Toda forma de vida posee de una manera u otra un sistema semiótico por medio del cual se desenvuelve en un medio particular. Desde una molécula de DNA con su complejo sistema de informática, pasando por todas las manifestaciones del reino vegetal y animal, hasta un instrumento de comunicación estética altamente refinada como puede ser La Ilíada, llevan a cabo su interacción en base a un sistema de códigos determinado. El ser humano, sin embargo, añade a la práctica semiótica la conciencia semiótica, la conciencia de que nuestros signos no son más que un instrumental por medio del cual nos estamos refiriendo al objeto aludido. Es este momento de la toma de conciencia del signo nace la mentalidad semiótica. El prolegómeno de la teoría semiótica se encuentra, por tanto, en ese ser humano que al emitir el signo supo no sólo que se estaba refiriendo a un objeto determinado, sino que además tuvo conciencia del vacío del signo. Ante el fenómeno del signo acústico el hombre se vio destinado al silencio y la omisión, y fabricó una réplica del objeto que en un principio fue una representación icónica de un antílope o una lanza, y que más tarde se desarrolló en sistemas fonográficos e ideogramas. La escritura surge así como una forma de eternizar el mensaje, una forma de fijar el signo de alguna manera y preservarlo a través del tiempo. En este contexto la escritura se entiende como respuesta ante un signo, un enunciado o una sensación (Bahktin 1981). Un campo de estudio sumamente interesante es la relación entre el sujeto-escritor y el discurso. El discurso cobra significado en el marco circunstancial de producción del mensaje, es decir, a la luz de la biografía del autor, de sus hechos personales y sus percances. La obra se lee en la presencia de un pretexto, en este caso, la presunta documentación biográfica.
Con el desarrollo
de la producción estética se va complicando el universo literario.
Las realizaciones discursivas presentan diversas características, enfocan
diversos aspectos de los problemas y lo hacen por diferentes motivos. Ante la
pluralidad de textos empieza el estudio sistemático de los mismos y se
empieza a desarrollar un sistema de clasificación: empieza el estudio
crítico de la literatura, y surge un nuevo tipo de discurso, que a su
vez necesita ser estudiado, el discurso crítico.
Entre los muchos tipos de discurso que hemos discutido en (1.1.) dos nos
interesan particularmente: el ensayo y la novela. Como decía entonces,
Sabato ha postulado siempre que entre el ensayo y la novela media la misma oposición
que vemos entre lo racional y lo irracional, entre lo objetivo y lo subjetivo.
La distinción entre el ensayo como "racional y objetivo", y la novela
como "irracional y subjetiva", es una diferencia muy difícil de sostener,
especialmente en su obra; tanto el discurso ensayístico como el discurso
novelístico son objetivos y subjetivos, racionales e intuitivos; ambos
son complejos y contradictorios. A pesar de la insistencia de Sabato en esta
distinción, su obra prueba ampliamente todo lo contrario. El prólogo
de Uno y el universo, tomado siempre por un libro de ensayo dice: "Este libro
es el documento de un tránsito y, en consecuencia, participa de la impureza
y la contradicción, que son los atributos del movimiento."(15). Todo
movimiento es contradicción de elementos, la vida es movimiento en el
tiempo y en el espacio, es contradicción. La escritura es movimiento
y es acción semiótica, igualmente lo es la lectura. El discurso
es la dinámica de los signos, la yuxtaposición de significantes,
la contradicción y la modificación. El túnel, considerada
una ficción, es el retrato de la mentalidad racionalista llevada al extremo.
Si algo trata de ser Juan Pablo Castel en su análisis es "objetivo".
Es precísamente obedeciendo a esa aversión por la contradicción
que Castel llega al asesinato. "Tengo que matarte, María..."(134), fue
la respuesta de Castel, indicando la imperiosa necesidad de resolver lo que
ante sus ojos se presentaba como contradictorio, como irracional.
La complejidad del fenómeno de la escritura nos impide el establecer
oposiciones axiológicas determinantes. La novela y el ensayo comparten
la plurivocidad del ser humano, son expresión del rigor científico
y la inevitable intuición, ambos son "escritura", que es el máximo
signo del ser humano, y como éste son sumamente complejos y plurívocos.
4.1. Función de
la escritura
Uno de los principales temas de Sabato es la creación de ficciones.
En las "Palabras preliminares a la primera edición" de su libro El escritor
y sus fantasmas, Sabato dice: "Este libro está constituido por variaciones
de un solo tema, tema que me ha obsesionado desde que escribo: ]por qué,
cómo y para qué se escriben ficciones?" En ese volumen Sabato
discute este tema y expone su teoría sobre el hombre y la literatura.
Para él una de las principales funciones del arte es "que permite al
autor ensayar, misteriosamente, otros destinos. Es a la vez una tentativa de
escapar a nuestra inevitable limitación de posibilidades, y a una evasión
de lo cotidiano."(El escritor, 141). Ahora bien, esa posibilidad no es totalmente
extraña al ensayo, ya que el ensayo es también una forma de aspirar
a la inmortalidad y de explorar lo desconocido. Sabato niega rotundamente esta
posibilidad. Para él es solamente la novela la llamada a mostrar la totalidad
del ser: "En virtud de esa dialéctica existencial que se despliega desde
el alma del escritor encarnándose en personajes que violentamente luchan
entre sí y a veces hasta dentro de sí, resulta otra profunda diferencia
entre la novela y la filosofía; pues mientras un sistema de pensamiento
debe construirse en forma coherente y sin ninguna contradicción, el pensamiento
del novelista se da en forma tortuosa, contradictoria y ambigua."(Idem). Sin
embargo sabemos que la contradicción es un atributo inherente al ser
humano. Hasta el momento, no se ha planteado ningún sistema filosófico
exento de contradicciones. Ya vimos como Sabato en su primer libro hablaba de
la contradicción y la aceptaba como un atributo del movimiento. No hay
acto humano que en cierta forma no esté afectado por la contradicción,
y podemos decir que la contradicción está tan presente en el ensayo,
como la logicidad en la novela. En todo caso podemos hablar de gradaciones,
de acentos o de mayor o menor influencia del espíritu racionalista o
intuitivo, pero lo que es totalmente incorrecto es postular estos dos factores
como mutuamente excluyentes.
La escritura -tanto la narrativa, como la dramática o la lírica-
es una catarsis, es un proceso de ex-presión por medio de la cual expresamos
una serie de preocupaciones y problemas, por medio de la cual tratamos de entendernos
mejor a nosotros mismos y darnos a entender a nuestros lectores. El proceso
de creación
-y en este sentido creación no se restringe a la ficción, como
generalmente se hace, sino que comprende cualquier acto de escritura- implica
un propósito y una forma más o menos preconcebida, pero tanto
el propósito como la forma están sujetos al desarrollo del texto
y los cambios de perspectiva. Comenta Sabato que "Dostoievsky se propuso escribir
un folletito didáctico contra el alcoholismo en Rusia, que se llamaría
Los borrachos: terminó por salirle Crimen y castigo."(El escritor, 34).
De ahí podemos ver que las infinitas interrelaciones que se establecen
en cualquier texto hacen del todo imposible la delimitación de campos,
ya que la escritura como acto tiene una serie de implicaciones, bien se trate
de una novela o de un ensayo.
Para Sabato "Hay probablemente dos actitudes básicas que dan origen
a los dos tipos fundamentales de la ficción: o se escribe por juego...
o para buscar la condición del hombre... Si denominamos "gratuito" a
aquel género de ficción... a este podemos llamarlo "problemático."(El
escritor, 30-31 in passim). Y más adelante agrega: "El escritor, pues,
no es tanto un inventor como un explorador o descubridor."(El escritor, 32).
No vamos a discutir ahora las categorías de Sabato sobre la ficción,
nos interesa más la función del escritor como investigador del
espíritu humano, como explorador de la realidad existencial del hombre.
En este sentido, el escritor de ficciones se parece aún más al
ensayista, ya que ambos escriben impelidos por preguntas, por inquietudes cuyas
respuestas deben buscarse en la reconstrucción de un sistema determinado.
El filósofo intenta la reconstrucción del universo filosófico,
de este modo se levantó el mundo del idealismo platónico, se desarrolló
la filosofía escolástica, surgió el pensamiento racionalista
y la fenomenología de la existencia. El novelista crea un mundo encarnado
en las mismas figuras que lo componen y lo rodean, o en deformaciones de las
mismas, pero en el fondo su composición no se distingue en mucho del
mundo levantado por el filósofo. La principal diferencia radica en el
nivel de contemplación que el autor se ha propuesto. Usando el concepto
de "Imitatio" propuesto por Aristóteles, podemos decir que el filósofo
se interesa por imitar los principios y leyes que rigen el universo y el hombre,
los mecanismos que despiertan la risa y el odio, el significado de las palabras
y la muerte o la existencia de Dios. Para esto el filósofo, el teólogo,
el psiquiatra o el astrónomo, no recurren a seres encarnados sino a conceptos
o entidades, el Adán del Génesis se convierte en el pitecantropus
erectus, Alejandra Vidal se discute en términos de "caso patológico"
con tales síntomas y tales precedentes, se intenta fijar conceptos del
Bien y el Mal en lugar de presentarlos encarnados en un ser humano; en fin,
no se habla de Juan Pablo Castel pero se habla del "hombre concreto" o el "hombre
racionalista".
Lo importante aquí es que en el fondo ambas son búsquedas
de una verdad esencial para el ser humano, ambas son respuestas a problemas
o dilemas planteados. Aristóteles empleaba este concepto de "Imitatio"
para distinguir entre géneros literarios. "En general, la épica
y la tragedia, igualmente como la comedia y la ditirámbica, y por la
mayor parte la música de instrumentos, todas vienen a ser imitaciones.
Mas difieren entre sí en tres cosas: en cuanto imitan o por medios diversos,
o diversas cosas, o diversamente, y no de la misma manera... En suma, la imitación
consiste en estas tres diferencias, como dijimos, a saber: con qué medios,
qué cosas y cómo."(Arte Poética, I). En rigor el mismo
criterio puede aplicarse al diálogo o al ensayo, puesto que la diferencia
radica, como hemos visto, en cuanto al cómo de la representación.
En el fondo el escritor -el escritor que Sabato ha llamado
"problemático"- escribe guiado por motivos que van más allá
de la simple apariencia del discurso. La fábula se convierte a su vez
en un signo transmisor de un mensaje plurívoco y ambiguo, rico en tensiones
y significados, y la escritura es más que un acto de creación,
es un acto de exorcismo y contricción, es una catarsis a menudo dolorosa
y apasionada, llena de fuerzas y sensaciones. Dice Sabato citando a Balzac que:
"Aujourd'hui, l'écrivain a remplacé le prêtre, il a revêtu
la chlamyde des martyrs, il souffre mille maux, il prend la lumière sur
l'autel et la répand au sein des peuples; il est prince, il est mendiant;
il console, il maudit, il prie, il prophétise."(El escritor, 39). Porque
en esta línea la tarea del escritor no es la de proporcionar solaz y
esparcimiento, no. "La tarea del escritor sería la de entrever los problemas
eternos que están implicados en el drama social y político de
su tiempo y lugar."(El escritor, 64).
Vemos pues como la función de la escritura va más allá
de la simple transmisión de información a través de un
código dado. La escritura es una forma de establecer la presencia del
ser a través de signos más o menos imperecederos, es la forma
de fijar la existencia fugaz en un grabado, en una hoja de papel o en una tela.
El ser humano que escribe no puede separar sus intuiciones de su juicio objetivo,
no puede escindirse y reflejar un solo aspecto de su ser, ya que de alguna manera,
en un aspecto determinado, surgirá el otro lado de su ser, el lado subjetivo,
cuando se trate de un ensayo, el lado objetivo al momento de escribir una historia.
Con mayor o menor acento en uno de los dos aspectos, el discurso refleja la
compleja totalidad del hombre, es espejo de su dualidad inevitable, de sus dudas,
de su pensamiento y su pasión, de su objetividad y su subjetividad.
4.2. Teoría de
la escritura
La teoría de la escritura se engasta en una teoría de la
literatura en general. Comunmente hemos hablado de literatura de creación
y literatura de reflexión. La ficción ha sido generalmente vista
como un discurso de creación e invención, el sujeto-escritor se
ve llamado a inventar una serie de situaciones imitando, en base a ciertos criterios,
la realidad. Por otro lado, el escritor de ensayos y tratados se consideraba
un investigador, el observador de una realidad dada, con la función de
extrapolar de esa situación una serie de reglas o rasgos, observaciones
y principios que explicarán el fenómeno estudiado. Este escritor
tiene especial cuidado de no transformar la información recibida y pretende
ser objetivo. Como ya hemos visto, escribir es traducir una serie de signos
en otros, y en esta traducción el mensaje sufre transformaciones ya que
el nuevo signo presenta siempre elementos introducidos por el código
que se ha utilizado.
En Barthes (1953) encontramos un concepto de la escritura que representa
una reflexión del fenómeno dentro del marco de la lengua y el
estilo. "Langue et style sont des forces aveugles; l'écriture est un
acte de solidarité historique. Langue et style sont des objets; l'ecriture
est une fonction: elle est le rapport entre la création et la société,
elle est le langage littéraire transformé par sa destination sociale,
elle est la forme saisie dans son intention humaine et liée ainsi aux
grandes crises de l'Histoire."(24). Vemos entonces que para Barthes la escritura
es más que un proceso de traducción de signos equivalentes. Cuando
Culler (1975) interpreta la noción de Barthes comenta: "As oposed to
the language, which an author inherits, and his style, which Barthes defines
as a personal and subconcious network of verbal obsessions, an "écriture"
or mode of writing is something an author adopts; a function he gives his language,
a set of institutional conventions within which the activity of writing can
take place."(134).
El análisis de la escritura de Derrida (1967) contempla el problema
planteado por dos líneas históricas de pensamiento donde se propone
el signo gráfico en oposición al signo acústico. Por un
lado, el caligrama trasciende el lenguaje por medio de la existencia de una
presencia física (logocentrismo); por el otro, el sonido presupone una
relación más directa con el significado (fonocentrismo) como consideraba
Platón. Culler (1982) comenta que "This condemnation of writing, in Plato
and elsewhere, is of considerable importance because the "phonocentrism" that
treats writing as a representation of speach and puts speach in a direct and
natural relationship with meaning is inextricably associate with the "logocentrism"
of metaphysics, the orientation of philosophy toward an order of meaning--thought,
truth, reason, logic, the Word--conceived as existing in itself, as foundation."(92).
A partir de esta premisa Derrida basa su análisis de una "metafísica
de la presencia" por medio de la cual hemos sobrepuesto el primer término
de una oposición al segundo: "good before evil, the positive before the
negative, the pure before the impure, the simple before the complex, the essential
before the accidental, the imitated before the imitation..."(Culler 1982: 93).
Es por medio del replanteamiento de estas oposiciones que el desconstruccionismo
se propone estudiar el texto literario.
Bajo el marco de la escritura filosófica el hecho de la escritura
ha sido visto en segundo plano. Tal y como observa Rorty (1978) "Writing is
an unfortunate necessity; what is really wanted is to show, to demonstrate,
to point out, to exhibit..."(145). En su discusión del asunto Culler
(1982) acertadamente comenta: "Philosophy characteristically hopes to solve
problems, to show how things are, or to untangle a difficulty, and thus to put
an end to writing on a topic by getting it right. Of course, philosophy is by
no means alone in this hope. Any discipline must suppose the possibility of
solving a problem, finding the truth and thus writing the last word in the topic.
The idea of a discipline is the idea of an investigation in which writing might
be brought to an end."(90). En este sentido la crítica literaria es un
ejemplar perfecto, ya que el interés de cada discurso crítico
es contribuir al establecimiento de una interpretación total de la obra.
Pero si observamos el problema con detenimiento veremos que también lo
es la narrativa.
Sabato, en lo que él define como la tradición romántica,
propone la ficción y la poesía como una fuente de conocimiento,
de un conocimiento superior al de la ciencia y la filosofía, el conocimiento
de la "raiçon du coeur" de Pascal, inasible por ningún otro medio
del conocimiento. Ya ha quedado demostrado en (1.3.) que la distinción
crítica planteada por la teoría de los géneros y defendida
por Sabato, no responde a una realidad del texto y el discurso, y que el ensayo
contiene tantos -o más- elementos de ficción que la novela o el
cuento. La perspectiva de la escritura como signo general, como representamen
del ser humano en su búsqueda, nos permite observar el discurso como
código ambiguo y pluriforme de un mensaje que bien puede ser presentado
como una investigación científica, como un diario de trabajo,
como anotaciones sueltas, como biografía o como invención, como
una epístola o como un diálogo.
4.3. La escritura en los
textos de Sabato
La escritura es un motivo en Sabato, es un tema propenso al desarrollo
y a la realización en un texto concreto. Desde sus primeros escritos
Sabato ha mostrado gran preocupación por el fenómeno mismo de
la escritura. Algunas veces discutiendo teóricamente el fenómeno,
otras veces reproduciendo en imágenes la función y el acto de
la escritura, Sabato ha demostrado una especial preocupación por el sujeto-escritor.
Esta preocupación constante alcanzará sus máximo tratamiento
crítico en El escritor y sus fantasmas, y su más alto grado de
representación en Abaddón el exterminador.
4.3.1. La escritura en
El túnel
El túnel se presenta como un experimento de escritura en el que
un ser humano, preza de la desesperación, deposita su "débil esperanza"
en el texto. Escribir para Castel es la última posibilidad de comunicación
después del mayor fracaso de su vida, es el último intento de
establecer un canal de comunicación con el otro. "Podrán preguntarse
qué me mueve a escribir la historia de mi crimen...."(13), dice Castel
a su lector, e inmediatamente anota él mismo la vanidad como un posible
motivo. "Conozco bastante bien el alma humana para preveer que pensarán
en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me
importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres."(Ibid). La
negación de Castel es por supuesto ambigua. Por un lado le "importa un
bledo la opinión y la justicia de los hombres.." pero escribe su historia
en busca de esa opinión y esa justicia. Por otro lado la vanidad no queda
del todo descartada. "De la vanidad no digo nada: creo que nadie está
desprovisto de este notable motor del Progreso Humano."(Ibid). Vemos, pues,
que aparte de la vanidad, la necesidad de ser entendido por alguna persona funciona
como motor de la escritura, es la fuerza que en busca de expresión escribe
un texto. Como puede verse, el origen del discurso es, por tanto, una necesidad
puramente semiótica, es impulso de comunicación.
El asunto de "que alguna persona llegue a entenderme" requiere un poco
más de atención. Cabe preguntarse si este intento de entendimiento
va dirigido en primer lugar al lector de "estas páginas" o si va dirigido
al sujeto-escritor. Castel, como sujeto-escritor, necesita del acto de la escritura
para entenderse a sí mismo, para comprender la envergadura de su fracaso
y las consecuencias que éste tiene en su vida. En su estudio de la estructura
narrativa de El túnel, Richards (1982) señala la conciencia de
Castel de su papel de escritor. "In Castel, the author creates a self-concious
narrator whom he imbudes with all the skills necessary to sustain the illusion
that he participated in the events he recounts in written form."(420). Anabitarte
Rivas (1983) afirma que Castel en realidad nunca amó a María,
y "escribe un libro para consolidar una mentira."(321). Tratando de profundizar
más en los niveles narrativos, Díaz Migoyo (1980) propone la oposición
entre Castel como autor, y un autor-implícito que desautoriza al autor
Castel. Dejando a un lado la discusión sobre las interpretaciones personales,
podemos concluir que la escritura tiene para Castel una importancia fundamental,
es instrumento de la comunicación y en última instancia, de entendimiento
y la comprensión.
Otro aspecto interesante de la escritura en El túnel se ve en el
epistolario que compone buena parte del discurso. La primera carta no es más
que una nota que le fue entregada a Castel por Allende, esposo de María:
Yo también pienso en usted.
María. (51)
Este primer texto es notable por su brevedad, pero también lo es por
el contexto en que aparece y por la ambigüedad, que es la que abre ante
el lector la posibilidad de una comunicación entre los dos personajes.
Para el lector, una nota como la de María es indicio de una serie de
prefiguraciones sobre una relación amorosa. Tal importancia tiene este
discurso que se reproduce textualmente en XIII, cuando tres páginas más
adelante Castel discurre: ""Pasemos a la carta", me dije: Saqué la carta
del bolsillo y la volví a leer:
Yo también pienso en usted.
La ambigüedad del mensaje había provocado en el lector, desde su
aparición en XII, una serie de asociaciones semióticas (e.g. las
diferentes inferencias que se pueden sacar de la frase "Yo también pienso
en usted"). La misma respuesta semiótica será luego el tema y
el conflicto en XIII: "Volviendo a la carta, reflexioné que había
motivo para una cantidad de deducciones"(55). La conciencia de la escritura
como signo es evidente en Castel, y se demuestra por sus enunciados dirigidos
al lector. Al llegar a la conclusión de que María quería
dejarle saber que era casada Castel comenta: "Estoy seguro de que muchos de
los que ahora están leyendo estas páginas se pronunciarán
por esta última hipótesis..."(55). Como puede verse Castel está
pensando en un lector activo, en una actancia interpretativa que vaya abriendo
posibilidades, que vaya realizando inferencias y deducciones, que vaya re-escribiendo
el texto.
La correspondencia entre Castel y María es la escritura privada
de una experiencia conflictiva y problemática. De la primera carta de
Castel nos llega sólo su impresión general: "Esa misma noche escribí
una carta desesperada...", pero la carta que María le contesta en XV
es un bello discurso estético, es una interpretación de "la pequeña
escena en la esquina del cuadro" que representa todo el misterio de la narración.
Es interesante notar la relación de esta escena con el signo "altas torres"
tal y como quedó señalado en (2.2.1.). La carta de María
es el código del discurso para enunciar lo inexplicable, es la traducción
del cuadro "Maternidad" (función-signo de la obra), y la prefiguración
del porvenir de la fábula. Las cartas continúan en XVI con una
comunicación desesperada de Castel, respuesta de María, etc, de
la siguiente manera:
Castel (2a. c.)
Te quiero, María, te quiero, te quiero.
María (3a. c.)
Tengo miedo de hacerte mucho mal.
Castel (3a. c.)
No me importa lo que puedas hacerme. Si no pudiera amarte me moriría.
Cada segundo que paso sin verte es una interminable tortura.
Castel (4a. c.)
Estás pisoteando nuestro amor.
La escritura de este epistolario es una conversación amorosa, una dramatización
romántica que sucede en minutos, es una escena dolorosa pero breve. Al
servir la escritura como código de esa actividad semiótica, con
el tiempo que presupone la transportación colectiva del mensaje, este
diálogo se extiende en el tiempo narrativo a varios días, calculable
entre seis y once por ejemplo. El tiempo y el sufrimiento de esa pequeña
escena (como la del cuadro) se ha extendido en El túnel a una agonía
de días y semanas expresada en el discurso de una página.
El epistolario de El túnel seguirá creciendo en XXIII, y
con él, el concepto de la escritura como comunicación. Después
de una discusión en el taller, María se marcha a la estancia y
Castel decide escribirle una carta. No obtiene respuesta y le escribe tres cartas
más. Después de la última, que ya es la octava comunicación
de Castel, María contesta. De esta comunicación lo único
que sabemos es que estaba "llena de ternura" y "Quería que fuera a la
estancia."(84-85). La dificultad en el proceso de la escritura se agudiza en
XXIX, cuando Castel redacta su novena comunicación: "Primero escribí
que deseaba darle una explicación por mi fuga de la estancia (taché
"fuga" y puse "ida"). Agregué que apreciaba mucho el interés que
ella se había tomado por mí (taché "por mí" y puse
"por mi persona"). Que comprendía que ella era muy bondadosa..."(109).
La forma de presentarnos esta comunicación es interesante ya que no nos
da acceso al discurso concreto de la carta, sino que nos reporta su contenido,
pero al mismo tiempo ilustra el proceso de la escritura, dando cuenta de las
correcciones ulteriores. Sin embargo, es al final de este capítulo donde
podemos ver la intención bajo estas correcciones. "Releí la carta
y me pareció que, con los cambios anotados, quedaba suficientemente hiriente.
La cerré, fui al Correo Central y la despaché certificada."(110).
Aquí la escritura se muestra evidentemente como un arma, como un instrumento
que puede proporcionar alegría y sufrimiento, que puede fortalecer el
amor o encarnizar el odio. En este capítulo es es donde surge la escena
inolvidable en el Correo (XXX), cuando Castel pide que le devuelvan la carta
porque ha advertido dos fallas. "Una vez más, pues, había cometido
una tontería con mi costumbre de escribir cartas muy espontáneas
y enviarlas en seguida."(111). La reflexión de Castel sobre la escritura
implica una preponderancia de este código como vehículo de comunicación:
""Las cartas de importancia hay que retenerlas por lo menos un día" hasta
que se vean claramente todas las posibilidades consecuentes."(ibid). Como puede
verse la reflexión se impone en el proceso de escritura y Castel reconoce
su error. La presencia de la razón y la intuición, de lo objetivo
y lo subjetivo es necesaria en el discurso y la comunicación, para asegurar
su efectividad. De otra manera el texto se convierte en equívoco como
sucede en El túnel.
Para Castel no hubo más cartas después de esta, ya que a
partir de entonces los acontecimientos se precipitaron hasta terminar en el
asesinato de María. Algunos meses después Castel empieza la redacción
de su documento, su intento ulterior de comunicación a través
de la escritura. El documento de Castel, sometido al análisis semiótico
propuesto en (5.1.) es un discurso crítico que pretende lograr un alto
grado de objetividad científica. En ningún momento El túnel
se identifica como una obra de ficción, sino por el contrario, se presenta
como la escritura de una experiencia auténtica, como un hecho conocido
y por lo tanto fundado en una serie de acontecimientos y texto precedentes.
Estos textos, analizados en (5.2.) funcionan como códigos retóricos
del discurso sabatiano.
4.3.2. La escritura en
Sobre héroes y tumbas.
En Sobre héroes y tumbas la escritura se convierte en el tema central
de la novela, tanto desde el punto de vista del autor como desde el punto de
vista de los personajes, especialmente desde dos perspectivas: (i) la de Bruno
y (ii) la de Fernando en el "Informe".
La primera parte de Sobre héroes y tumbas se abre con un narrador
que se sitúa en la conciencia de Bruno, practicando una serie de traslaciones
temporales que afectan el tiempo de la narración. Esta traslación
temporal se representa en la superficie del mensaje de la siguiente manera:
"Un sábado de mayo de 1953, dos años antes de los acontecimientos
de Barracas, un muchacho... Se sentó en un banco... "Como un bote a la
deriva..." pensó Bruno, cuando después de la muerte de Alejandra,
Martín le contó confusa y fragmentariamente..."(13). En esta cita
podemos distinguir el momento (x) de 1953 cuando Martín se sentó
en un banco del parque Lezama, el momento (y) en que Bruno pensó "Como
un bote a la deriva", que es el mismo en que Martín le contó el
hecho en cuestión, y tenemos por último el tiempo presente (z)
de la enunciación y su actualización en la lectura. En Sobre héroes
y tumbas, sobre todo en la primera parte, la narración nos llega por
medio de la conciencia de Bruno, el narrador nos cuenta lo que pasa por la mente
y la mirada de Bruno. La realidad que percibimos en esta parte de Sobre héroes
y tumbas ha sido pasada por la subjetividad de al menos tres conciencias, como
en el caso anterior. La escena original narrada por Martín se convierte
en Bruno en recuerdo y pasa luego al narrador, que a su vez la transmite al
lector en forma de discurso narrativo.
En Sobre héroes y tumbas, el recuerdo en Bruno se transforma en
escritura. La vocación literaria de Bruno se hace explícita en
la cuarta parte de la novela, cuando nos refiere su participación en
una célula anarquista, cuando vivía en pensiones y piezas clandestinas:
"Y en aquel reducto solitario me ponía a escribir cuentos. Ahora advierto
que escribía cada vez que era infeliz, que me sentía solo o desajustado
con el mundo en que me había tocado nacer."(521). Por medio de Bruno
se da una evaluación de la escritura como acto y como profesión.
"Cuando volví a Buenos Aires aún no tenía idea de lo que
habría de estudiar. Quería todo o quizás no quería
nada. Me gustaba pintar, escribía cuentos y poemas. Pero ]era eso una
profesión? ]Se podía decir en serio a la gente que uno querría
dedicarse a pintar o a escribir? ]No eran más bien pasatiempos de gente
desocupada y sin responsabilidades?(504). Esta evaluación de la función
y valor social de la escritura es de sumo interés, sobre todo a la luz
del concepto de Sabato sobre la escritura de ficciones. Su propia experiencia
al abandonar las ciencias para dedicarse a la pintura y la literatura, define
su posición frente al problema, de manera que el comentario de Bruno
tiene que ser leído como una crítica de la percepción que
la sociedad moderna tiene del artista; se trata en realidad de una ironía.
En Bruno hay un concepto del lenguaje muy similar al presentado por Sabato,
que lleva al cuestionamiento de su validez, subrayando el caracter traicionero
y elusivo de las palabras, su incapacidad para comunicar la sensación
precisa, el sentimiento exacto. "Me preguntan me acosan: "usted que lo ha conocido
de cerca". Pero las palabras "conocido" y "cerca", tratándose de Vidal
son poco menos que irrisorias."((462). Así mismo la reflexión
de Bruno sobre la escritura y el arte concuerda con la postura de Sabato expuesta
ampliamente en Heterodoxia y otros escritos. "Y entonces seres descontentos,
un poco ciegos y un poco como enloquecidos, intentan recuperar a tientas aquella
armonía perdida con el misterio y la sangre, pintando o escribiendo una
realidad distinta a la que desdichadamente los rodea, una realidad a menudo
de apariencia fantástica y demencial, pero que, cosa curiosa, resulta
ser finalmente más profunda y verdadera que la cotidiana."(522).
El Bruno escritor se realiza totalmente en el texto en el tercer capítulo
de la última parte. Es aquí donde el discurso que leemos proviene
directamente de su puño y letra, con pequeñas intrusiones del
narrador. La primera frase de este capítulo parece indicar una comunicación
oral: "La muerte de Fernando (me dijo Bruno) me ha hecho repensar no sólo
su vida sino la mía..."(462). Lo mismo señalan otros indicios
como por ejemplo: "Todo esto estoy tratando de contarle desde el principio,
pero me veo arrastrado una y otra vez a decirle generalidades."(464); "No sé
si le podré aclarar estos problemas y algunos otros que todavía
se presentarán... Le confieso que me había propuesto no decirle
nada sobre mi amor por Georgina..."(468); "En cuanto a Georgina, le contaré
algo característico."(473). Toda esta confesión parece desencadenada
por preguntas hechas por el narrador, pero que Bruno expresa en plural: "Me
preguntan, me acosan..."(462). Ahora bien, a medida que avanza el discurso se
va revelando su calidad de escritura, hasta que no queda duda de que se trata
de un texto, de una comunicación escrita de Bruno dirigida al narrador
de la historia. Hablando de Carlos, su amigo de juventud, dice: "Y ya antes
de empezar a escribir esas palabras comprendí que no era del todo cierto,
que iba a dar una idea equivocada de mi período anterior al encuentro...(501).
De esta forma vemos reconstruido el pasado por medio de la escritura, la cristalización
del recuerdo en unos signos capaces de fijar la sustancia elusiva del tiempo
y la memoria, en la linealidad del discurso.
Para Fernando, por su parte, la escritura es el recuento diario de la
investigación de las fuerzas del Mal, es una incursión en el mundo
de la Secta de los Ciegos, que es la que según él, en realidad
domina el mundo. Pero la escritura es también como dice en los últimos
momentos de su vida, una "feroz lucidez.."(289), momentos que coinciden con
las primeras líneas del "Informe". Si el asunto del "Informe" es la investigación
en el mundo de la Secta, uno de los temas principales es la escritura. La escritura
como programa, como plan de vida y de acción semiótica, se puede
ver cuando dice:
"Anoto rápidamente algunos puntos que me gustaría desarrollar
si me dan tiempo:
Ciegos leprosos.
caso Clichy, espionaje en la librería.
Túnel entre la cripta de Saint-Julien-le-Pauvre y el cementerio de Père-Lachese.
Jean Pierre, cuidado..." (405)
La escritura se plantea entonces como un proyecto, como una proyección
del hombre en el futuro, o mejor dicho, como una proyección del pasado
en el futuro. En este sentido la escritura es inmortalidad, en una reduplicación
de la existencia. Pero la escritura también se presenta como testigo
de la existencia, como signo o indicio de la presencia del ser humano. Así
se ve en el "Informe" cuando Fernando presiente el peligro en que lo ha puesto
sus investigaciones: "Estos papeles servirán de testimo- nio."(406).
O como antes había dicho: "Este Informe está destinado, después
de mi muerte, que se aproxima, a un instituto que crea de interés proseguir
las investigaciones sobre este mundo que hasta hoy ha permanecido inexplorado."(310).
También puede notarse en Fernando un continuo cuestionamiento de
la estructura de la narración. Al final del capítulo I del "Informe",
dice: "Ya contaré como alcancé ese pavoroso privilegio..."(292).
En III, Fernando expone su teoría sobre Dios, y en un momento de la discusión
dice:
Pero volvamos a las diferencias.
Aunque no: hay mucho todavía que decir...(299)
Y al comenzar IV, escribe:
Pero volvamos de una vez a las diferencias.(302)
La escritura en Sobre héroes y tumbas es prueba y testimonio, es
representamen de una presencia, de la presencia de un espíritu curioso
y atormentado, bien sea el discurso de Martín charlando con Bruno, bien
sea la dramática presencia de Alejandra, la escritura de Fernando o el
poema épico de Lavalle. La escritura es rememoración y futuro,
es el viaje hacia el sur y la esperanza.
4.3.3. La escritura en
Abaddón el exterminador
En Abaddón la escritura es uno de los temas principales. Sabato
crea un personaje de ficción llamado Sabato, por medio del cual introduce
sus circunstancias particulares, sus experiencias y su imagen de escritor en
el discurso narrativo. Abaddón es entre otras cosas la historia de un
escritor acosado por horribles fantasmas, autor de libros importantes y descabellados,
en lucha continua consigo mismo y con la obra que tiene entre manos. Sabato,
el personaje de ficción, está escribiendo una novela a la que
se refiere en la unidad titulada "Reportaje". Cuando el periodista le pregunta
por el título de la novela, Sabato contesta: "Generalmente, lo sé
al final, cuando terminé de escribir el libro. Por el momento tengo dudas.
Puede ser EL ANGEL DE LAS TINIEBLAS. Pero quizá ABADDON EL EXTERMINADOR."(251).
La novela que está escribiendo Sabato parece ser la misma que la que
el lector está leyendo, provocando así un efecto reflexivo de
la obra dentro de la obra. Hablando a este respecto Sabato lo llama "ficción
a la segunda potencia". Me parece fundamental distinguir entre la novela que
está escribiendo Sabato-personaje, y la novela de Sabato-autor, que es
la que tenemos entre manos. Generalmente lo que se ha hecho en la gran mayoría
de trabajos críticos ha sido analizar ambos discursos como uno solo,
confundiendo el autor-personaje Sabato, con el autor Sabato. El asunto se complica
aún más ya que por la misma época Sabato cambió
la ortografía de su apellido adoptando la pronunciación italiana,
con acento en la segunda sílaba.
Dos avenidas críticas se abren ante esta situación. Por
un lado podemos mantener separados al autor-protagonista Sabato y al autor Sabato,
analizándolos como dos entidades diferentes. Por el otro lado podemos
concebir al autor-real y al autor-protagonista como una sola entidad, formando
parte de un discurso único e inseparable, donde los elementos reales
y corroborables de la biografía de Sabato, se entremezclan con los elementos
ficticios de los personajes creados. Esta relación no es gratuita o meramente
circense, sino que tiene una función vital en la obra, forma parte del
sistema de códigos empleados, su presencia en la obra importa una concepción
particular de lo que es la literatura, y contribuye a borrar las diferencias
entre ensayo y novela, ya que incrementa el aspecto referencial de la obra.
La tematización de la escritura en Abaddón se da principalmente
a través del autor-personaje Sabato y de Bruno. Sabato, como se dijo
anteriormente, está escribiendo una novela, y la escritura se convierte
en función de la narración. El narrador nos dice: "Comenzará
a escribir al día siguiente. Es una decisión fundada y viene acompañada
de cierta animación."(132). Junto con el deseo de escribir llegan sin
embargo compromisos y visitas, correspondencia atrasada, chismes y traducciones,
rectificaciones de otros artículos escritos, pero en medio de todo eso
continúa el interés por la novela: "...se promete que de cualquier
modo, suceda lo que suceda, retomará la novela."(134). El discurso que
leemos presenta dos niveles de escritura: la narración que leemos donde
Sabato escribe su novela y la novela misma que Sabato está escribiendo.
A estos niveles se superpone el nivel general del discurso narrativo.
Más adelante desarrolla el tema de la escritura con más
amplitud, en la unidad narrativa que empieza de la siguiente manera: "A LA MAÑANA
QUIERE ESCRIBIR pero la máquina sufre una serie de desperfectos... Desesperado,
resuelve ir al centro a distraerse y caminar por el barrio sur. En la calle
Alsina, entre Defensa y Bolívar, decide comprar una carpeta de anillos,
para escribir a mano. Algo nuevo, algo simbólico que le permita escribir
en un café a pesar de las dificultades con su letra, del cansancio que
le produce lograr algo inteligible. Es posible que así rompa el maleficio."(368-369).
La escena siguiente dramatiza la timidez del personaje al enfrentarse al vendedor,
en un pasaje estudiado en Roberts (1986).
De aquí se desprende no obstante, un concepto de la escritura como
fuerza que se rebela contra el dominio de las Potencias. A menudo Sabato no
puede escribir porque las fuerzas del mal se lo impiden. Esta persecución
de que es objeto Sabato será una función importantísima
en Abaddón, presentada desde el principio en "Algunas confidencias hechas
a Bruno": "Publiqué la novela contra mi voluntad. Los hechos (no los
hechos editoriales sino otros, más ambiguos) me confirmaron después
aquel instintivo recelo. Durante años debí sufrir el maleficio."(21).
"Los hechos..." a los que se refiere Sabato serán precísamente
buena parte de la fábula del discurso, y darán cuenta de la persecusión
y la tortura a la que estará sujeto. La escritura se impone entonces
como la creación de un mundo de presencias que en el discurso lineal
se representan por la presencia del Dr. Schneider, por la presencia del Dr.
Schnitzler, R. y muchas más. (Véase Roberts 1983).
Cuando Barrera López (1982) estudia el tiempo de la escritura,
se limita a señalar que Abaddón es una obra del siglo XX. La estructura
temporal de la escritura en Abaddón es altamente compleja. En el caso
de nuestra última cita "A la mañana quiere escribir..." tenemos
por un lado el tiempo en que escribe Sabato, y por otro el tiempo en que escribe
el narrador. Barrera López distingue este último y lo llama "tiempo
de la lectura" sin tomar en cuenta que es "tiempo de la lectura" para cada actualización
particular del texto, pero es un segundo nivel del tiempo de la escritura en
el discurso, ya que el narrador de Abaddón es el sujeto que escribe sobre
otros sujetos que escriben. La estructura temporal narrativa es de hecho similar
a la que vimos en Sobre héroes y tumbas, pero complicada en Abaddón
por la inserción de la presencia de la obra dentro de la obra.
La escritura en Bruno es recuerdo y rememoración, es reflexión
contemplativa sobre el mundo, es confidencia y enfrentamiento. En Abaddón
Bruno es una de las figuras centrales y es uno de los autores del discurso en
cuyos enunciados se alcanza la máxima expresión de la escritura.
Es en Bruno donde la escritura adquiere todo su valor metafísico y se
presenta como opción ante la eternidad. En Bruno la escritura es signo
de la presencia del ser. En Abaddón la escritura desafía al tiempo
y a la muerte. La novela como producto de la escritura sobrevive a la muerte
de sus personajes y del escritor. La voz autorial sobrevive a la muerte y al
tiempo, se perpetúa en la escritura y el texto. Sabato, el personaje
del discurso, muere hacia el final de la novela y es la mente de Bruno, la imaginación
y la voz de Bruno las que generan el discurso. El texto y la escritura sobreviven
al personaje Sabato, y ulteriormente sobrevivirán al autor. En este sentido
la escritura es el signo del ser, el representamen de la presencia del ser humano.
Tómese por ejemplo el siguiente enunciado:
"UNA ESPECIE DE INMORTALIDAD DEL ALMA pensaba Bruno, no una verdadera inmortalidad.
Porque aquella Alejandra que perduraba en el espíritu de Martín..."(204).
El narrador se sitúa en la conciencia de Bruno y desde ahí nos
refiere el acontecer, un acontecer que ocurre en el discurso narrativo de Sobre
héroes y tumbas. Esta sección es una indagación en la validez
del recuerdo y la escritura, una indagación en la inmortalidad del espíritu
y la existencia humana. Bruno recuerda el encuentro de Martín y Alejandra
en el parque Lezama, tal y como se lo había contado Martín, tal
y como él lo había imaginado, en una sala de espejos, como si
le hubiera sucedido a él: "...porque aquel muchacho (aquel hombre?) era
como su propio pasado y podía descifrar sus pensamientos más recónditos..."(208).
Para Bruno, como para el lector, la escritura es la ilusión de otra ilusión,
el signo de otro signo.
4.4. Significación
de la escritura.
La tematización de la escritura en el discurso sabatiano debe verse
(i) a la luz de la teoría de la escritura expuesta por Sabato, y (ii)
bajo la pespectiva de una teoría de escritura más general, inscrita
en el marco de una teoría semiótica y una filosofía del
lenguaje. Bajo la perspectiva expuesta por Sabato los estudios que se ocupan
del asunto (Dellepiane 1968a, Oberhelman 1970, Correa 1971, Catania 1973) se
proponen probar ideas generales como la función de la escritura en tanto
que catarsis, el desdoblamiento del autor y los personajes, etcétera.
Por el otro lado el análisis semiótico se pregunta sobre el funcionamiento
del sistema, el ordenamiento de los códigos y los signos, y la forma
en que estas operaciones se realizan. El estudio de la escritura como hipersigno
de un sistema de comunicación estética, debe ser llevado a cabo
en la perspectiva de ese mismo sistema, es decir, en relación con los
signos y códigos que forman el discurso lineal. En este momento del análisis
Corti (1976) distingue entre micropolisemia y macropolisemia: "La micropolisemia
è oggetto di ricerca sia linguistica sia critico-semiologica, mentre
la macropolisemia, che è una produzione segnica nouva del testo como
tale, è specifico oggetto della critica semiologica."(109). Es precisamente
este tipo de análisis macropolisémico el que nos permite contemplar
el discurso en toda su significación como mensaje semiótico y
como comunicación estética.