Las mil y una noches y Cien años de soledad:
falsas presencias e influencias definitivas.

©Nicasio Urbina
Tulane University

0. Introducción

 Una de las funciones tradicionales de la crítica literaria es explorar la red de influencias y fuentes que se establece entre diferentes obras literarias. Este tipo de estudio se basa en el criterio subyacente de que la literatura es un sistema de estructuras interrelacionadas, y que ninguna obra está exenta de la influencia, consciente o inconsciente, que una obra en particular puede tener sobre un libro, un período o un determinado segmento del espectrum literario. En este trabajo me propongo discutir la influencia que Las mil y una noches y la literatura árabe oral han ejercido en la obra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.

 La relación intertextual que propongo como objeto de este estudio parece a todas luces evidente. Las mil y una noches es, como varios críticos han anotado, un pre-texto de Cien años de soledad, ya que forma parte del material narrativo que sostiene el sistema literario propuesto implícita y explícitamente en la obra. García Márquez personalmente ha comentado sobre la influencia que Las mil y una noches tuvo en su formación literaria, y numerosos críticos se han dado prisa en corroborar el dato y mostrar las pruebas fehacientes de dicha influencia. Pero un estudio minucioso del texto y un escrutinio pormenorizado de las colecciones de Las mil y una noches, me han llevado a poner en duda referencias que tradicionalmente hemos aceptado como buenas y valederas, y a poner en tela de jucio la presencia misma de Las mil y una noches en Cien años de soledad. Esto cobra aún más validez cuando se le considera a la luz de la concepción de la obra como máquina de juego e ilusión, y especialmente considerando el gusto de García Márquez por poner pistas falsas y reírse abiertamente del lector y del crítico.

1. Análisis textual.

1.1. Texto y subtexto: Las mil y una noches.
 La presencia de Las mil y una noches en Cien años de soledad se hace evidente hacia la mitad de la novela. En la sección décima el narrador relata la escena cuando Aureliano Segundo consiguió que Ursula le permitiera abrir el cuarto de Melquíades. Este se había mantenido limpio e intacto desde el día de la muerte del gitano, por eso, cuando Ursula llegó, "con un cubo de agua y una escoba para lavar los pisos, no tuvo nada que hacer. Aureliano Segundo estaba abstraído en la lectura de un libro. Aunque carecía de pastas y el título no aparecía por ninguna parte, el niño gozaba con la historia de una mujer que se sentaba a la mesa y sólo comía granos de arroz que prendía con alfileres, y con la historia del pescador que le pidió prestado a su vecino un plomo para su red y el pescado con que lo recompensó más tarde tenía un diamante en el estómago, y con la lámpara que satisfacía los deseos y las alfombras que volaban."(261)

 Aureliano Babilonia, el penúltimo de la estirpe, será también un ávido lector de este libro. Al empezar la sección dieciocho dice el narrador:
"Aureliano no abandonó por mucho tiempo el cuarto de Melquíades. Se aprendió de memoria las leyendas fantásticas del libro descuadernado, la síntesis de los estudios de Hermann, el tullido; los apuntes sobre las ciencias demonológicas, las claves de la piedra filosofal, las centurias de Nostradamus y sus investigaciones sobre la peste, de modo que llegó a la adolescencia sin saber nada de su tiempo, pero con los conocimientos básicos del hombre medieval."(429)

 Todo lector medianamente informado, inmediatamente relaciona estos pasaje con Las mil y una noches, tal y como lo confirma la nota de Jacques Joset a su edición de la obra:

"El libro que lee Aureliano Segundo es Las mil y una noches, según lo confiesa el propio GGM en su entrevista a E. Schoó, cuyos cuentos han tenido una influencia decisiva en su formación literaria." (261, nota 8). En realidad Joset cita a Schoó a través de Vargas Llosa, en Historia de un deicidio y no por medio del original. Vargas Llosa cita:

"Tal vez su historia [la de García Márquez] debería empezar a partir de la rampa de lanzamiento que fueron las historias de la abuela, con la lectura de Las mil y una noches, con la que le ocurrió lo mismo que a su personaje Aureliano Segundo..."(183)

Con esto no se puede confirmar que el libro que lee Aureliano Segundo sea, en efecto, una edición de Las mil y una noches. La referencia es válida únicamente para demostrar la influencia de Las mil y una noches en la formación literaria de García Márquez. Esta influencia sí la corrobora el autor en la carta reproducida por Germán Vargas en Encuentro Liberal, (22 de abril de 1967; 1: 22) citada por el mismo Vargas Llosa:

"Estas son las influencias que considero importantes en mis novelas: del punto de vista técnico, Virginia Woolf, William Faulkner, Franz Kafka, Ernest Hemingway. Del punto de vista literario, Las mil y una noches, que fue el primer libro que leí a la edad de siete años; Sófocles y mis abuelos maternos."(181)

Vargas Llosa matiza cuidadosamente la cita de Schoó diciendo: "A Schoó le dio a entender que su vida literaria había comenzado, tal vez, con esos cuentos."(183) [El énfasis es mío.]

 Si me extiendo en esta discusión es porque considero capital elucidar la identidad del texto que se encuentra en Cien años de soledad. Como bien apunta Vargas Llosa:

"En la carta citada dice que es el primer libro que conoció «a la edad de siete años», y esto indica claramente que no leyó la versión completa (traducida por Blasco Ibañez del texto francés de Dr. Madrus) sino alguna de las adaptaciones infantiles."(182-183)
Efectivamente, es bastante improbable que García Márquez haya leído, a los siete años, las casi dos mil páginas del original de Las mil y una noches. Por otro lado, como me propongo demostrar a continuación, las referencias que hace el autor en relación a la lectura de Aureliano Segundo son de dudosa procedencia.

 "La historia de una mujer que se sentaba a la mesa y sólo comía granos de arroz que prendía con alfileres" no está registrada en ninguna de las ediciones completas de Las mil y una noches que he consultado. Tampoco es posible documentar "la historia de un pescador que le pidió prestado a su vecino un plomo para su red y el pescado con que lo recompensó más tarde tenía un diamante en el estómago."  En Las mil y una noches hay varias historias de pescadores, pero ninguna relata una historia como ésta. La "Historia del pescador y el efrit"(I: 33-39) relata la historia del pescador que sólo echaba la red cuatro veces al día, y un día, en su cuarto intento, sacó un jarrón de cobre dorado en el que se encontraba un efrit que después de un altercado le dio cuatro peces de cuatro colores diferentes. Richard Burton consigna la historia de "Khalifah the Fisherman of Bagdad," que relata la historia del pescador que en lugar de pescados sacó tres monos del agua (8: 145)  En suma, ninguna de las historia de pescadores refleja la historia mencionada por García Márquez.  En cuanto a "la lámpara que satisfacía los deseos" es preciso notar que a pesar de lo que comúnmente se cree, éstas no son muy comunes en las historias de Las mil y una noches. Su visibilidad viene de la "Historia de Aladino y la lámpara maravillosa," que en rigor, no forma parte del manuscrito de El Cairo, sino que aparece en la traducción de Galland cuyo primer volumen apareció en 1704. Burton, afirma Borges, buscó incansablemente el original árabe sin poder dar con él, pero aún así la mantuvo en su edición inglesa.  Lane la incluye en su traducción bajo el título "Story of Alla Ad Deen; or, The Wonderful Lamp,"(IV: 20-139), lo que comporta una arabización del texto francés. Irónicamente, los cuentos más famosos de Las mil y una noches son apócrifos: "Alí Baba y los cuarenta ladrones" y "Los viajes de Simbad," tampoco forman parte de los ciclos originales de Las mil y una noches. En rigor no se puede hablar de autoría en una obra colectiva como Las mil y una noches, pero no deja de ser peculiar que estas historias hayan surgido primero en la versiones occidentales, para luego pasar a engrosar el caudal de las colecciones orientales.

 En forma análoga "las alfombras que volaban" no son tampoco plurales en Las mil y una noches. Estas aparecen en Cien años de soledad con la segunda llegada de los gitanos nuevos.

"Esta vez, entre muchos otros juegos de artificio, llevaban una estera voladora. Pero no la ofrecieron como un aporte fundamental al desarrollo del transporte, sino como un objeto de recreo. La gente, desde luego, desenterró sus últimos pedacitos de oro para disfrutar de un vuelo fugaz sobre las casas de la aldea."(104)

En Las mil y una noches la alfombra voladora aparece en "La ciudad de Azofar" que tanto Burton como Lane traducen como "The Story of the City of Brass," y abarca las noches 566 a 578. En esta historia el efrit Dahish, encerrado en una columna por Salomón, le cuenta al emir Musa y sus hombres cómo el rey Salomón dio orden a su visir Asaf ben Berkhiya, quien "levó un ejército de un millar de millares de hombres o más. A todos los pertrechó con armas y armaduras y montando en la alfombra con toda su hueste voló por los aires, en tanto que las bestias iban por debajo de él.."(188)

También se encuentra la alfombra voladora en la historia de "Ah Med y el hada Pari-Banú," que el príncipe Hisain compró de un mercader en Bisnagar. Aparte de estos pocos casos las alfombras voladoras brillan por su ausencia en las historias de Las mil y una noches.

 La discusión que he sostenido hasta el momento me lleva a considerar las siguientes posibilidades: a) La obra que lee Aureliano Segundo no es Las mil y una noches. b) García Márquez formula su alusión a la famosa colección de cuentos, más por la percepción popular que se tiene de dicha obra que por una lectura concienzuda del texto. c) El autor le plantea al lector otra alusión falsa, otra "cáscara" para que el lector (y en particular el crítico) resbale y se desvíe por un camino erróneo. Contrario a lo que una mente estrictamente lógica podría pensar, estas posibilidades no son mutuamente excluyentes sino recíprocamente inclusivas. En rigor la obra que se encuentra en el cuarto de Melquíades no es ninguna edición particular de Las mil y una noches, pero es una especie de prototipo de la misma. Como tal, ésta contiene no sólo las historias que se pueden leer en cualquiera de las ediciones que circulan, sino también la percepción que el público en general tiene de las mismas. A la vez, García Márquez, en consecuencia con una técnica familiar para cualquier lector avisado de Cien años de soledad, ha propuesto una referencia engañosa y alusiva, que ha llevado a innumerables críticos a aceptar, sin ponerlo en tela de juicio, que la obra en cuestión es, efectivamente, Las mil y una noches. Una vez resuelto el problema del subtexto de Cien años de soledad, quiero pasar a discutir las deudas de esta obra para con los cuentos de Las mil y una noches, ya que considero que éstas van más allá de su presencia explícita en el texto, y que como demostraré en las páginas siguientes, las similitudes, concordancias y analogías entre ambos textos, son tan numerosas y extensas, que es imposible ignorar su importancia.

1.2. Los árabes en Cien años de soledad.
 En Cien años de soledad los árabes o turcos (en Latinoamérica los dos términos se emplean como sinónimos) juegan un papel importante y la calle de los turcos será un espacio clave de la novela que sufrirá los cambios y transformaciones que afectan al resto del pueblo. En el primer párrafo de la tercera sección leemos:

"Macondo estaba transformado. Las gentes que llegaron con Ursula divulgaron la buena calidad de su suelo y su posición privilegiada con respecto a la ciénaga, de modo que la escueta aldea de otro tiempo se convirtió muy pronto en un pueblo activo, con tiendas y talleres de artesanía, y una ruta de comercio permanente por donde llegaron los primeros árabes de pantuflas y argollas en las orejas, cambiando collares de vidrio por guacamayas."(112-113)

 Los árabes representan en la novela el mundo del trueque y el comercio, y en ese sentido son los portadores de una forma fundamental de la organización social. Con la llegada de los turcos a Macondo se introduce el concepto mercantil y las estructuras de la organización social capitalista, los objetos adquieren un valor de cambio intrínseco y aparece el concepto de la plusvalía. Su influencia será definitiva en la novela, ya que preconiza la llegada de otras formas del comercio, tales como las matronas de Francia y la compañía bananera. En otro nivel de lectura la llegada de los árabes y su comercio también alude a la llegada de los españoles al nuevo mundo, cambiando baratijas y espejos por piezas de oro y animales. De cualquier manera que se lea este pasaje, la llegada de este grupo étnico imprime una dirección nueva a la vida social y cultural de Macondo. A partir de este hecho podemos inferir que como parte del bagaje cultural de estos inmigrantes, llegó también a Macondo una tradición narrativa íntimamente relacionada a los ciclos de Las mil y una noches.

2. Análisis meta-textual.
2.1. El determinismo
 El principal punto de contacto entre Cien años de soledad y Las mil y una noches es sin duda la concepción inherente sobre el destino humano. En la cultura árabe el destino es algo predeterminado, Alá el Supremo, el más sabio, el más fuerte, el más prudente y caritativo, sabe de antemano el resultado de todos nuestras acciones, todo está escrito ya en el libro de Alá, y el lenguaje y la literatura árabe se encargan de recordárnoslo a cada momento. En la "Historia de Alí-Ben-Bekar y la bella Shamsennahar", el joyero Amín le dice a su vecino:

"¡Oh, Abalhassan-Ben-Taher, prudente y sabio varón! ¡Qué buena idea tuviste al marcharte a Basora!  ¡Pero lo que está escrito ha de ocurrir!"(I: 406)

Poco después, cuando el califa se ha dado cuenta del engaño de los dos amantes, Amín le pide al príncipe Alí que se marchen de la ciudad, en ese momento la narradora agrega:

"Pero todo lo que está escrito debe cumplirse: ¡el destino se realiza bajo un cielo u otro!"(I: 415).

En otra historia bellísima: "Las aventuras de Hassán-Al-Bassri", Hassán camina al lado de un lago, vencido e incapaz de hacer nada para salvar a su amada, cuando acuden a su memoria los siguientes versos:

  "¡Cuando sólo eras un germen en el seno de tu madre, formé tu destino según mi Justicia, y lo orienté en el sentido de mi Visión!

  Deja pues, oh criatura, que sigan su curso los acontecimientos: no debes oponerte a ellos.

   ¡Si la adversidad se cierne sobre tu cabeza, deja al destino que cuide de desviarla!" (II: 118)

 Esta forma de concebir el destino como algo pre-establecido también está patente en Cien años de soledad e informa la estructura interna de la novela. En Cien años de soledad todo es causal, nada está sujeto al azar. Como dice el narrador en el último párrafo de la novela:

"Sólo entonces descubrió que Amaranta Ursula no era su hermana, sino su tía, y que Francis Drake había asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos más intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitológico que había de poner término a la estirpe."(492)

 En Cien años de soledad hay un destino que es anterior a los hechos y por supuesto, anterior a la narración de los hechos. Este destino atemporal está cifrado en la estructura temporal de los manuscritos de Melquíades:

"La protección final, que Aureliano empezaba a vislumbrar cuando se dejó confundir por el amor de Amaranta Ursula, radicaba en que Melquíades no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante."(491)

 Esta concepción pre-determinista del mundo conforma la actitud del narrador de Cien años de soledad, cuya secuencia narrativa se basa en el acuerdo tácito de que las cosas que han de suceder, sucederán, y que la narración no es más que la suspensión temporal de dichas acciones. Esta actitud está cifrada en la primera frase de la novela:

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo."(71)

El sentimiento de predestinación, la fatalidad y la impotencia ante el futuro que trasluce esta frase, estará presente a todo lo largo de la novela, dominando cada instancia de la historia y guiando el hilo de la trama hasta llegar al último de la estirpe.   La predestinación ha sido uno de los grandes temas de muchos sistemas filosóficos y religiosos. La tradición judeo-cristiana se ha mantenido en continua disputa entre el concepto de libre albedrío y la predestinación, pero la filosofía escolástica da preferencia a la primera. El budismo enseña que en esta vida estamos pagando las culpas de existencias anteriores, al mismo tiempo que estamos labrando el destino de futuras reencarnaciones, por tanto el sino de cualquier existencia determinada ya ha sido decidido de antemano. La literatura está llena de ejemplos que tratan este tema desde muy diversos puntos de vista, pero la fuerza y obstinación con que el determinismo rige las acciones de Cien años de soledad, emparenta esta obra, sin lugar a dudas, con la teología islámica.

2.2. El texto como generador de vida
 Otra contribución importante de los ciclos de cuentos populares árabes a Cien años de soledad, es el concepto subyacente de que la literatura es un instrumento generador de vida, contenida principalmente en la memoria, oral y auditiva por naturaleza como todas las literaturas populares, con más énfasis en su fúnción lúdica y como fuente de entretenimiento, aunque también exhiba cierta intención pedagógica. En Cien años de soledad el texto es el último y determinante catalizador de vida, ya que la existencia del mundo creado depende de la realización de ese texto. Los pergaminos de Melquíades no son la novela que leemos como Cien años de soledad, pero su existencia dentro de la ficción es lo que informa la novela misma.

 Volviendo a la cita inicial de la sección dieciocho, recordemos que el conocimiento de Aureliano Babilonia empieza por la literatura, aprendiéndose de memoria "las leyendas fantásticas del libro descuadernado", en forma inversamente proporcional a la manera en que "había leído de la primera página a la última, como si fuera una novela, los seis tomos de la enciclopedia."(447-8)  Con esta inversión de los medios de realización del material discursivo, Aureliano Babilonia recobra para la memoria el mundo literario, restaurándolo así a su condición original; esto es, a un texto compuesto por unidades mnémicas, pre-semióticas. En ese sentido el último Aureliano es homólogo de Scherezada, depositario memorioso del contenido narrativo y dispositivo de realización del discurso literario. En ambos casos la existencia física depende de la transformación del recuerdo de la historia en acto de comunicación narrativa, y es en la realización de este fenómeno de comunicación semiótica que depende la vida. La relación entre Aureliano y Scherezada es inversamente proporcional, ya que su perdición y su salvación respectivamente, depende de otro texto: los pergaminos de Melquíades y las diferentes historias de Las mil y una noches.
 

2.3. Las pericias del Imán
 Otras influencias de Las mil y una noches en Cien años de soledad son más particulares y evidentes, y me llama la atención que en el vasto material crítico aún no hayan sido consignadas. Uno de los pasajes más famosos de Cien años de soledad es el que se refiere a la primera llegada de los gitanos a Macondo:

"Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta tras de los fierros mágicos de Melquíades."(71-72)
Esta escena fundamental de Cien años de soledad, que establece el tono mágico y exagerado que habrá de dominar toda la obra e introduce uno de los más importantes leit-motif de la novela, tiene sus fuentes en un pasaje de Las mil y una noches. La historia del tercer saalik relata que habiéndose embarcado para conocer tierras lejanas, perdieron el rumbo y pidieron al vigía que subiera al mástil a observar el mar. Cuando hubo bajado el vigía contó: "A estibor he visto peces en la superficie del agua y, más lejos, entre las olas, una cosa que a veces parecía blanca y otras negra."(I: 128)  El Capitán le explicó al tercer saalik el significado de aquella visión:

"Mañana llegaremos a una montaña de rocas negras, llamada Montaña del Imán, contra la que nos llevará la fuerza del agua. Y nuestra nave va a despedazarse, pues volarán los clavos, atraídos por la montaña, hasta adherirse a sus laderas, ya que Alá, el Altísimo, dotó a esa montaña de una secreta virtud que la hace atraer todos los objetos de hierro... Y así fue, en efecto: apenas amaneció, nos encontramos muy cerca de la montaña de rocas imantadas, a la que nos empujaban violentamente las corrientes marinas. Y cuando las diez naves se encontraron más cerca, los clavos se desprendieron y empezaron a volar hacia la montaña, lo mismo que cuantos objetos de hierro había a bordo, que fueron a adherirse a la montaña. Los barcos se abrieron y todos caímos al mar.(I: 128-129)

 La evidente similitud entre ambos pasajes revela una morfología común, y se puede ver cómo García Márquez ha echado mano del material de esta historia para incorporarlo, de manera original y única, a la historia de Macondo. En ambos casos el fenómeno magnético se percibe como un atributo mágico y sobrenatural, más allá de toda explicación racional. La justificación que los personajes aportan refleja de manera clara los elementos fundamentales de ambas obras: en Cien años de soledad este fenómeno sirve para introducir la concepción animista del mundo que habrá de dominar toda la novela; en Las mil y una noches el mismo fenómeno revela la importancia del espíritu fundamentalista islámico que caracteriza en general el tono de la obra. La presencia de estos dos pasajes revela, tanto por su contenido como por su función, la persistente influencia que Las mil y una noches ha ejercido en Cien años de soledad.

2.4. La magia de los números

 Un elemento característico tanto de Cien años de soledad como de Las mil y una noches, es el uso simbólico y a menudo hermético de los números. En ambas obras hay un espíritu de exactitud que a menudo lleva al narrador a proporcionar datos numéricos exactos sobre determinados acontecimientos. El caso más evidente se refiere al título de las obras, especialmente cuando consideramos que sendos títulos no son dictados por un cómputo exacto inherente al discurso narrativo, sino por una percepción transliteraria de dicha cifra. El período narrado por García Márquez sobrepasa en mucho los cien años, pero el autor optó por una cifra cerrada por razones estéticas y estilísticas. La división en noches sugeridas por el título de Galland es también una división hasta cierto punto arbitraria, que tiene que ver más con la concepción mágica de la obra, que con la estructura discursiva en sí.

 Los ejemplos textuales de la relación numérica son abundantes en ambas obras. Uno de los más reconocidos en Cien años de soledad es el que se refiere a las lluvias: "Llovió cuatro años, once meses y dos días."(388)  El dato exacto y la precisión matemática aportan un sentido de verosimilitud a la obra, demostrando que el narrador está en control de la situación, pero al mismo tiempo proporciona una nota irónica por la desproporción del dato en sí. Este mismo efecto se puede ver en relación al número de muertos en la masacre de la compañía bananera. Al principio José Arcadio Segundo no estaba muy seguro del número de muertos: "Debían ser como tres mil..."(381) le dijo a la mujer que le había dado café. Cuando Aureliano Segundo quitó el candado buscando a alguien con quien conversar mientras pasaba la lluvia, José Arcadio Segundo lo recibió con una afirmación: "Eran más de tres mil... Ahora estoy seguro que eran todos los que estaban en la estación."(387)  Finalmente, un nueve de agosto, momentos antes de morir, José Arcadio Segundo le dijo a Aureliano Babilonia: "Acuérdate siempre de que eran más de tres mil y que los echaron al mar."(427)  La importancia del dato numérico se ve en Cien años de soledad desde la primera página: "Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava..."(71)  Y más adelante el narrador nos dirá: "En pocos años Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus 300 habitantes."(80)  Otro dato de este estilo puede encontrarse en la relación de la travesía que terminó con la fundación de Macondo.
"En su juventud, él y sus hombres, con mujeres y niños y animales y toda clase de enseres domésticos, atravesaron la sierra buscando una salida al mar, y al cabo de veintiséis meses desistieron de la empresa y fundaron Macondo para no tener que emprender el camino de regreso."(82)

Durante la travesía nació José Arcadio:

"A los catorce meses, con el estómago estragado por la carne de mico y el caldo de culebras, Ursula dio a luz un hijo con todas las partes humanas."(96)

El número de los fundadores de Macondo lo sabremos la noche de la inaguración de la nueva casa, cuando después de que Melquíades compuso la pianola lo mejor que pudo, nos dice el narrador:
"los porfiados descendientes de los veintiún intrépidos que desentrañaron la sierra buscando el mar por el occidente, eludieron los escollos del trastrueque melódico, y el baile se prolongó hasta el amanecer."(139)

Con el regreso de José Arcadio encontramos otros datos similares: "Colgó la hamaca en el cuarto que le asignaron y durmió tres días. Cuando despertó, y después de tomarse dieciséis huevos crudos, salió directamente hacia la tienda de Catarino."(166)

En manera análoga, el día de su muerte, el hilo de sangre que le salió del oído derecho llegó a la cocina, después de rocorrer medio pueblo, "donde Ursula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan."(209)  Otro ejemplo memorable lo proporciona la descripción del coronel Aureliano Buendía al principio de la sección seis:

"El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones con diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y un pelotón de fusilamiento..."(179)

Un poco más adelante el narrador va a desmentir este dato cuando una mujer muy bella lo visita en su campamento de Tucurinca con la intención de matarlo. El coronel Aureliano Buendía presiente el peligro y toma la pistola que estaba en la gaveta:
"Cuando se volvió con la pistola montada, la muchacha había bajado la suya y no sabía que hacer. Así había logrado eludir cuatro de once emboscadas."(202)

Al igual que su padre cuando inició la travesía de la sierra, el coronel Aureliano Buendía había salido de Macondo con veintiún hombres:
"De los veintiún hombres que lo siguieron en la guerra, catorce murieron en combate, seis estaban heridos, y sólo uno lo acompañaba en la hora de la derrota final: el coronel Gerineldo Márquez."(198)
Otro ejemplo de la forma en que el narrador usa el dato numérico lo vemos cuando al firmar el armisticio de Neerlandia llega el tesorero de la revolución:

"Había hecho un penoso viaje de seis días, arrastrando la mula muerta de hambre, para llegar a tiempo al armisticio. Con una parsimonia exasperante descargó los baúles, los abrió, y fue poniendo en la mesa, uno por uno, setenta y dos ladrillos de oro."(254)

 En la historia del San José de yeso podemos encontrar otros datos interesantes. Después de que se despedazó en el suelo descubriendo el capital que tenía en su interior empezaron las averiguaciones:

"«Lo trajeron tres hombres», explicó Amaranta... En los últimos tiempos, Ursula le había puesto velas y se había postrado ante él, sin sospechar que en lugar de un santo estaba adorando casi doscientos kilogramos de oro... Escupió el espectacular montón de monedas, lo metió en tres sacos de lona, y lo enterró en un lugar secreto..."(270)

 Algunos números aparecerán relacionados con Fernanda. Se casó "en una fragosa parranda de veinte días,"(279) aunque no fuera su estilo. "Había nacido y crecido a mil kilómetros del mar... [donde] Treinta y dos campanarios tocaban a muerto a las seis de la tarde."(282)  Y debido a una serie de impedimentos "su anuario útil quedaba reducido a 42 días desperdigados en una maraña de cruces moradas."(285)

 La competencia de comida entre La Elefanta y Aureliano Segundo le da la oportunidad al narrador para echar mano una vez más de este tipo de enumeración:

"Al despertar, se bebió cada uno el jugo de cincuenta naranjas, ocho litros de café y treinta huevos crudos. Al segundo amanecer, después de muchas horas sin dormir y habiendo despachado dos cerdos, un racimo de plátano y cuatro cajas de champaña..."(332)

 La longevidad de algunos personajes es un elemento definidor en Cien años de soledad, y con este elemento aparecerá también el dato numérico, similar a los que he mencionado con anterioridad. "Meses después volvió Francisco el Hombre, un anciano trotamundos de casi 200 años..."(127)  Con referencia a Ursula, el día en que la encontraron muerta, dice el narrador:

"La última vez que la habían ayudado a sacar la cuenta de su edad, por los tiempos de la compañía bananera, la había calculado entre los ciento quince y los ciento veintidós años."(416)

El último ejemplo lo ofrece Pilar Ternera, donde los cinco amigos fueron después de que Alvaro llegó con la noticia de El Niño de Oro:
"...un inmenso salón al aire libre, por donde se paseaban a voluntad no menos de doscientos alcaravanes que daban la hora con un cacareo ensordecedor."(468)

Su administradora y propietaria, Pilar Ternera, era tan vieja que:
"Años antes, cuando cumplió los ciento cuarenta y cinco, había renunciado a la perniciosa costumbre de llevar la cuenta de su edad..."(469)

 La hora del día también va a jugar un papel importante en Cien años de soledad y confirma la incidencia del narrador en el dato numérico. Véase por ejemplo la noticia sobre el nacimiento de Amaranta: "Un jueves de enero, a las dos de la madrugada, nació Amaranta."(103)  Gran parte de las referencias a Melquíades están marcadas por el mediodía, pero en general las referencias cronológicas de Cien años de soledad son más bien ambiguas e imprecisas.

 En Las mil y una noches se encuentra este sentido mágico, casi sagrado, de los números. En la "Historia del tercer saalik" por ejemplo, encontramos la descripción del castillo al que llegó:
"La puerta principal, de oro macizo, tenía a ambos lados noventa y nueve puertas de maderas preciosas, de áloe y de sándalo... En cuanto llegué a la habitación me encontré frente a cuarenta muchachas de sorprendente belleza."(I: 139)

En la "Historia de Dulce amiga" se describe el Palacio de las Delicias diciendo: "Todo el edificio lo formaba un inmenso salón con ochenta ventanas..."(I: 280)  Harún-Al-Raschild y su acompañante, en la "Historia del falso califa", vieron en la barca que navegaba en el Tigris "doscientos mamelucos de pie, alineados a ambos lados del barco..."(II: 795)  En la "Historia del pastel hilado con miel de abejas y de la esposa calamitosa del zapatero remendón", Maruf, provisto del anillo mágico "...vio aparecer al instante doce mancebos muy hermosos..." y más adelante: "Al momento aparecieron ante Maruf los mil camellos y mulas cargados con los objetos indicados..."(II: 449)   En la "Historia del joven amarillo" Harún-Al-Raschid llegó a un palacio donde en la sala "se encontraban sentadas cien muchachas en cien sillas de oro..."(II: 465)  Los ejemplos del uso de este tipo de información numérica abundan en Las mil y una noches, y considero innecesario multiplicar las citas. Es fundamental, sin embargo, entender que este tipo de recurso estilístico, común también a la literatura folclórica y popular, juega un papel primordial en la composición de la estructura narrativa. Como se puede observar en ambas obras, el dato numérico sirve para establecer cierto grado de objetividad y verosimilitud, afirmando de esta manera, la "realidad" de la historia. Por otro lado se puede ver el valor estético de este tipo de información que le imprime a la narración un sentido de desmesura, que a su vez revela la existencia de un mundo fantástico, superior en sus dimensiones al mundo cotidiano.

2.5. La actividad sexual

 La actividad sexual es uno de los campos más prolíferos para la exageración y el dato numérico. En la "Historia del mono jovenzuelo" Mahmud se casa con la hija del Sultán de El Cairo y después de describir su primera noche de amor, dice:

"De este modo continuamos, oh rey del tiempo, durante veinte noches, en el colmo de la embriaguez..." (II: 727)

En la "Historia del visir Nureddin..." Hassan Badreddin tiene una furtiva noche de amor con Sett-El-Hosn y la narradora dice:
"Y, ataque tras ataque, el ariete funcionó quince veces seguidas, todas las cuales le parecieron deliciosas." (I: 203)

Alí-Nur, en la "Historia de Dulce amiga" escogió al azar una de las muchachas y le asestó "cuarenta asaltos de verdadero asaltador..."(I: 141)   En muchos aspectos, el tratamiento de la potencia sexual en Las mil y una noches nos recuerda la exagerada capacidad de José Arcadio Buendía y las acrobáticas sesiones de Aureliano Segundo:
"La noche de bodas a Rebeca le mordió el pie un alacrán que se había metido en su pantufla. Se le adormeció la lengua, pero eso no impidió que pasara una luna de miel escandalosa. Los vecinos se asustaban con los gritos que despertaban a todo el barrio hasta ocho veces en una noche, y hasta tres veces en la siesta, y rogaban que una pasión tan desaforada no fuera a perturbar la paz de los muertos".(170)

Esta característica sin duda refleja una serie de valores inherentes a la sociedad en que han surgidos ambas obras literarias. El culto a la potencia sexual, sobre todo masculina,  es un elemento distintivo de nuestra cultura patrilineal, tradicionalmente dominada por el hombre. El simple hecho de que todavía nos diviertan estas hipérboles, es el mejor argumento para demostrar hasta qué punto esta concepción está inscrita en nuestro subconsciente colectivo. La sensualidad en general, y el apetito sexual en particular, es una de las principales características de los ciclos de Las mil y una noches. Este espíritu, que aparece ya en la literatura indú más antigua y en la Grecia clásica, lo vemos recorrer toda la historia de la literatura mundial, reprimido y silenciado en la Edad Media por los rigores de la Iglesia Católica, azuzado y enaltecido por la fiebre del Romanticismo, estilizado y frígido bajo la mirada del Modernismo, reaparece en la literatura latinoamericana contemporánea con desenfado y alegría, libre de toda culpa, como parte de un contexto más general, exótico y abundante, en el que la naturaleza juega el principal papel.

 Dentro del contexto de las relaciones sexuales quiero mencionar el incesto, como otro punto de contacto entre Cien años de soledad y Las mil y una noches. El tema del incesto ha sido ampliamente discutido y considero que no necesito incidir más en el asunto. La historia de Cien años de soledad es la historia de las relaciones incestuosas de la familia Buendía. Las mil y una noches está lleno de relaciones endogámicas, que, aunque permitidas por los códigos sociales que rigen el mundo islámico, no dejan de reflejar la misma estructura incestuosa que observamos en la novela. Burton anota en "El cuento del príncipe hechizado" que:

"Un árabe cuenta siempre con que puede casarse con la primera de sus primas, la hija del hermano de su padre, y si alguien se la disputa el resultado será la muerte y el odio eterno entre las familias. Con algunas variantes sucedía lo mismo entre los judíos, y en ambas razas los matriminios consanguíneos cayeron en desuso al observar sus nefastos resultados (idiotez, sordera hereditaria, etc.) en razas mixtas como la inglesa y la anglo-americana. Cuando un badawi habla de «la hija de mi tío» se refiere a su esposa, y es aquél el título más preciado, porque una mujer puede divorciarse pero la sangre es más espesa que el agua..."
Corroborando esta costumbre árabe se encuentran numerosos ejemplos en Las mil y una noches. En la "Historia del joven encantado y de los peces" leemos:

"Mi padre gobernó durante setenta años y luego se extinguió en la misericordia del Distribuidor. Tras su muerte fui yo el rey y me casé con la hija de mi tío."(I: 62)

En la "Historia del visir Nureddin, y de su hermano el visir Chamseddin y de Hassán Badreddin" la disputa se da precisamente por no acatar tan alto honor.(I: 175)

En la "Historia del médico judío" el gobernador general cuenta como a su hija mayor "en cuanto llegó a la adolescencia, me di prisa en casarla, para lo cual la envié a El Cairo, a casa de un tío suyo, en espera de que se casara con uno de mis sobrinos y, por tanto, primo de ella."(II: 550)
 No obstante el matrimonio entre hermanos está terminantemente prohibido. En la "Historia del primer saalik" se consigna el caso de dos hermanos que se amaron con pasión provocando la furia del Altísimo.(I: 103)  De esta manera podemos ver que el incesto de Cien años de soledad tiene un precedente muy importante en Las mil y una noches.

2.6. La circularidad y la repetición

 Otras características comunes a estas dos obras son la estructura circular y la repetición. En Cien años de soledad la circularidad se manifiesta, entre otras maneras, por medio de la repetición de los sustantivos, creando así una ilusión reiterativa que pasará a ser uno de los leit-motif de la novela. Una de las instancias más memorables es la que se refiere al devenir del tiempo y la respuesta tautológica del interlocutor: "Cómo pasa el tiempo." "Así es, pero no tanto". Tal fue la respuesta que Ursula dio a José Arcadio Segundo cuando lo encontró hecho un salvaje, leyendo los manuscritos en el cuarto de Melquíades:

"Al decirlo, tuvo conciencia de estar dando la misma réplica que recibió del coronel Aureliano Buendía en su celda de sentenciado, y una vez más se estremeció con la comprobación de que el tiempo no pasaba, como ella lo acababa de admitir, sino que daba vueltas en redondo.(409)

Esta tesis la corrobara Pilar Ternera en otra frase memorable de la novela, cuando Aureliano Babilonia, muriéndose de amor, llegó a buscar consuelo en su regazo:

"No había ningún misterio en el corazón de un Buendía, que no fuera impenetrable para ella, porque un siglo de naipes y de experiencia le había enseñado que la historia de la familia era un engranaje de repeticiones irreparables, una rueda giratoria que hubiera seguido dando vueltas hasta la eternidad, de no haber sido por el desgaste progresivo e irremediable del eje."(470)

 En Las mil y una noches las reiteradas fórmulas "Pero cuando llegó la noche siguiente..." y "Sherezada advirtió que llegaba la aurora y calló discretamente" comportan una circularidad que define uno de los principales atributos de la obra. Estas voluciones cíclicas, independientes del devenir narrativo, marcan los hitos cronológicos del tiempo vivencial del discurso. Las breves noches de Sherezada no concuerdan con las largas noches de lectura, creando así una distinción entre la cronología del lector y la de del auditorio de la narradora. En forma análoga, los ciclos temporales de Cien años de soledad y los ciclos narrativos, no concuerdan en el plano de la narración, distinguiéndose a la vez de la cronología extratextual de nuestra lectura. Vemos pues, como esta estructura temporal, fundamental para la comprensión de la novela, tiene su precedente inmediato en Las mil y una noches.

2.7. La narración y sus espejos

 El último punto que quiero destacar se refiere a la creación de ilusiones ópticas y pespectivistas, ilusiones que se destacan tanto en Cien años de soledad como en Las mil y una noches. La metáfora del espejo es fundamental en la novela de García Márquez, tal y como se deja ver claramente en el paradigma final: "Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres..."(492-493)

Esta metáfora define en forma retroactiva la lectura del texto, plasmando los hechos narrados en una superficie azogada que reproduce falsamente otra realidad ausente en el texto, creando así una secuencia de realidades concatenadas, que se iluminan y complementan mutuamente. Es a la luz de esta figura que podemos comprender mejor la vida de la familia Buendía, las repeticiones de los sustantivos y los atributos, la naturaleza cíclica del tiempo y las disparidades entre la realidad y el recuerdo. En Las mil y una noches la metáfora del espejo es la técnica central, por medio de la cual las narraciones pueden extenderse, de noche a noche, hasta completar el ciclo infinito que sigue viviendo en la imaginación y el recuerdo de los lectores. La proliferación de historias en Las mil y una noches diseña una técnica basada en la proyección del espejo, por medio de la cual un personaje cuenta una historia, cuyo personaje a su vez cuanta otra historia, y así sucesivamente. Esta técnica, que luego Cervantes usaría magistralmente en El Quijote, ejemplifica, si no el procedimiento, el diseño narrativo que impera en Cien años de soledad.

3.0. Conclusiones

 Como hemos visto es de todo punto de vista indudable la influencia que Las mil y una noches ha ejercido en Cien años de soledad. En este trabajo se ha demostrado esta influencia cotejando la presencia en ambas obras de diferentes recursos técnicos, tales como la repetición, la estructura circular y la metáfora del espejo; de elementos de contenido que van desde la presencia del imán como fuerza mágica y desaforada, hasta el uso de los números, el incesto y la endogamia; y anotando la importancia que tienen en sendas obras, conceptualizaciones abstractas de orden teológico y sociológico que determinan el comportamiento de los personajes y la concepción de la obra. También se ha demostrado que a pesar de las numerosas influencias, la presencia textual de Las mil y una noches en Cien años de soledad es, en realidad, una artimaña más del autor, siempre proclive a poner este tipo de "cáscaras" al lector, como parte de una concepción lúdicra de la obra literaria. El libro descuadernado que lee Aureliano Segundo y que más tarde memorizará Aureliano Babilonia, representa sin duda Las mil y una noches, pero es imposible demostrar a ciencia cierta que se trate en realidad de dicha obra, ya que las referencias de que disponemos no concuerdan con ninguna de la narraciones de las ediciones conocidas hoy en día. La literatura, como las otras manifestaciones del arte, se nutre tanto de la realidad y la imaginación, como de la literatura misma, y de esta manera es capaz de crear su propia realidad. Esto es al fin y al cabo, la grandeza del arte.
 

Notas
 
 

Bibliografia
OBRAS CITADAS

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