© Nicasio Urbina, 1991
Carlos Martínez Rivas nació en octubre de 1924, aparentemente en Guatemala, aunque Juan Velázquez, que lo conoce íntimamente asegura que nació en Chinandega, Nicaragua. Sus padres, Berta Rivas Novoa y Carlos Martínez, ambos nicaragüenses, se trasladaron a Granada cuando Carlos era apenas un niño. Hizo la mayor parte de sus estudios primarios y secundarios, en el Colegio Centroamérica de los padres Jesuitas, en Granada, pasando también temporadas en Costa Rica. Desde su adolescencia se destacó como poeta, causando muy buena impresión entre sus maestros. Según el P. León Pallais, que lo conoce desde aquel entonces, Carlos fue siempre un muchacho serio, callado y muy inteligente; el P. Angel Martínez lo estimaba mucho y lo consideraba uno de los mejores poetas nicaragüenses.
En 1943, a la edad de diecinueve años, publicó El paraíso recobrado. Poema en tres escalas y un prólogo, (Granada: Cuadernos del Taller San Lucas) que inmediatamente le ganó un puesto en las letras nicaragüenses. Dedicado a Yadira González, una muchacha colombiana, El paraíso recobrado es un breve canto de amor donde los dos enamorados recorren un universo mágico en tres escalas o movimientos: Antes del Aire, En el Aire y Después del Aire; precedidos por un Prólogo donde el poeta ambienta el poema y expone su poética: "La conocí una mañana / en el aeropuerto de San José de Costa Rica. / Lo demás no puede ser más sencillo: / la amé. Todos los jóvenes amábamos. / Un día partió para Colombia, / para Cartagena... / Y, entonces, yo, / al no hallar que hacer con mi amor, hice de él una canción." La sencillez y la ingenuidad adolescente se combinan en este poema con imágenes poderosas y plurívocas, brindando así una visión nueva y original del tema amoroso. "Día y noche golpeaba al pie de tu sonrisa. / Pero tú no me oías..." dice el joven poeta. "Y desde Granada, desde el Colegio. / Sobre mi ventana que da al Lago de Nicaragua, / y en esta hora, te recuerdo, y pienso..."
Jorge Eduardo Arellano considera esta primera producción de Martínez
Rivas como "un poema de precoz madurez creadora". En efecto, el poema
ha sido concebido como un juego infantil, como una travesura de niños
donde los dos enamorados saltan al aire en una aventura sin par. "Prepárate
para el salto. Y que el aire sea con nosotros. / Listos. / A la una...
/ a las dos... / y a las... / tres!". La segunda escala del poema empieza
con la llegada de los amantes a la primera estrella y la descripción
del poeta-personaje que ve a Yadira "...como un gorrión / saltar de estrella
a estrella. / Subir de astro en astro. De cometa en cometa. / Y más
allá. Más alto. Más arriba." Pero el juego
infantil se presenta en la siguiente estrofa como una metáfora de la
búsqueda y encuentro de la belleza, la transformación de la realidad
en idea, la transustanciación poética que nos llevará de
Yadira al ilustre aire. "Porque, en verdad, la carne se hizo aire. / Y
el aire se hizo carne y habitó entre nosotros." Al llegar a este
estado de comunión, el universo se presenta como un fluido ordenado y
claro que contiene el inventario del mundo. Durante cuatro estrofas el poeta
enumera las constelaciones y da nombre al firmamento oscuro de la existencia.
Y después del universo, "Ya no hace falta sino el sueño. / Ultimo
paso de la transfiguración. / Sepárate de ti hasta caer en ti."
Este es el último estadio, la última escala antes de la entrada
en el Paraíso, el paso previo al retorno de todo, la nada anterior a
la nada, "...Más allá del mismo aire." como dice el poeta.
"De escala en escala, todo ha ido desapareciendo. / Ahora ya no queda nadie.
/ Nada. / Sino el espacio / y un hombre y una mujer." En ese vacío
virginal el poeta reedita el mito fundamental de la Creación y el Paraíso,
establece un nuevo retorno al principio y se prepara para un nuevo inicio.
"Y tú tienes la palabra." le dice a la mujer, donde se nos revela la
palabra como clave hermética de la vida, como el dispositivo que desencadena
el proceso de creación y el volver a empezar, "Cuando sobre este aire
limpio, inaugurado, / colocaremos otra vez la rama, / la manzana, el pájaro
y la estrella."
En el año 1946 Carlos Martínez Rivas llegó a España junto con Angel Navarro, Julio Icaza Tijerino, Pablo Antonio Cuadra, José Angel Guerra, Rafael Paniagua Rivas y Carlos Molina Argüello, y realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, con una beca del Consejo de la Hispanidad. De esta época data su poema "Romanzón" dedicado al P. León Pallais con motivo de su ordenación y firmado en el Convento de Oña, Burgos, 1946. Pronto abandonó los estudios y se trasladó a Santander, donde se relacionó con poetas de la época como Ignacio Aldecoa y Luis Rosales. En esta época también conoció en el Museo del Prado, accidentalmente, al Marqués de Lozoya, con el que entabló amistad.
Luego pasó a Francia, donde vivió algunos años en compañía de Eduardo Avilez Ramírez, y conoció al poeta Salomón de la Selva. De esta época data su poema "Pentecostés en el extranjero," firmado en el Hotel de Bretagne, Rue Cassette, París, 1950. Para este entonces Carlos Martínez Rivas ya era víctima de un alcoholismo avanzado que había de marcar el resto de su vida. Esta etapa en Europa fue un período definitivo para la formación intelectual del poeta, desarrollando sus conocimientos de arte y literatura, en los que es un refinado crítico. A continuación volvió a Nicaragua, donde residió algún tiempo, para viajar luego a San Francisco, California, por una estadía de varios meses.
A principios de la década de los cincuentas, el poeta y famoso pintor nicaragüense Omar d'León, lo conoció en la Escuela de Bellas Artes de Managua y desarrollaron una gran amistad. Omar d'León lo describe como "un joven pequeño, delgado, sin ser atlético pero con una estructura corporal esbelta, cara rellena donde enmarcaban unos ojillos negros, penetrantes e inteligentes; su hablar era de dicción perfecta y entonación poética, y era un placer escucharlo leer sus poemas con su voz asedada y varonil". Dos años después Carlos Martínez Rivas se pasó a vivir cerca de la casa paterna de Omar d'León y su amistad se estrechó aún más. En numerosas ocasiones la conversación giraba en torno a arte y pintura y Carlos demostraba siempre sus amplios conocimientos de la materia. "A menudo," dice Omar d'León, "el poeta pasaba por mi estudio cuando yo no estaba y me dejaba notas en el caballete, con comentarios sobre el material en el que estaba trabajando. Sus observaciones siempre eran muy agudas y constructivas."
En 1953 publicó La insurrección solitaria
(México: Editorial Guarania) libro que lo consagró como uno de
los mejores poetas nicaragüenses contemporáneos. El poemario
está dedicado a su madre, cuyo suicidio marcó de manera indeleble
el alma del poeta. Está dividido en tres partes: La insurrección
solitaria, Noviembre fue los 3 ángeles y El monstruo y su dibujante;
con un total de treinta y nueve poemas. Comenta a este respecto Jorge
Eduardo Arellano: "Presidido por una sabiduría fulgurante y un equilibrio
verbal caracterizado por el esplendor y la precisión, este poemario encierra
un programa de vida, una actitud rebelde ante los valores establecidos, un desacuerdo
crítico con su época y una nueva configuración de los elementos
sustantivos de la sociedad." (Panorama, 153)
La primera parte, "La insurrección solitaria" consta de siete poemas,
empezando con "Pentecostés en el extranjero" donde el poeta empieza a
desarrollar una agenda poética que conjugará la visión
secular de la existencia y la tradición espiritual de la que se siente
parte. Esta oposición será una de las líneas determinantes
de la poética de Carlos Martínez Rivas. "Hoy, el Espíritu
Santo ya no es pan común / sino que cada uno oye al del otro, extraño
al suyo, / zurear a su lado." Y más adelante dice: "Así
/ los dos compatriotas (E. C. y / C. M. R.) sentados junto a Teresa, con su
respectivo / cáliz y su manera peculiar de mirar a la mujer, / brindan
en esa dulce reunión / a la áspera salud de ser diferentes."
El segundo poema es su famoso "Canto fúnebre a la muerte de Joaquín Pasos," firmado en febrero de 1947, en Madrid, donde se establece en forma sencilla y clara el pacto con la verdadera poesía: "Mucho hay que afanarse porque lo otro / sea advertido. Y aun así, pocos son / los que entre el humo y la burla lo reconocen. / Pero, con todo, perseveramos, Joaquinillo. Descuida." Esta primera parte del poemario está marcada por la fuerza arrasadora e iconoclasta del poeta, tal como se revela en "Petición de mano" y "Beso para la mujer de Lot", aunque en "Romanzón" haya una especie de conciliación del poeta con el mundo: "Es porque he mirado la tierra / que tengo derecho a cantar." En "Villancico" el poeta vuelve, con un tono sardónico, a explorar las terribles injusticias de la vida, aunque esta vez la forma contraste vivamente con el tema. Esta sección termina con "Memoria para el año viento inconstante" donde la posición del poeta frente a la obra y su público se pone de manifiesto: "Sí. Ya sé. / Ya sé que lo que os gustaría es una Obra Maestra. / Pero no la tendréis. / De mí no la tendréis." Este es sin duda uno de los mejores poemas de Carlos Martínez Rivas, pero es simplemente una muestra de su constante búsqueda por la belleza y la exactitud poética. "Cada uno de sus poemas", -dice Jorge Eduardo Arellano-, "es perpetrado como crimen perfecto y concebido como primordial creación de belleza, riesgo que supera -aunque no siempre- por cuanto el sujeto se impone sobre el objeto. (Ibid)
Desde la época de La insurrección solitaria,
Carlos Martínez Rivas ha continuado su labor poética, publicando
principalmente en revistas y suplementos como La Prensa Literaria, donde gran
parte de su producción poética ha visto la luz. A finales
de los cincuenta volvió a Madrid como agregado cultural de la Embajada.
Vivió algunos años en Costa Rica, luego volvió a Nicaragua.
Dirigió por algún tiempo Mosaico Cultural, suplemento literario
de Novedades, el periódico del régimen somocista. En 1977,
Carlos Martínez Rivas estaba de vuelta en Costa Rica, cuando el P. Pallais,
apoyado por un grupo de amigos, viajó a San José, pagó
las deudas que había contaído y lo llevó a vivir con él
en el Instituto Tecnológico Nacional, en Granada, en las mismas instalaciones
donde estuviera el Colegio de su poema El paraíso recobrado. Ahí
vivió varios años. motivado por sus amigos a escribir y publicar
su obra completa, labor que no ha llevado a cabo. Al llegar el régimen
sandinista Carlos Martínez fue nombrado Director de la Biblioteca del
Ministerio de la Reforma Agraria. Actualmente reside en Managua.
BIBLIOGRAFIA
BIBLIOGRAFIA ACTIVA
Libros
El Paraíso Recobrado, poema en tres escalas y un prólogo.
Granada: Cuadernos del Taller San Lucas, 1943. Reimp. en La insurrección
solitaria. Managua: Nueva Nicaragua, 1982. pp. 9-39.
La insurrección solitaria. México: Editorial
Guarania, 1953. Reimp. San José: Educa, 1973; Managua: Nueva Nicaragua,
1982.
Antologías
"Carlos Martínez Rivas," Nueva poesía nicaragüense.
Orlando Cuadra Downing (ed.) Madrid: Seminario de problemas hispanoamericanos,
1949. pp. 407-428.
"Carlos Martínez Rivas," Antología de la
poesía nicaragüense. Ernesto Cardenal (ed.) Buenos Aires: Lohlé,
1971; La Habana: Casa de las Américas, 1973; Managua: El pez y la serpiente,
1975; Managua: Nueva Nicaragua, 1981. pp. 223-249.
"Carlos Martínez Rivas," Antología de la
poesía nicaragüense. Jorge Eduardo Arellano. (ed.) Managua: Distribuidora
Nacional, 1984. pp. 413-438.
BIBLIOGRAFIA PASIVA
Artículos
Arellano, Jorge Eduardo Panorama de la literatura nicaragüense.
Managua: Ediciones Nacionales, 1977. p. 153
Argueta, Manlio "La insurrección solitaria
de Carlos Martínez Rivas," Revista Histórico-Crítica
de la Literatura Centroamericana, I, i(1974): 89-92.