Siendo este un panel de poesía, me parece el lugar apropiado para establecer la pregunta sobre la distinción entre prosa y poesía. ¿Existe en realidad una diferencia entre prosa y poesía, además de la simple disposición de los caracteres sobre una hoja de papel? Desde mi perspectiva crítica la pregunta central es si existe a nivel del código una diferencia entre ambas. ¿Es que en realidad podemos detectar en un discurso enunciados poéticos y enunciados no poéticos, o prosáicos? Quizás lo poético sea más bien un modo de lectura, un código de actualización del discurso literario; o como mantengo a lo largo de esta ponencia, una voluntad poética expresada a través de una serie de signos, que debido a sus campos semióticos y sus mutuas modificaciones, motivan una lectura poética. En este trabajo me propongo estudiar el libro de Roberto Valero, Dharma, con el fin de indagar en la esencia de la palabra poética y de analizar los códigos y el funcionamiento de los signos, dentro de una teoría de la comunicación estética. El propósito de esta presentación es explorar el sistema de códigos desarrollado en Dharma, códigos que van desde el signo visual y la representación icónica, hasta la creación de plurisignos y remas, y explorar los mecanismos que constituyen en rigor el discurso poético.
El estudio de la poesía ha sido eminentemente dominado por el pensamiento formalista, que basa su especulación en una serie de criterios métricos, a veces puramente tipográficos, pero la existencia de un enunciado poético, es decir, la presencia de «poesía» en contraposición a otro tipo de enunciado, tiene que ser demostrado por medio de un análisis del texto y la identificación de los códigos que transmiten el mensaje poético. El análisis de los códigos nos llevará a la perspectiva más amplia del fenómeno de la interpretación, demostrando que más importante que el código empleado es la manera interpretativa que el lector aplica en el momento de la lectura, tal y como dejó demostrado Stanley Fish en su artículo "How to Recognize a Poem When You See One." En mi opinión el crítico debe preguntarse qué es lo que motiva el tipo de interpretación poética, debe indagar si esta interpretación está regida por los signos presentes en el texto o por reglas generales, y en qué manera funcionan estos signos.
Desde un principio la distinción entre poesía y otros modos literarios ha sido un tanto oscura. Para Aristóteles por ejemplo la poesía "...fue dividida conforme al genio de los poetas, porque los más graves dieron en imitar las acciones nobles y las aventuras de sus semejantes, y los más vulgares las de los ruines." (El arte Poética, II.2.) De esta manera los géneros literarios se ven sometidos a un criterio temático, contemplando únicamente el nivel diegético del discurso. En esta línea aristotélica se ha situado una gran corriente de la crítica que nos lleva, pasando por la crítica filológica, hasta Northrop Frye. Estos pensadores han estudiado la poesía desde el punto de vista de los motivos y los modos, proporcionando un interesante panorama del enunciado poético de acuerdo a un modo mimético, a un modelo mítico o a un motivo. Por el otro lado en un afán taxonómico la crítica ha ordenado la producción poética, prestando atención a la representación lineal del texto, bien sea en cuanto a la cantidad silábica o la cantidad rítmica. De esta manera la poesía se ha visto sujeta al análisis lingüístico y la observación estructuralista.
Sin embargo podemos plantearnos la pregunta a nivel de los códigos semióticos, tratando de identificar las unidades de comunicación poética, que podemos llamar «poenemas» y estudiar la manera en que se realizan en la lectura poética. Cuando decimos que Dharma es un libro de poesía, hemos adoptado una perspectiva crítica que va más allá de las disposiciones formales del texto, y que nos permite decir que "Repeticiones" es un poema, aunque escrito en prosa. El concepto de «prosema» implica ya la distinción textual de códigos poéticos, representados en la superficie en forma de párrafos. Pero cabe preguntarse cuánto del prosema, o del soneto o el endecasílabo, es en realidad poesía.
Eugenio Florit señala en "Cinco notas en busca de un prólogo," texto que sirve como introducción, que "Esa costumbre de intercalar prosa con verso le viene a Valero desde siempre, desde su primer libro. Creo que antes de ahora las prosas eran más frecuentes. Ahora, aunque del mismo valor poético y nostálgico de todas ellas, son menos frecuentes. Creo que la poesía va pesando más y más."(8) Y más adelante habla de "...los versos de Valero, tan admirablemente llenos de poesía..."(Idem) En estas justas apreciaciones tenemos el testimonio de uno de nuestros grandes poetas, pero también es evidente la dificultad que todos encontramos al hablar de poesía en términos críticos, donde tenemos que mantener diferencias precisas entre «poema» y «poesía», «verso» y «prosa», etc.
Es interesante notar que los primeros signos de Dharma son signos visuales,
composiciones policromas de la artista María Badías, que establecen
una red de campos referenciales conectados con el resto del discurso.
El signo /Dharma/ nos llega de la tradición sánscrita con un universo
semiótico plurívoco y vital, el «dharma» representa
los conceptos básicos de la civilización indú, es la ley
y la virtud, es la regla, es el derecho y el bien. El signo /dharma/,
al encabezar el discurso del que ahora me ocupo informa la totalidad de la obra,
disparando automáticamente una serie de interpretaciones que relacionarán
los textos poéticos con una visión general del mundo, la civilización
y el universo metafísico. «Genesis anyway», signo que
sirve de cubierta al libro de Valero, el signo /dharma/ escrito en la portada,
y el dibujo titulado /dharma/, que podríamos decir compone el segundo
poema de la colección, establecen los elementos determinantes de un modo
de lectura particular, esto es, un modo de lectura poética. Dharma
se nos presenta casi en forma axiomática, como un poemario, como un discurso
poético, y a nadie en esta sala se le ha ocurrido la idea de que Dharma
pueda ser tomado por otra cosa, digamos, por una novela, un testimonio o un
artículo periodístico, ya que evidentemente, esto iría
en contra de la mejor tradición literaria.
A pesar de la seguridad que pretendemos en nuestra aseveración, tenemos que aceptar que Dharma es un libro que violenta la tradición literaria, empezando por el «¿Prólogo?» que precísamente pone en tela de juicio, en la mejor tradición cervantina, la función y las características de un prólogo. El prólogo de Dharma constituye todo un poema, con su sencillez y humildad, con su lenguaje oximorónico y sus signos. Este poema titulado «¿Prólogo?» pertenece a lo que hemos llamado prosema; es decir, poema en prosa. En Dharma encontramos nueve prosemas, aunque otros lectores podrían calificarlos de prosa poética, estableciendo así una distinción entre la prosa poética y el prosema. A pesar de las múltiples dificultades que encontramos al analizar la palabra poética, todos los críticos concuerdan en que la poesía es eminentemente metafórica, porque hasta el lenguaje denotativo de la poesía de vanguardia se convierte, en el proceso de lectura poética, en lenguaje metafórico.
Umberto Eco contempla el problema del signo metafórico en su último libro Semiotica e filosofia del linguaggio y dice: "El discurso sobre la metáfora se mueve en torno a dos opciones: (a) El lenguaje es por naturaleza propia y originalmente metafórico, donde el mecanismo de la metáfora fundamenta la actividad lingüística, y cada regla y convención posterior nace para reducir y disciplinar la riqueza metafórica que define al hombre como animal simbólico; (b) la lengua (y cualquier sistema semiótico) es un mecanismo convencional, sometido a reglas, es una máquina previsora que dice cuales frases se pueden generar y cuales no, y cuales de las frases generables son «buenas» o «correctas», o dotadas de sentido; en esta máquina la metáfora es el sobresalto, el deterioro, la ruptura, el resultado inexplicable y al mismo tiempo el motor de renovamiento." (La treducción del original italiano es mía).
Si aceptamos la primera opción propuesta por Eco sería imposible diferenciar entre el lenguaje poético y cualquier otro tipo de lenguaje tal como el lenguaje legal, la terminología médica o los sistemas de informática. Por otro lado encontramos que el lenguaje poético es en cierta medida una violación del lenguaje establecido, y la experiencia de la lectura poética nos enseña que la poesía se basa en una renovación del lenguaje, donde renovación es sinónimo de invención, reestablecimiento y formación. Cuando Valero dice en su «¿Prólogo?» que Dharma se caracteriza por "el retorno a la sencillez de la espiga y el pan..." lo que tenemos es una violación del sistema por medio del cual el signo /espiga/ y /pan/ reemplazan a una serie de proposiciones que podrían desconstruirse como /alimento/, /sustento/, /sencillez/, /vida natural/, /pureza/, /inocencia/, etc.
El concepto de metáfora, tal y como lo hemos venido desarrollando, se entiende a cabalidad solo bajo el concepto de «unlimited semiosis» propuesto por Charles Peirce donde cada signo no es más que una representación de otro signo, que a su vez es reflejo de otro signo, y así en un proceso infinito de signos, que utilizan otros signos como vehículo de la significación. La palabra metafórica es entonces un nivel determinado de esta estructura semiótica de representaciones, nivel en el cual no sólo se establecen los amalgamientos semióticos que producen la poesía, sino también los índices que implican una lectura poética. En el primer poema de Dharma, titulado "Mi sitio exacto" leemos:
Volver,
para tocar los templos de la infancia
los muros de mi patio
donde se encuentran las fechas importantes...(15)
En este poenema encontramos
una serie de elementos arquitectónicos que disparan el proceso de semiosis
hasta los niveles metafóricos: /templos de mi infancia/ es el primer
signo que nos sitúa en el nivel de la lectura poética, es el indicio
que nos permite determinar el tipo de interpretación necesaria para la
justa actualización del texto. Inmediatamente el lector extrae
las siguientes conclusiones: (a) el movimiento implícito en el verbo
/volver/ no es un movimiento físico, sino más bien un movimiento
espiritual, mental o emotivo (aunque la posibilidad del movimiento físico
no quede del todo descartada); (b) los signos alusivos al sistema arquitectónico
no se refieren al aspecto técnico de la arquitectura, ni a su dimensión
estética, sino más bien a la dimensión connotativa del
signo /templo/ modificada por el signo /infancia/. Los /templos de mi
infancia/ establecen por lo tanto el principio de actualización que habremos
de emplear en nuestra lectura del texto, de forma que al pasar al siguiente
verso, /los muros de mi patio/ el nivel de lectura establecido por el verso
anterior nos lleva a interpretarlo en la misma manera, es decir, como los límites
del universo de la infancia. Pero sin embargo, otro nivel de la lectura,
hasta este momento latente, surge ahora como posibilidad interpretativa en el
nivel denotativo, refiriéndose al patio físico donde el sujeto
de la enunciación pasó los años de su infancia.
Este nivel de la lectura se ve corroborado con los versos siguientes:
los muros de mi
patio
donde se encuentran las fechas importantes,
cada resolución juramentada
que más tarde violé,
allí donde marcamos las exactas medidas de mi cuerpo,
y de mi sexo las medidas exactas,
volver allá donde despojo y sangre me iniciaron.(Idem)
La transición a un nivel connotativo del signo /muros de mi patio/ ha sido completa, llevándonos hasta un lugar físico donde el poeta vivió su infancia. Sin embargo /las medidas exactas de mi cuerpo/ y /de mi sexo las medidas exactas/ vuelven a plantear la ambigüedad de los diferentes niveles interpretativos.
Retornar a la húmeda
mudez de las cavernas,
caminar Versalles
adentrarme en la espuma de aquellos desafíos marineros
de mi niñez delgada.(Idem)
Como puede verse los versos
anteriores nos obligan a movernos en diferentes niveles interpretativos del
proceso semiótico de actualización.
De lo anterior podemos extraer dos conclusiones que a mi juicio son fundamentales
para entender el principio de la palabra poética, y en última
instancia, el principio de cualquier proceso de comunicación: (a) el
texto, por medio de la combinación de los signos que lo componen, establece
el o los niveles de lectura necesarios; (b) el lector es el último y
fundamental recreador del poema, que por medio de su destreza para moverse en
los diferentes niveles interpretativos, establece las posibilidades significativas
del texto.
Tomemos ahora el
poema "Nada pueden" donde el lenguaje parece limitarse a sus niveles denotativos.
Vivo con siete pequeñas alegrías:
1. No habrá
clase mañana.
2. Me regalaron diez pesos.
3. Estaré dos días con mi amante.
4. Voy a ver Manhattan en fotos a colores.
5. Leí un artículo sobre Borges, culpándolo.
6. Van a publicar un poema mío en el suplemento.
7. Me invitaron a ver Francia en la Enciclopedia Soviética de 1964.(18)
Este poema en particular
es un replanteamiento de la escritura poética y del juicio poético,
ya que inmediatamente después se pregunta:
¿Qué pensará el jurado de este poema?(Idem)
Ustedes aquí presentes son, distinguido auditorio, el jurado, y yo les pregunto, ¿es esto un poema? Es claro que con su pregunta Valero entra en la metaficción de la obra, abriendo una serie de implicaciones que no pretendo discutir en esta ocasión. Pero aparte de esa dimensión del poema, nos interesa explorar la lectura de las siete pequeñas alegrías de Valero, en su calidad de lenguaje poético. Desde el punto de vista estrictamente lingüístico las ocho proposiciones anteriores no tienen ningún valor poético, reduciéndose simplemente a un itinerario vulgar sin mayor interés. Sin embargo no es este el caso en el contexto de Dharma, donde el lector busca tras los simples hechos mundanos una connotación trascendente. /No habrá clase mañana/ es una ruptura con la rutina y la obligación; /Me regalaron diez pesos/ es una alegría material, una generosidad y una operación financiera; /estaré dos días con mi amante/ es una proyección emotiva y sensual; y así con las proposiciones restantes. De lo anterior deducimos que un lenguaje totalmente denotativo puede ser sometido a un tratamiento poético, de modo que la disposición de los signos motive una lectura poética que a su vez imprima al signo una serie de connotaciones no presentes en el enunciado lineal per sé, con lo que se pone en evidencia el hecho que, más que poema en su construcción lingüística, debemos hablar de poema en su actualización fenomenológica, adoptando así una postura, que dentro de la filosofía del lenguaje, rompe con los postulados de la herméutica tradicional y la filología escolástica.
La poesía
de Dharma funciona en base a este código poético donde el lenguaje
denotativo se expande, gracias a la influencia de otros signos circundantes,
y genera una lectura poética que transforma el discurso y sus posibilidades
semióticas. De esta forma Valero desarrolla los grandes temas de
su obra: la infancia, el amor, la muerte, Dios, la boldad y la maldad de los
hombres, la huída y el regreso, lo conocido y lo ignoto.
Si aceptamos que la poesía se elabora más en la mente del
lector que en los signos que componen el discurso poético, la existencia
de este discurso poético del que hablamos sería una falacia.
Pero como hemos visto en los poemas de Dharma existe algo en el discurso que
provoca la lectura poética, razón por la cual una deposición
jurídica no se presta a ser interpretada como una sonata o una ovación.
Pero al mismo tiempo entendemos que la lectura sugerida por el poema, es a su
vez el producto de una educación y un entrenamiento que nos permite reconocer
el texto como tal y actualizarlo. Por tanto a pesar de que el poema es
poesía, gracias a una serie de condiciones lingüísticas concretamente
analizables, debemos concluir que el poema se forma en última instancia
en la mente del lector, y que el mismo poemario Dharma es una obra profunda
y refinada en las manos de un lector diestro y sensible, y un documento sin
mayor poder semiótico en manos de un lector torpe y descuidado.
BIBLIOGRAFIA
ARISTOTELES (1964) ed. El arte poética. Madrid: Espasa Calpe. (Trad. de José Goya y Muniain)
ECO, Umberto (1984) Semiotica e filosofia del linguaggio. Torino: Einaudi.
FISH, Stanley (1980) Is There a Text in This Class. Cambridge: Harvard U. P.
VALERO, Roberto (1985)
Dharma. Miami: Ediciones Universal.
Il discorso sulla
metafora si muove intorno a due opzioni: (a) il linguaggio è per sua
natura, e originalmente, metaforico, il meccanismo della metafora fonda l'attività
linguistica e ogni regola e convenzione posteriore nasce per ridurre e disciplinare
la ricchezza metaforica che definisce l'oumo come animale simbolico; (b) la
lingua (e ogni altro sistema semiotico) è meccanismo convenzionato retto
da regole, macchina previsionale che dice quali frasi si possano generare e
quali no, e quale tra le generabili siano «buone» o «correte»,
o dotate di senso, e di questa macchina la metafora è il guasto, il sussulto,
l'esito inspiegabile e al tempo stesso il motore di rinnovamento."(142)