continuo, mezcla indisoluble de conciencia e inconciencia, cuya conclusión está marcada únicamente por la muerte.  "Aquí termino, pues, mi informe, que guardo en un lugar en que la Secta no pueda hallarlo.  Son las doce de la noche.  Voy hacia allá. Sé que ella estará esperándome."(449) Si el proceso de escritura termina con la muerte, la escritura es la muerte misma.  "La représentation est la morte.  Ce qui se retourne aussitôt dans la proposition suivante: la mort (n') est (que) représentation."(335-6)

 La complejidad de SHT alcanza su climax cuando se contrapone a los hechos acaecidos en el tiempo de la narración, la perspectiva histórica de la marcha de Lavalle recordada por Celedonio Olmos, abuelo del abuelo de Alejandra.  La marcha de Lavalle, reeditada en la memoria se convierte así en la reescritura de la historia, proceso de creación de un acontecer pretérito, cuya realidad se desdobla en el proceso de narración, para integrarse al discurso principal complementando su visión panóptica de los hechos.  El presente narrativo de la evocación anula el distanciamiento temporal, creando así un plano único, en el que la escritura es la acción ordenadora de la realidad y su única dimensión temporal, realizada a través de la memoria.  "Seule l'écriture de l'âme, disait le Phèdre, seule la trace psychique a pouvoir de se reproduire et de se représente elle-même."(336)  De esta manera vemos que SHT es en realidad la reescritura del material narrativo por medio de un proceso de rememoración, escritura psíquica que aspira a revelar las dimensiones oscuras del inconciente.

 Abaddón el exterminador (de aquí en adelante AEE) no requiere ser sometido a un escrupuloso proceso hermenéutico para revelarse como una novela dedicada a la escritura, ya que en el nivel superficial de la fábula, la novela se presenta como la historia de un escritor que revela el proceso interior del acto de la escritura.  Sabato, el autor-personaje desarrollado por Sábato como su alter-ego, es una voz constantemente preocupada por el proceso de la escritura.  La novela se abre con los acontecimientos que acompañaron la publicación de SHT y las consecuencias que el autor tuvo que sufrir.  "Publiqué la novela contra mi voluntad.  Los hechos (no los hechos editoriales sino otros, más ambiguos) me confirmaron después aquel instintivo recelo.  Durante años debí sufrir el maleficio.  Años de tortura."(21)  Las consecuencias del discurso de 1961 aparecerán en la novela una y otra vez, y el autor se refiere en diversas instancias a personajes de sus novelas anteriores.  En este sentido AEE se presenta como la reescritura de discursos anteriores, como elaboración en un proceso de autorreferenciali-dad que evocando sucesos anteriores, gira sobre su propio eje provocando la producción de un nuevo discurso narrativo.  De esta forma la escritura es materia generadora de nuevos discursos que se desconstruyen a partir de sí mismos.

 El material narrativo de AEE está compuesto de una diversidad de textos, cartas y pequeñas comunicaciones, diálogos, y transcripciones.  Así encontramos las tres comunicaciones de Jorge Ledesma (105-7, 168-9, 410), la carta de Sabato a un Querido y remoto muchacho (111-5), las anotaciones de su diario personal (115-31), la carta de Silvia (242), las notas y carta del Che Guevara (226-42), las noticias de los periódicos, la carta de Cornelius W. Lippmann (378-86) y el epitafio del cementerio de Capitán Olmos (471-2), todas formas de la escritura que contribuyen a la creación de esa colección de discursos interconectados que es AEE.  A la pluralidad de textos ya mencionados es importante agregar la presencia de Bruno a todo lo largo de la novela.  En forma similar a como ocurre en SHT pero en forma más explícita, Bruno es la conciencia panorámica que traduce el acto de vivir en discurso narrativo, presentándose así, de forma definitiva, como ulterior sujeto de la escritura.
 En el centro de la fábula de AEE encontramos la historia de Sabato y su propósito de escribir una novela.  Gran parte del enunciado discursivo de AEE se concentra en este esfuerzo, en las dificultades y contratiempos que encuentra el escritor en el proceso de la escritura.  A través de la voz del narrador podemos escuchar el pensamiento íntimo de Sabato en la forma de la segunda persona narrativa: "Comenzará a escribir al día siguiente.  Es una decisión fundada y viene acompañada de cierta animación."(132)  Entre tanto Sabato tiene que contestar algunas cartas recibidas en esos días (Idem), discute la traducción al inglés de SHT (133) y la traducción al árabe de ET (135).  Un ataque de gota que le dura de 15 a 20 días le permite leer de una buena vez El Quijote "prometiéndose que apenas salga del dolor se pondrá a escribir."(136) Inmediatamente después llama un desconocido para discutir un asunto relacionado con los ciegos, "...a causa de ese llamado ha desistido nuevamente de su proyecto de escribir."(Idem)  Más adelante la escritura vuelve a ganar su función de motivo en la novela.  Después de discutir en forma de monólogo las características estrictamente humanas de la novela, el narrador es testigo de los frustrados intentos de Sabato por escribir.  "A la mañana quiere escribir pero la máquina sufre una serie de desperfectos..."(368)  Sabato resuelve ir al centro y caminar por el barrio sur.  Decide comprar una carpeta de anillos para escribir a mano.  "Algo nuevo, algo simbólico, que le permita escribir en un café, a pesar de las dificultades con su letra, del cansancio que le produce lograr algo inteligible."(368-9) La escena que se produce, donde Sabato termina por comprar algo que no quiere no es más que otra complicación que parece interponerse en su determinación de escribir una novela.

 En la unidad titulada «Ahí estaba» (246-50) Sabato explica lo que quiere lograr en su novela.  Se refiere a la idea pirandeliana de los personajes en busca de un autor, menciona la idea desarrollada en EEF de la crisis de la novela y la novela de la crisis, y finalmente, creando una vez más la ilusión autorreferencial, habla de "...una novela en que esté en juego el propio novelista... pero... no hablo de un escritor dentro de la ficción.  Hablo de la posibilidad extrema de que sea el escritor de la novela el que esté dentro.  Pero no como un observador, como un cronista, como un testigo... Como un personaje más, en la misma calidad de los otros que sinembargo, salen de su propia alma.  Como un sujeto enloquecido que conviviera con sus propios desdoblamientos.  Pero no por espíritu acrobático, Dios me libre, sino para ver si así podemos penetrar más en ese gran misterio."(248-9)
 La novela que Sabato se propone escribir es una novela que no sólo pretende comprender sus previas novelas, no sólo pretende incluir al autor y su circunstancia, sino que pretende presentar el proceso de escritura de la propia novela, en forma tal, que la novela sea un espejo de la novela misma, la reescritura del proceso de escritura del discurso novelístico. Es decir, una novela, que además de contener el universo que le sirve de referente, se contenga a sí misma.

 Al llegar a este punto del analisis crítico hemos entrado en el mundo de la metaficción.  Es importante notar que no es totalmente descabellado preguntarse si Sabato logró finalmente terminar su novela.  El hecho que nosotros como lectores tengamos en nuestras manos una novela titulada AEE, no asegura bajo ningún punto la victoria de Sabato sobre las fuerzas del mal.  Recordemos que el autor ulterior de la novela es Bruno, cuya escritura refleja, y al mismo tiempo es reflejo del discurso sabatiano.  En este sentido, tanto la escritura como lo escrito (no el discurso físico, sino la reconstrucción del discurso en la mente del lector) son realizaciones semióticas, que como en la parábola borgiana de "Pierre Menard, autor de El Quijote," son reflexiones mutuas de un mundo de imágenes y signos más allá de toda prueba y toda demostración.  Sábato, que será recordado como un pensador conflictivo y contradictorio, como un ejemplo moral y como escritor de ficciones profundas y endemoniadas, es también un hombre cuyas contribuciones al mundo de la literatura ponen a prueba nuestras creencias y principios epistemológicos, nuestro sentido de la realidad y la ficción.  Escribir acerca de la escritura de un texto, que al mismo tiempo pretende escribir un discurso narrativo, es como una galería de espejos cuyas imágenes convergen creando la ilusión ulterior de la experiencia humana, la ilusión de la vida.
 

Notas