© Nicasio Urbina, 1991
Dice Salom—n de la Selva en Evocaci—n de Horacio "La poes’a es memoria / Secuencia interminable, perla y perla, / cuenta y cuenta, en collar. Es ola y ola / -oceanus circumvagus- / como el mar enrollado en la cintura de la tierra." Al revisar la producci—n poŽtica en Nicaragua a lo largo de un siglo, nos encontramos con el perfil de un pueblo, con sus momentos de gran lirismo y evocaci—n, sus gestas militares, sus luchas y sus grandes epopeyas. M‡s que la historia, que recoge de manera no siempre sistem‡tica los fen—menos socio-pol’ticos, la poes’a rescata el sentido del diario vivir, la significaci—n de las acciones, el sentimiento de los hombres y mujeres que vivieron esos hechos; todo esto desarrollado bajo la perspectiva de una concepci—n estŽtica, de una bśsqueda de la belleza y una lucha por desarrollar una expresi—n lingź’stica apropiada a la realidad hist—rica y social que se desea expresar. Es por eso que al estudiar la poes’a de un pueblo nos enfrentamos no s—lo a su En este art’culo me he propuesto evitar el estudio generacional de la poes’a nicaragźense, y adoptar m‡s bien una perspectiva cronol—gica, poniendo atenci—n a la fecha de publicaci—n, con la intenci—n de observar tanto el desarrollo y la evoluci—n poŽtica de los escritores, como la interacci—n que se establece entre poetas maduros y poetas j—venes publicando al mismo tiempo. El origen de la poes’a nicaragźense hay que buscarlo en la poes’a ind’gena, los cantos y poemas precolombinos, de los cuales la mayor’a se han perdido, conserv‡ndose apenas unos cuantos poemas miskitos. Durante la Colonia floreci— en Nicaragua una poes’a de corte religioso, escrita por frailes y clŽrigos, siendo el primero de ellos el padre Antonio C‡ceres, nacido en Granada en 1682. La otra corriente digna de menci—n es la poes’a popular recogida por varios estudiosos. Pero la carta de ciudadan’a de la poes’a nicaragźense llega con RubŽn Dar’o y la revoluci—n modernista. A Rom‡n Mayorga Rivas (1861-1925) se le ha considerado en cierta forma el precursor de Dar’o. Seis a–os mayor que RubŽn, pas— gran parte de su vida en El Salvador, donde trabaj— con Francisco Gavidia, practic— el periodismo y edit— la antolog’a Guirnalda salvadore–a. A lo largo de los a–os desarroll— una amistad profunda con Dar’o quien le dedic— el poema "Naturaleza". Public— un śnico libro de versos, Viejo y nuevo. (San Salvador: Diario del Salvador, 1915) pero considero que sus traducciones y versiones de los rom‡nticos, simbolistas y parnasianos, tuvieron m‡s trascendencia que su poes’a. En cierta forma veo un paralelo con JosŽ Coronel Urtecho, en cuanto a su funci—n formativa y mentora. Es con la publicaci—n de Azul (Valpara’so: ExcŽlsior, 1988) que Nicaragua entra en la historia de la poes’a universal. No voy a demorarme aqu’ en el estudio de Dar’o, cosa que se ha hecho muy bien y en abundancia, simplemente quiero dejar sentado el precedente que tendr‡ una influencia capital en el desarrollo de la literatura nicaragźense. Con la publicaci—n de Azul, Dar’o sitśa no s—lo a Nicaragua, sino a AmŽrica Latina, en el centro de la cultura Europea. Su americanismo se revelar‡ m‡s claramente en Prosas Profanas (Buenos Aires: Pablo Coni e hijos, 1996) cuyo pr—logo es ya el manifiesto que Žl mismo niega, el llamado a la originalidad y la bśsqueda de una poŽtica propia, una denuncia del alma de las palabras y la melod’a; y finalmente, la bśsqueda de la poes’a en lo ind’gena, en lo aut—ctono, en la historia y el pasado propio. Con la publicaci—n en 1905 de Cantos de vida y esperanza RubŽn Dar’o llega a lo m‡s alto de su revoluci—n poŽtica. Si en los libros anteriores Dar’o hab’a logrado la revoluci—n estŽtica que se hab’a propuesto renovando la forma y la sustancia de la poes’a en lengua castellana, en Žste lleva a cabo una evaluaci—n madura y profunda de la significaci—n del modernismo, establece los verdaderos valores poŽticos y se aparta de la frialdad superficial y el ritmo vacuo, para establecer una ontolog’a poŽtica que siendo cosmopolita y universal, sea a la vez hispanoamericana, autŽntica y fiel a la tradici—n y la historia. Es en esta revaloraci—n de la historia y el discurso latinoamericano, que Dar’o logra independizar a Nicaragua y a AmŽrica Latina, d‡ndole su carta de emancipaci—n y demostr‡ndole al mundo la capacidad cultural y art’stica de estos pueblos.
Desafortunadamente, la lecci—n de Dar’o no ser‡ escuchada por sus prosŽlitos que llevar‡n el culto de la melod’a hasta extremos insoportables, copiando sin maestr’a los modelos extranjeros e imitando la tropolog’a dariana hasta el cansancio. Har‡ falta que lleguen los vanguardista para que, rechazando a Dar’o, sigan fielmente sus pasos. En parte inspirados por el maestro, en Nicaragua proliferaron los poetas modernistas. Aunque mucho de lo que se escribi— en aquellos a–os es insalvable, no cabe duda que mucha de la esa producci—n poŽtica es de primera calidad y est‡ a la altura de la mejor poes’a modernista. Entre los modernistas nicaragźenses vale la pena mencionar a Santiago Argźello (1871-1940), autor de varios libros y activo l’der del movimiento, que logr— mayor reconocimiento internacional que sus compa–eros. Juan de Dios Vanegas (1873-1964) fue quiz‡s el m‡s s—lido y austero, sabiendo combinar la elegancia de su verso y la sencillez de una vida de labor intelectual y modestos triunfos. De menor importancia son Salvador Sacasa (1881-1917), Antonio Medrano (1881-1928), Francisco Baca (1879-1945) y Sol—n Argźello (1878-1913) poeta de gran sensibilidad y temperamento activo, revolucionario integrado a la gesta mexicana. Vivi— gran parte de su vida en el extranjero, donde lleg— a decir en "La mśsica del barrio", "Yo soy tambiŽn, Áay! otro bohemio / sin patria, desterrado, / que va por las aldeas / ofreciendo su canto". Lino Argźello (1887-1937), tambiŽn conocido como Lino de Luna, es despuŽs de RubŽn Dar’o el poeta m‡s importante de esta Žpoca. Originario de Le—n, donde vivi— toda su vida, con la excepci—n de una breve estad’a en Costa Rica, supo mantenerse a salvo de la influencia modernista, aprendiendo de Dar’o el manejo de la forma y la elegancia, pero conservando siempre una personalidad poŽtica propia, sin caer en la imitaci—n y el esnobismo de algunos de sus coet‡neos. Su concepto de la poes’a, tal y como se ve en "Calendarios", lo separa de los modernistas, abogando m‡s bien por una poes’a de entrega, expuesta a la corrupci—n y la vulgaridad de un pśblico que no siempre entend’a el valor de sus versos, pero que de todas maneras Žl entregaba en un sacrificio que ten’a mucho de m’stico y de asceta: "Poes’a que, como Dios, / quiso bajar de los cielos / para brindarse a las almas / de los hombres y los pueblos, / y vivir crucificada / en las hijas de un modesto / calendario exfoliador, / entre dos chistes groseros!..." En su libro Claros del alma (San JosŽ: s.p.i., 1907), encontramos versos de excelente factura modernista, como esta primera estrofa de "A una triste", "Mi alma es imagen del azul nocturno / con pensativas tintas de violeta, / un suave azul de ojera donde flota / gemela de la Luna, mi Tristeza." Versos en los que se refleja no s—lo la maestr’a art’stica del poeta, sino tambiŽn su temperamento melanc—lico y solitario, callado, separado del mundo como por una visi—n o una forma de percibir la vida. Se ha dicho de Lino Argźello que fue "el śltimo rom‡ntico", opini—n disputable porque si bien es cierto que en su vida personal y su tragedia, podemos encontrar ecos de la personalidad rom‡ntica, y su obra conserva influencias de los rom‡nticos alemanes y franceses, de BŽcquer, a los que conoc’a muy bien; tambiŽn es innegable que su obra es ya exploraci—n de una poŽtica nueva, de una forma diferente de concebir la relaci—n entre palabra e imagen, una forma particular de concebir el futuro y de situarse ante los azares del nuevo siglo. En 1928, cuando los j—venes de la generaci—n de Vanguardia empezaban a organizarse y a publicar en Granada, Lino Argźello est‡ba escribiendo versos elegantes y finos que ya presagiaban una nueva estŽtica. As’ lo demuestra su poema "Andas de caridad" incluido en su poemario Versos de Lino Argźello, (Par’s: Henry Gaulon, 1922). La forma de relacionarse del poeta con el material poŽtico y la estructura de la composici—n, est‡ muy lejos del ideal rom‡ntico y seguramente m‡s all‡ de la estŽtica modernista: "Andas solitarias, andas malandantes, / que en veces en hombro de hombres tambaleantes / vais con el an—nimo... traca, traca, tran... / a m’, que del mundo casi nada espero, / tendrŽis que llevarme por aquel sendero... / lo mismo que a Pedro, lo mismo que a Juan!" M‡s que "el śltimo rom‡ntico" yo veo en Lino Argźello al primer moderno (que no modernista), en cuyo humanismo y sensibilidad poŽtica, podemos vislumbrar lo mejor que dar‡ la literatura nicaragźense en el siglo XX. Del grupo que floreci— en Managua mencionarŽ s—lo dos nombres. JosŽ T. Olivares (1880-1942) quien public— en las diferentes revistas que se editaban en la capital y dio a la imprenta un śnico volśmen de poes’a titulado Poes’as (San JosŽ: Repertorio Americano, 1920). Su mayor contribuci—n fue amor por la escena rural que se tradujo en versos sencillos y elegantes, que dejaban atr‡s la simple recreaci—n costumbrista para aportar una autŽntica visi—n poŽtica del tema. El otro es Ram—n S‡enz Morales (1891-1927) cuya excelente producci—n poŽtica qued— dispersa en peri—dicos y revistas, recogida posteriormente en Aires monteros y otros poemas (Managua: Atl‡ntida, 1947). S‡enz Morales escribi— excelentes sonetos como "Mirando aquella altura", pero su gloria la debe m‡s a la evocaci—n de lo nicaragźense, de escenas del campo y sus gentes, poes’a que busca la esencia del ser nicaragźense y su realizaci—n poŽtica. Tal es la labor que vemos en "La brava quema" o en "Es la luna, poeta..." A pesar de las afecciones que se leen en "Ritos de la monta–a", por ejemplo, la poes’a de Ram—n S‡enz Morales es uno de los mejores ejemplos de esta Žpoca. El otro grupo de modernistas se manifest— en Masaya en torno a la revista Germinal (1907). Entre sus colaboradores se encontraba J. Augusto Flores Z. (1885-1964) quien public— muchos en distintas revistas pero no recogi— nada en libro. Quiz‡s su mayor contribuci—n fue la de iniciar un rescate integral del habla nicaragźense, incorporando a su poes’a vocablos y giros locales, e imprimiŽndole una cadencia coloquial, reflejo del habla cotidiana. Rafael Montiel (1887-1973) public— en varias revistas y prepar— un libro titulado "Minutos sin m‡scara" que no lleg— a publicarse hasta 1972. Finalmente quiero mencionar a Alberto Ortiz (1892-1913), editor de la antolog’a Parnaso nicaragźense. (Barcelona: Maucci, 1912) que recogi— a casi todos los poetas de la Žpoca d‡ndolos a conocer a los lectores de la pen’nsula. Dos poetas m‡s se inician con el grupo modernista de Le—n, pero sus obras y preocupaciones estŽticas sobrepasan el modernismo y se inscriben y evolucionan junto a la vanguardia. El primero de ellos es el padre Azar’as H. Pallais (1884-1954), jesuita, ordenado en Roma en 1908 y doctorado en Teolog’a por la universidad Apolinaria en 1912. Al regresar a Nicaragua en 1914 pas— a dictar una c‡tedra en el Seminario de Le—n, y participaba en las reuniones y actividades del grupo modernista de Le—n. Public— su primer volśmen de poes’a A la sombra del agua (Le—n: J. C. Gurdi‡n, 1917) donde se transparenta ya un esp’ritu altamente m’stico y poŽtico, que a pesar de las influencias literarias y de la estŽtica imperante en el momento, su poŽtica se aparta de los ideales modernistas, abogando por una poes’a simple y transparente, llena de amor por el mundo. La belleza en el poeta Pallais es un reflejo del amor divino, y en ese sentido lo encuentro muy lejos del modernismo y de toda la literatura decimon—nica. El "agua" sirve como signo clave de toda la obra, bien sea marcando el sendero divino, la v’a que el poeta y todos los seres humanos en general deben seguir, oponiŽndose a "luz" como en "El agua hermana", o torn‡ndose en vil consejera como en "El agua del placer" y los poemas que le siguen. En Espumas y estrellas (Le—n: J. C. Gurdi‡n, 1918) Azar’as H Pallais continśa su bśsqueda de la evocaci—n religiosa a travŽs de la belleza poŽtica. Esta vez "espuma" y "estrella" le brindan el espacio poŽtico para realizar este ideal. En "Espuma cristiana" leemos: "La espuma, signo profundo, / agua, luz y sal encierra: / Cristo es Agua y Luz del mundo / y tambiŽn Sal de la tierra". La "estrella", en la segunda parte del poemario, es s’mbolo del camino y gu’a de la peregrinaci—n que el poeta convierte en simples y bellos versos. En "Estrellas cari–osas" se establece una relaci—n dial—gica entre el poeta y las estrellas, cuyo brillo representa el brillo del alma pura y la belleza del creador: "ÁEstrellas que hacŽsis se–ales, / por detr‡s de las colinas! / Ŕel amor de los mortales / es amor entre las ruinas? // El amor de los mortales / es amor entre las ruinas: / la cruz nos hace se–ales / por detr‡s de las colinas." Cuando Azar’as H. Pallais publicaba su Espumas y estrellas, otro grande de la poes’a nicaragźense daba a la luz su primer libro de versos, escritos en lengua inglesa, bajo el t’tulo de Tropical Town and Other Poems (New York: John Lane, 1918). Se trata, claro est‡, de Salom—n de la Selva (1893-1958), al que Jorge Eduardo Arellano llama "el inmenso solitario". Es l’cito discutir si este poemario pertenece a la historia de la poes’a nicaragźense o forma parte, tal y como ha quedado establecido, de la New American Poetry. La primera parte del volumen se titula "My Nicaragua" y est‡ compuesta por 19 poemas excelentes, llenos de nostalgia por su tierra y novedosas estructuras sint‡xticas, simples y coloridas, caracter’sticas de la nueva poes’a norteamericana. El poema que le da t’tulo al poemario "Tropical Town", empieza con dos versos que nos pintan un paisaje de ensue–o y color, donde ni siquiera la muerte es triste, sino algo lleno de vida. "Blue, pink and yellow houses, and, afar, / The cementery, where the green trees are." Cuando est‡ triste y desolado, ah’ es donde el poeta va: "...to where / The lonely green trees and the white graves are." Todos estos poemas est‡n impregnados de memorias embellecidas por la distancia, cargadas de una visi—n id’lica y expresadas con un lenguaje simple pero elegante. Es interesante notar que los vanguardistas, que tanta influencia tuvieron de la New American Poetry no hayan rescatado la lecci—n de Salom—n de la Selva. En Tropical Town ya podemos encontrar algunas de las preocupaciones que van a permear la obra posterior del poeta, su anti-imperialismo ya se perfila en poemas como "A Song For Wall Street", la guerra que estaba azotando al mundo y en la que hab’a de enlistarse bajo la corona inglesa, est‡ patente en la tercera parte del libro "In War Time". Y finalmente su imaginaci—n poŽtica en "The Tales From Faerieland" llena de juventud e inocencia. Este es un libro que merece ser traducido y difundido en espa–ol. El otro poeta que se inicia en el grupo modernista de Le—n es Alfonso CortŽs (1893-1969) cuyo poema La Odisea del Itsmo (Guatemala: Tipograf’a Latina, 1922) gan— los Juegos Florales de Quezaltenango. Este es un largo poema de corte modernista, que canta la haza–a de la Conquista y sue–a una paz milagrosa: "Visi—n de paz. El cielo esplende; el campo brota/ racimos pudorosos y pr—speras espigas; / el aire es como un beso, y el sol como una gota / de miel, que se reparte en las eras amigas". Aunque este poema no refleja todav’a el misterio y la intuici—n de sus mejores producciones, podemos ya entrever su pasi—n por el sonido y el misticismo de su canto. El primer volumen de Salom—n de la Selva en espa–ol es El soldado desconocido (MŽxico: Cultura, 1922), uno de los mejores libros que ha dado la poes’a nicaragźense. El poeta ve su libro como un monumento a todos aquellos soldados ca’dos en la contienda, soldado que podr’a haber sido Žl, muerto en una guerra de todos y de nadie, soldado voluntario al servicio de la corona brit‡nica, soldado de las armas que en las trincheras oscuras y en las noches solitarias, sin ver al enemigo, se cuadraba en la otra trinchera y empu–aba el verso. La guerra que gana Salom—n de la Selva no es la conflagraci—n mundial, su victoria es la otra, es la guerra del sentimiento y el color, la guerra de la sensibilidad poŽtica y de la evocaci—n, la elegancia y la cadencia del verso que habiendo asimilado la lecci—n modernista se entrega a la belleza de lo cotidiano, la lucha constante por lograr el balance ideal, la justa proporci—n de lo pros‡ico y lo poŽtico. La pedestre realidad del ser humano y la belleza que encierra, deb’a ser expresada en un lenguaje particular y refinado, pero al mismo tiempo real y ver’dico, un lenguaje que hablara de los sentimientos y los deseos en tŽrminos de sentimientos y deseos. Tal es el sentido del "Canto de la alondra", poema de significativa importancia en la colecci—n. "Prodigioso en el prodigio del d’a, / brota el divino chorro de la armon’a. / Quiebra la luz del sol en siete fajas, / y hace brillar las amapolas como alhajas." El descubrimiento repentino de la belleza, la visi—n que los momentos de peligro o de iluminaci—n nos permiten, las r‡fagas de luz que en un momento determinado rompen las barreras, irrumpen en la conciencia, despejan los signos: "Tanta belleza, de sśbito / no es f‡cil soportarla." Pero el poeta encuentra una forma de convertir la visi—n en verso, transformar la intuici—n en verbo y crear estructura y forma. "Se–or, un momento permite / que cuerdo mire al cielo / y la voz de este p‡jaro escuche, / y que me diga sin alucinaciones / que la vida aun es buena y que quiz‡s ma–ana / podr‡n todos los hombres aceptar la belleza / como śnico evangelio..." Pero la concepci—n de la belleza pura es ajena a la naturaleza humana, se resiste a la corrupci—n del lenguaje, rechaza la ambivalencia del signo lingź’stico, se rebela en el poema. "El alma de nada sirve sola. / La idea sin la forma no existe. / ÁEs necesario el cuerpo! / La hermosura es corp—rea. / Lo que no tiene forma nunca es bello." En este poema se resume el proceso evolutivo de su pensamiento poŽtico, es el puente de salida de la concepci—n modernista y la toma de conciencia de la nueva poes’a. Distribuido en cinco jornadas de desigual extensi—n, El soldado desconocido es una obra variada tanto en su tono como en su tem‡tica. El coqueteo constante con la muerte es lo que le da emoci—n y fuerza a la vida: "La Muerte afina su viol’n. / Ya est‡ afinado. ÁVoy a bailar! / En el aire mi alma va ser un jazm’n." A lo largo de todo el poemario se deja sentir la sensualidad de la muerte, sensualidad que dialŽcticamente alcanza su mayor expresi—n en el poema "La Paz", "Es una mujer bella / y m‡s que bella, mala". Otros temas recurrentes son el amor y sobre todo la novia, la muchacha que ha quedado en algśn lugar, alguien a quien escribirle una carta o varias, alguien que espere el regreso del soldado, algśn d’a. La guerra, la cruenta batalla, el amigo muerto, la balloneta y las granadas, el ataque, todas estas experiencias se van convirtiendo en forma poŽtica, en verso de delicado corte y crudo material. Salom—n de la Selva manipula los temas para convertirlos en canto: los piojos, la maldad, los dedos de los pies, todo se va convirtiendo en signo de s’ mismo, en canto desenfadado y puro, en mśsica plena. Esta es la gran batalla de Salom—n de la Selva y su monumento al soldado desconocido. Cuatro a–os m‡s tarde, la edici—n del 29 de mayo de 1927 de El Diario Nicaragźense tra’a un poema de JosŽ Coronel Urtecho (1906), que hab’a de empezar el movimiento m‡s significativo de la historia literaria de Nicaragua. Se titulaba "Oda a RubŽn Dar’o" y hab’a sido escrito un a–o antes, cuando su autor estaba en San Francisco, California. La ruptura que este poema presenta para con la tradici—n literaria es doble. Al nivel del contenido, Coronel Urtecho le declaraba su amor al maestro y el rechazo de sus postulados estŽticos. "BurlŽ tu le—n de cemento al cabo. Tś sabes que mi llanto fue de l‡grimas, / y no de perlas. Te amo. / Soy el asesino de tus retratos." La monumental figura de Dar’o, como hemos visto, dominaba todo el panorama literario de Nicaragua, sus seguidores hab’an distorsionado su poŽtica hasta la cursiler’a, y era necesaria una ruptura radical para poder establecer un espacio poŽtico propio, nuevo, que permitiera la formaci—n de una personalidad poŽtica original, capaz de dar voz a las nuevas inquietudes y realidades de los j—venes poetas. Coronel Urtecho emprende en su poema una reevaluaci—n de Dar’o, despoj‡ndolo de todo su equipaje y su leyenda: "Tu vestido de emperador, que cuelga / de la pared, bordado de palabras, / cu‡nto m‡s peque–o que ese pajama / con que duermes ahora, que eres tan solo un alma." El poeta busca ahondar en la ensenanza del maestro, descubrir su verdadero rostro, y por eso tiene que atentar contra la imagen. "Tś que dijiste tantas veces "Ecce / Homo" frente al espejo / y no sab’as cual de los dos era el verdadero, / si acaso era alguno." La lucha del poeta no es tanto contra la estŽtica modernista, sino contra la deformaci—n de esa estŽtica, el abuso y la deformaci—n de sus modelos. "He tenido una reyerta / con el ladr—n de tus corbatas / (yo mismo cuando iba a la escuela) / el cual me ha roto tus ritmos / a pu–etazos en las orejas..." Y la despedida final, burla que se llena de reverencia y que al mismo tiempo que se–ala un su adherencia es ruptura irrevocable. "En fin, RubŽn, / paisano inevitable, te saludo / con mi bomb’n, / que se comieron los ratones en / mil novecientos veinte y cin- / co. AmŽn." Si a nivel del contenido tenemos una reevaluaci—n de la lecci—n del maestro, Žsta es lecci—n estŽtica a nivel de la forma. El poema est‡ compuesto de dos partes y un final. La primera parte lleva la aclaraci—n "Acompa–amiento de papel de lija", la segunda "Acompa–amiento de tambores" y el final "Con pito", los tres acompa–amientos sonoros aluden ir—nicamente a la musicalidad que hab’an profesado los modernistas, ruptura con una sonoridad cansada que requer’a una evaluaci—n del concepto de ritmo y armon’a en el poema. Escrito en verso libre, sin rima, con encabalgamientos y arreglos tipogr‡ficos que romp’an con el verso tradicional, la "Oda a RubŽn Dar’o" representa un ejemplo de una nueva forma de hacer poes’a. Poes’a eminentemente par—dica y humor’stica, que pasa de la sobriedad al sarcasmo creando una enorme riqueza en la tonalidad del poema, tal y como vemos en el Libro del buen amor y en gran parte de la poes’a medieval, que pasar‡ a ser uno de los ideales del grupo. El movimiento de vanguardia, bajo el liderazgo de Coronel Urtecho, adoptar‡ en su poes’a y en su quehacer art’stico en general, todas estas caracter’sticas, desarroll‡ndolas luego cada poeta segśn su propio estilo y preocupaciones estŽticas. La estad’a de JosŽ Coronel Urtecho en Estados Unidos fue determinante en su formaci—n poŽtica, y en el devenir del grupo de j—venes que integraron el movimiento de vanguardia. En "Nueva poes’a americana" dice: "Casi puedo decir que aprend’ a leer inglŽs leyendo a Poe y Whitman." TambiŽn ley— con fervor a los poetas modernos de entonces, recogidos por Amy Lowell en Tendencies in Modern American Poetry, "En Carl Sandburg y en Vachel Lindsay, principalmente, encontraba yo entonces las im‡genes del pa’s y el esp’ritu americano que buscaba en la nueva poes’a." JosŽ Coronel Urtecho regres— a Nicaragua con un dominio casi perfecto del inglŽs que lo har’a un traductor esmerado, un conocimiento bastante amplio de las literaturas modernas, la "Oda a RubŽn Dar’o", una colecci—n de poemas titulados "Parques" que aparecieron en El Diario Nicaragźense en los domingos siguientes a la publicaci—n de la "Oda"; un poema titulado "Circo", un poema caligr‡fico titulado "O" y algunos cuentos. En "Idilio en cuatro endechas" Coronel desarrolla una poes’a amatoria de gran intensidad l’rica y sencillez vocativa, "Pero te esperarŽ. Te espero en las esquinas, / a ver si vas, si ves, si lo adivinas." En sus "Sonetos de uso domŽstico" como el poeta los bautiza, Coronel vuelve a una forma que hab’an criticado en los post-modernistas, pero vertiendo en la forma cl‡sica una sustancia poŽtica novedosa, exploradora de las posibilidades poŽticas del lenguaje cotidiano, ejemplo de Žstos son "Mater amabilis" y "La cazadora", sonetos de amor a su esposa de gran belleza y sensibilidad. A otra vertiente de la poes’a de Coronel Urtecho corresponden poemas como "Retrato de la mujer de tu pr—jimo" e "Hip—tesis de tu cuerpo". El principal instrumento poŽtico es estas composiciones es la reconstrucci—n sint‡xtica, la alteraci—n del orden prescrito de los significantes permite al poeta abrir el campo de significaci—n de los mismos, estableciendo por su cuenta un tipo de poŽtica que m‡s tarde Umberto Eco definir‡ como "opera aperta", Considerando que JosŽ Coronel Urtecho ha sido el director espiritual de sucesivas generaciones de poetas nicaragźenses, su obra poŽtica publicada, si bien de excelente calidad, no ha sido voluminosa. Sus poemas han aparecido en numerosas revistas en el mundo entero, ha sido traducido y estudiado en abundancia, pero pr‡cticamente se ha negado recogerla en libros. Su labor como ensayista e historiador ha sido tambiŽn una de las m‡s importantes del pa’s.
El otro l’der del movimiento de vanguardia fue Luis Alberto Cabrales (1901-1974), quien lleg— de Francia en 1924, con una formaci—n pol’tica conservadora que hab’a de determinar su continua participaci—n en la vida intelectual del pa’s, y un buen conocimiento de la literatura francesa contempor‡nea. El 26 de febrero de 1928, El Diario Nicaragźense public— su poema "El sue–o de la locomotora", donde se nota la influencia de las vanguardias europeas, especialmente del futurismo italiano. Como su t’tulo lo indica, hay en el poema una humanizaci—n de la m‡quina, realizado con gran acierto art’stico en un tono dulce, casi infantil. "Al ver partir los barcos, / libres sobre el mar libre hacia playas ignotas, / ella entre los dos rieles cotidianos medita, / y sue–a irse entre un lento revuelo de gaviotas." Impregnada de las zozobras y las inquietudes humanas, la locomotara tambiŽn participa de las ansias poŽticas. "Sin conocer a Horacio ni a Fray Luis de Le—n / canta la locomotora envuelta en su gran humaz—n." Otro poema de Luis Alberto Cabrales "Primer aguacero" refleja esta misma visi—n ingenua y simple de ver el mundo, que representa en realidad una posici—n poŽtica frente al objeto del discurso poŽtico. "Anoche, toda la noche, / cay— el primer aguacero. // Por eso / alegre estaba el campo en la ma–ana / con su camisa blanca de todos los domingos / y el pantal—n azul de la Semana Santa." Luis Alberto Cabrales ser‡ junto con JosŽ Coronel Urtecho el gu’a de la generaci—n de vanguardia. Su labor poŽtica fue reducida, dedic‡ndose m‡s al ensayo y a redactar libros de textos muy valiosos. Fund— con Coronel la segunda Žpoca de Semana, y no particip— en la direcci—n de Criterio por encontrase encarcelado por un suceso de ’ndole personal. Desde la c‡rcel hizo llegar su poema "Invectiva contra la luna llena", uno de sus mejores poemas, que se public— el 10 de abril de 1929. "Frente a mi reja carcelaria / -siempre oronda, rom‡ntica, burguesa- / pas— do–a luna funeraria. / ÁY tras ella se fueron a–oranzas y tristezas!" En este poema encontramos otra vez el mismo tono infantil que marca la poes’a de Cabrales, esta vez, incorporando directamente juegos y canciones. "La ni–a ma da la mano; / la luna volando va; / buscamos un lindo paje. / matu-tiru- tiru-l‡." Pero tras los juegos y el tono infantil se revela un gran pesar y una tristeza profunda. "Pasa, pasa, gorda luna, / gorda luna funeraria, / tu dolor falso importuna / tras mi reja carcelaria." Exonerado de todos los cargos el 23 de abril del mismo a–o, Cabrales se incorpora a la vida intelectual, escribiendo art’culos en los peri—dicos y participando en encendidas polŽmicas. Hacia el final de su vida recogi— su obra en un volśmen titulado Opera parva (Le—n: Hospicio, 1961). Otro integrante del grupo de vanguardia es Manolo Cuadra (1908-1957) que public— en Criterio, el 1 de marzo de 1929, cuatro de sus poemas. "Kodak 126-A" es un soneto que aunque tradicional en su forma, comparte plenamente la esencia poŽtica que buscaban los vanguardistas, y posee un vigor inusitado. "Por mi puerta te vi pasar ligera / igual que motocicleta de la calle. / Tu paso militar cimbreaba el talle, como si arrancaras en primera." El tema sensual se combina con el uso de im‡genes poco usuales para Žste tratamiento. El viento le sube la pollera a la muchacha y el poeta concluye en el segundo terceto: "Fue para perpetuar aquel suceso / que funcion— mi kodak, y por eso, / hoy te puedo admirar en instant‡nea." Otro de los poemas publicados fue "Yo", tambiŽn titulado "Perfil". En Žl se repite al final la primera estrofa, de gran fuerza y valor poŽtico. "Yo soy triste como un polic’a / de esos que florecen en las esquinas / con un fr’o glacial en el est—mago / y una gran nostalgia en las pupilas." Manolo Cuadra no escribi— mucho pero logr— gran popularidad. Recogi— sus poes’as en un volśmen titulado Tres amores. (//???/// 1955).
En esa misma Žpoca apareci— un poema titulado "El abuelito", firmado por un joven estudiante del Colegio CentroamŽrica que con el tiempo llegar’a a ser el poeta m‡s s—lido y profundo de su generaci—n, se llamaba Pablo Antonio Cuadra (1912), y desde ese momento se integra al grupo y ser‡ uno de sus miembros m‡s activos. Otro poema publicado en esos d’as es "Circo" de JosŽ Coronel Urtecho, poema innovador por su forma, sus juegos r’tmicos y musicales y su actitud jocosa. Pero el movimiento cobrar‡ verdadera forma con la publicaci—n en El Diario Nicaragźense de la noticia de fundaci—n de la Anti-Academia Nicaragźense, el 17 de abril de 1931. El 26 del mismo mes, nueve d’as despuŽs, aparece la "Ligera exposici—n y proclama de la Anti-Academia Nicaragźense" firmada por Bruno Mongalo, JosŽ Coronel Urtecho, Luis Castrillo, Joaqu’n Pasos Argźello, Pablo Antonio Cuadra, Octavio Rocha, Luis Alberto Cabrales, Manolo Cuadra y Joaqu’n Zavala Urtecho. La "Ligera exposici—n" contaba de cinco puntos en los que se comunicaba la decisi—n de establecer en la ciudad de Granada un "nucleo de vanguardia que trabaje para abrir la perspectiva de una literatura nacional y construir una especie de capital literaria...", "facilitar la oportunidad de reuni—n y de acci—n conjunta, pero haciendo patente el caracter de endiablada libertad personal, de esp’ritu explorador y de acometividad juvenil", Se circunscrib’a "a las manifestaciones comprendidas en el nombre de bellas artes" motivando a la investigaci—n y la creaci—n. El punto cuarto, el m‡s extenso, se caracteriza por su lenguaje decisivamente combativo, llamaba a mantener la uni—n espiritual por medio de las conversaciones as’duas, de la emulaci—n amistosa, del trabajo en comśn, de las batallas, escaramuzas y guerrillas al un’sono; emprender la conquista del pśblico apoder‡ndose de su atenci—n por medio de golpes de estado art’sticos, del esc‡ndalo intelectual, de la cr’tica agresiva, de la batalla literaria, etc. En los tres incisos de este mismo punto se planteaba "dar a conocer la tŽcnica de vanguardia que domina en el mundo hace m‡s de diez a–os..." al mismo tiempo que promet’an realizar "trabajos de investigaci—n que llevaremos a cabo en el campo de nuestras artes y letras del pasado y del verdadero folklore nicaragźense". Y terminaban diciendo: "Desconocemos la palabra imposible; queremos hacer uso de todos los medios, hasta de la dinamita y del fusil literario para emprender nuestra revoluci—n incruenta..." Finalmente, el quinto punto propon’a una agenda que inclu’a un CafŽ de las Artes, un teatrito, informes, cuadernos vern‡culos y antolog’as. Aunque algunos de los puntos de la agenda no se llegaron a realizar, el grupo logr— establecer, a travŽs de sus numerosas traducciones y sus obras de creaci—n, los fundamentos de una poŽtica y conceptos estŽticos que cambiar’a la historia de la poes’a nicaragźense.
Pablo Antonio Cuadra y Octavio Rocha fundaron en el peri—dico El Correo una p‡gina que se llamaba "Rinc—n de vanguardia" que sal’a los jueves y los domingos, donde publicaron poemas de escritores espa–oles y latinoamericanos, traducciones de poes’a francesa y norteamericana, as’ como sus propias creaciones. "Rinc—n de vanguardia" se public— hasta el 1 de noviembre de 1931, reapareciendo luego, el 10 de abril de 1932 con el t’tulo de "Vanguardia" del que se publicaron 67 nśmeros. El grupo se reun’a en "la celda del artesano" que era el cuarto de Pablo Antonio, en la sorbeter’a La Florida, en la casa de Coronel o en la Torre de la iglesia de la Merced, de la que Žl dir’a en la oda que le dedicara "Torre de la Merced / con tu baraja de paisajes / juegan los cuatro Puntos Cardinales / -y sin embargo quŽ aires de matrona / los que te das con tu reloj de pecho / y tu mo–a / alta / sobre la envidia de las casas / bajas chatas / en cuatro patas / mas siempre de plant—n en una esquina / Torre inal‡mbrica de golondrinas."
Genial y precoz, el benjam’n del grupo era Joaqu’n Pasos (1914-1947). Primo de Pablo Antonio, se inici— en la poes’a desde muy temprana edad y desarroll— gran admiraci—n por Coronel Urtecho, con quien compondr’a la "Chinfon’a burguesa". Joaqu’n Pasos nunca lleg— a publicar en libro pero hab’a desarrollado planes para varios con t’tulos como "Poemas de un joven que no ha viajado nunca" donde recoger’a sus poemas sobres viajes imaginarios, o "Poemas de un joven que no ha amado nunca" para su poes’a amatoria, y "Poemas de un joven que no sabe inglŽs" para los poemas escritos en un inglŽs que nunca aprendi—, "el inexplicable inglŽs de Joaqu’n", como dice Pablo Antonio. De 1929 data su poema "Noruega", poema de descubrimiento y fervor, poema que refleja el esp’ritu claro y juvenil de su autor, pero que tambiŽn revela el genio poŽtico de sus grandes poemas. "ÁOh! Esta es Noruega / suave como el algod—n, / con su tierra de galleta / y sus costas ro’das por el mar." Visi—n Žsta que nos parece m‡s de conocimiento cartogr‡fico, pero que el poeta luego desmiento con un "yo poŽtico" que atestigua la experiencia, "He estado en el puente toda la ma–ana / y han pasado los carros de las pescader’as. / Una peque–a f‡brica cariada de ventanas / lanza cada minuto el di‡volo rojo del tranv’a." Quiz‡s el mejor de estos poemas se titula "Cook "Voyages"", un largo poema que es periplo por un mundo cuyo centro es Nicaragua o la mujer a la que interpela en el poema. El resultado del viaje resulta ser el poema mismo, lo que el poeta andaba buscando, lo que "deseaba descubrir". El genio y el humor de Joaqu’n Pasos ser‡n un factor indispensable en el movimiento. El mejor caligrama que dio la generaci—n de vanguardia sali— de su pluma, se titula "Cook" y es un barco hermos’simo flotando sobre un mar de agua de colonia. En sus poemas encontramos frecuentes aliteraciones, un recurso muy usado por los vanguardistas. Tal es el caso del poema "Esto es la fotograf’a de una ni–a" donde se lee, "Desde el puente de tu frente / se divisan las estaciones de las conversaciones..." o "En las lindas monta–as de tus pesta–as / trepan las cabras de mis palabras". Pero lo mejor de la poes’a de Joaqu’n Pasos lo encontramos en "Las bodas del carpintero" donde se conjuga la tradici—n l’rica del Cantar de los cantares y la estŽtica vanguardista, en un poema de gran sensualidad y belleza. En "Despedida" por ejemplo, el poeta logra combinar la figura humana y la silueta del ‡rbol en una im‡gen provocativa y tierna, "Es preciso que levantes el brazo derecho / por que quiero llevar en ti un recuerdo de ‡rbol. Quiero saber que dejo sembrada en el horizonte / tu mano. // Tu mano que al viento crezca recordada, tu mano que lo diga todo. Nada." La herencia que dej— Joaqu’n Pasos en sus poemas del "Misterio indio" es de valor incalculable. Su famoso poema "India ca’da en el mercado" o sus "Dos llantos" compuesto de "La eleg’a del pez y La eleg’a de la p‡jara". Pero la esencia del ser nicaragźense la resume a mi parecer en el "Villancico indio", donde en su caracter’stico tono juguet—n y musical, recrea el fen—meno del mestizaje, sincretismo esencial del perfil cultural nicaragźense, simbiosis de la raza y de la historia y fuente de toda la riqueza cultural y literaria. "Un indio nuevo ha nacido, / un indio nacido hoy; / hoy mismo, a la media noche, / el indio nuevo naci—". Y varias estrofas m‡s abajo: "ŔEs un indio todo indio / o un indio todo espa–ol? / Es un espa–ol todo indio, / un indio todo espa–ol." Este poema, canto a la paternidad espa–ola, simiente de la poblaci—n de la AmŽrica criolla, es tambiŽn canto a la paternidad literaria, la autor’a de una poes’a inscrita en la tradici—n occidental, escrita en la AmŽrica ind’gena. "Canto de guerra de las cosas" es a mi juicio el gran poema de Joaqu’n Pasos. Escrito durante la conflagraci—n mundial, es un poema apocal’ptico, un espacio poŽtico donde la raz—n se resiste a aceptar el sangriento escenario de la historia, la muerte se corporiza, los metales palpitan vivamente y la tristeza y el dolor se apoderan del ser. La duplicidad de este poema, canto de protesta por la guerra y sospecha inefable de su propia muerte, sitśa irrevocablemente a la poes’a nicaragźense en el seno de la modernidad. Esta doble presencia es evidente a lo largo del poema: "Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida / ser‡ la cal de mi tumba incorporada a mi muerte", en un mundo donde "todo se funde y corre al llamado de guerra de las cosas, / como se funde y se escapa con rencor el acero que ha sostenido una estatua." El dolor del poeta crece hasta sobrepasar la contingencia y convertirse en ser por s’ mismo: "No es dolor por los heridos ni por los muertos, / ni por la sangre derramada, ni por la tierra llena de / lamentos / ni por las ciudades vac’as de casas ni por los campos llenos de / huŽrfanos. / Es dolor entero." No exagero al decir que con este poema Joaqu’n Pasos se consagra como uno de los grandes de la literatura universal.
Integrado al grupo encontramos tambiŽn a Octavio Rocha (1910) que en su "Cisnes" establece con simple claridad poŽtica su posici—n frente al romanticismo, a Dar’o, al esp’ritu burguŽs y la aristocracia. Alberto Ordo–ez Argźello (1914), Luis Downing (1914), Joaqu’n Zavala Urtecho (1910-1071) caricaturista certero y experto xiligrafista. Bruno Mongalo, el herrero-poeta. M‡s espor‡dico en su filiaci—n fue JosŽ Rom‡n (1906-????) que se present— con poemas como "Preludio a Managua en B Flat", "Parque infantil" y "Oda al Parque Jerez"; no obstante, Rom‡n se desarrollar‡ m‡s bien como narrador y periodista. Con breves contactos con el grupo podemos anotar a Carmen Sobalvarro (1908-????), raro ejemplar de poes’a femenina en una Žpoca todav’a monopolizada por hombres. Motivados por la ideolog’a pol’tica de los dos l’deres del movimiento, la vanguardia adopt— una posici—n pol’tica antidemocr‡tica. En parte como "reacci—n" (y la palabra es clave para el entendimiento del problema) al partidismo que hab’a dominado la historia pol’tica de la naci—n desde la secesi—n centroamericana, y en parte por el ideal de una vuelta a un pasado medieval, el grupo de vanguardia abogaba por una dictadura que acabara con el oportunismo de los pol’ticos y gobernantes. Tanto JosŽ Coronel Urtecho como Luis Alberto Cabrales, hab’an expuesto sus ideas y participado en polŽmicas que llamaban a reaccionar contra el liberalismo y la democracia, optando por un ideal cat—lico que recobrara la verdadera esencia del sentir nicaragźense.
La necesidad de una tribuna propia fue lo que llev— a Coronel Urtecho a fundar el 3 de abril de 1934 el peri—dico La Reacci—n, del que se editaron 43 nśmeros en un lapso de vida de dos meses. Esta posici—n pol’tica los hab’a llevado a condenar la intervenci—n de los Estados Unidos en Nicaragua y apoyar la gesta de Sandino en las Segovias, hab’an celebrado la decisi—n de no construir el canal interoce‡nico en Nicaragua y apoyar’an a Anastacio Somoza Garc’a, por ver en Žl al hombre fuerte que consideraban necesitaba Nicaragua para restablecer su autŽntico sistema y forma de vida. Esta lucha pol’tica hab’a de mantenerse m‡s o menos hasta finales de 1940, cuando los verdaderos prop—sitos de Somoza hab’an quedado claros y la unidad del grupo se hab’a disuelto. Dos poetas mayores, del prupo de Le—n, fueron adoptados por la generaci—n de vanguardia y eran invitados a publicar en sus p‡ginas y a asistir a algunos de sus eventos. Azar’as H. Pallais, que fue considerado "capell‡n" del grupo, ten’a en comśn con los j—venes su admiraci—n por la poes’a y el pensamiento medieval, en el que ve’an una vida m‡s pura y sencilla, m‡s autŽntica, y una poŽtica desprovista de toda afectaci—n y artificio, m‡s apropiada para el tipo de voz poŽtica que ellos buscaban.
El otro poeta era Alfonso CortŽs, que hab’a perdido la raz—n inexplicablemente una noche de febrero de 1927, pero que segu’a escribiendo poemas cada vez mejores. Ernesto Cardenal lo recuerda en forma memorable: "En la misma vieja casa de las Cuatro Esquinas, que antes fuera de RubŽn Dar’o, viv’a un extra–o loco, conocido en toda la ciudad con el nombre del Loco CortŽs o el Poeta Loco. Alfonso CortŽs hab’a nacido en Le—n, a fines del siglo pasado. Yo recuerdo sus ojos p‡lidos, azules, y su barba posiblemente rojiza, cuando los chiquillos de la escuela pas‡bamos por su casa haciŽndole burlas. La familia lo ten’a con grillos por temor de sus furias, y si uno se asomaba por el zagu‡n, pod’a vŽrsele al fondo del corredor oscuro. Los chiquillos no sab’amos entonces, y tampoco los mayores, que ese hombre era uno de los m‡s grandes poetas de la lengua castellana". Cuatro a–os despuŽs de esa noche de febrero sal’a el primer libro de versos de CortŽs, titulado Poes’as (Managua: Imprenta Nacional, 1931). La poes’a de CortŽs es un discurso metaf’sico, un espacio textual donde las cosas cobran vida y esp’ritu, donde las palabras se agitan con una vocaci—n profunda y trascendental. Espacio, tiempo y sonido son signos omnipresentes en todos sus versos, signos que se desdoblan en una pluralidad de sentidos creando im‡genes nuevas, encontrando misterios donde nosotros vemos materia, y asiendo en una forma casi natural y cotidiana, lo que para nosotros es evocaci—n hermŽtica y problema impenetrable. Su m‡s famoso poema se titula "Un detalle", caprichosamente bautizado por Coronel Urtecho como "Ventana". La duplicidad y el misterio de estos versos, los esp’ritus que rondan al poeta, y la ternura con que lo expresa, hacen de "Un detalle" un poema perfecto. "Un trozo azul tiene mayor / intensidad que todo el cielo, / yo siento que all’ vive, a flor / del Žxtasis feliz mi anhelo. // Un viento de espiritus, pasa / muy lejos, desde mi ventana, / dando un aire que despedaza / su carne en angŽlica diana. // Y en la alegr’a de los Gestos, / ebrios de azur, que se derraman... / siento bullir locos pretextos, que estando aqu’, de all‡ me llaman." En "Fuga de oto–o" dice el poeta, "Aqu’ todo, hasta el tiempo se hace espacio. / En los viejos / caminos nuestra voz yerra como un olvido, / y a un Žter lleno de recuerdos, se ha salido / de nosotros el alma, para vernos de lejos." El espacio al que se refiere el poeta no es el espacio f’sico, se trata m‡s bien de un espacio metaf’sico, una dimensi—n espiritual en la que se transforma la experiencia humana y el conocimiento, algo similar al espacio lingź’stico del poema, donde la vivencia se hace espacio por medio de la realizaci—n semi—tica del discurso. El espacio f’sico para CortŽs no existe, en la medida en que Žste no tiene ninguna importancia absoluta, es como "La distancia que hay de aqu’ a / una estrella que nunca ha existido" en "la canci—n del espacio". "Este af‡n de relatividad de / nuestra vida contempor‡nea -es / lo que da al espacio una importancia / que s—lo est‡ en nosotros..." Todav’a m‡s radical es su visi—n del tiempo, tal y como lo plantea en la pregunta final: "...Pero si / nos es as’, perm’taseme hacer una / pregunta: -Tiempo, d—nde estamos tś y yo, yo que vivo en ti y / tś que no existes?" Finalmente los sonidos, esas voces que se escuchan, los murmullos de las cosas y los silencios. "Abro para el silencio la inercia de la fluida / distancia..." y al final de este hermoso poema que es "Almas sucias", "un silencio, una inercia del alma de las cosas." En ese silencio est‡ la poes’a la unidad de "los detalles de Forma, Luz y Acento". Estos son temas que deben ser estudiados a profundidad a la luz de la cr’tica psicol—gica y la semi—tica, s—lo despuŽs de indagar en la obra del poeta y reconstruir su metaf’sica podremos acercarnos a sus arduos misterios.