6.0. UNA SOCIEDAD BIBLIOCRATICA

 Leer es una de la actividades básicas de nuestra sociedad, es una herramienta que permite el desenvolverse en un mundo de signos gráficos y nos abre acceso al conocimiento. El conocimiento depositado en los libros es unicamente asequible a través de la lectura. Leer la palabra es por lo tanto, tener la gracia del saber. Nuestra sociedad es una sociedad bibliocrática. El signo de nuestro credo es el libro, y su culto lo practicamos en enormes bibliotecas a menudo suntuosas y elaboradas como las catedrales góticas. Al igual que los íconos y las imágenes religiosas, los libros también tienen un altar en nuestras viviendas. La presencia de libros en un hogar forma parte de la personalidad y rasgos de sus habitantes, es como el credo que practican o el trabajo que desempeñan, por eso se explica que Edmundo de Amicis llegara a decir que "una casa senza libri è una casa senza dignità." A menudo juzgamos a las personas por la presencia de libros en su entorno, y en general recomendamos la lectura como una actividad importante y necesaria en la vida de todo ser humano.

 Nuestro culto a la letra impresa no es más que una modalidad de ese espíritu que en la Edad Media se reflejaba en el manuscrito, y que otras culturas han revelado en sus códices, sus papiros o sus tablas. Es el mismo culto que hoy rendimos al celuloide o a la microficha. Es en el fondo, un culto al conocimiento que sospechamos encerrado en la página escrita.
 Los textos de Sabato forman parte de este mundo bibliófilo donde se da por sentado el fenómeno de la lectura. Como se discutió en (5.2.), es significativo que desde la primera página de El túnel Castel dice: "supongo que el proceso está en el recuerdo de todos"(11), lo que se interpreta como "suponer una sociedad donde se leen periódicos, preferiblemente la sección de asesinatos, sobre todo cuando se trata de un pintor famoso." Más adelante es del todo explícito cuando nos dice que "esa gente que siempre anda detrás de las explicaciones es la más curiosa y pienso que ninguno de ellos se perderá la oportunidad de leer la historia de un crimen hasta el final."(14). Como ya señalé anteriormente, también Fernando expresa su gusto por la sección policial. En el "Informe" confiesa que siempre le ha fascinado leer dos cosas: los avisos y la sección policial. "Lo único que leo desde los veinte años, lo único que nos ilustra sobre la naturaleza humana y sobre los grandes problemas metafísicos."(324). Y más adelante: "Además, ¡qué sensación de verdad que se siente leyendo la sección policial, después de leer las declaraciones de los políticos!"(324). Los narradores de estos textos no sólo pertenecen a este mundo de lectores, sino que tienen sus ideas muy particulares sobre lo que se lee. Se da el reconocimiento explícito de diferentes formas del discurso, a los cuales corresponde un lector específico y un concepción determinada del acto de leer.

 La conciencia de Castel sobre el acto de la lectura es evidente. Siguiendo sus disquisiciones editoriales se pregunta el por qué de "apenas una débil esperanza si el manuscrito ha de ser leído por tantas personas?"(15). La madrugada del asesinato, después de haberse entregado en la comisaría Castel ve amanecer y dice: "Pensé que muchos hombres y mujeres comenzarían a despertarse y luego tomarían el desayuno y leerían el diario..."(135). Es evidente que en el mundo de Castel, de Fernando o de Sabato, la lectura es parte integral del proceso social. Leer, es por lo tanto, un fenómeno tan cotidiano como hablar o escuchar música, es parte de ser humanos y vivir en sociedad. Pero la lectura no se limita únicamente a los llamados "textos pragmáticos", sino que se extiende a todo tipo de textos, sobre todo a los textos de ficción.

6.1. Función de la lectura
 La lectura tiene una función gnoseológica, es una forma del conocimiento y al mismo tiempo es su vehículo, su instrumental. La lectura es un intento del hombre de conocer mundos distintos y comprenderlos, es el intento de descifrar el universo y entenderlo. No obstante, entender y comprender el mundo encierra en sí una finalidad más íntima y profunda: la necesidad de entenderse a sí mismo.
 Una de las preguntas más importantes en el marco teórico contemporáneo es el de la producción de significado en el proceso de la lectura. A este propósito se han dedicado un sin número de estudios críticos que van desde el trabajo de Ogden & Richards (1923) hasta los trabajos más recientes en el marco conceptual de la semiótica y el desconstruccionismo, como los de Eco (1979), Derrida (1967), Fish (1980) y Iser (1974, 1976, 1980) entre otros. Las conclusiones a las que se ha llegado son, en suma, plurales y a menudo contradictorias. Mientras para Hirsch (1976) el significado del texto está sujeto al significado que el autor intentó transmitir a través de la escritura, para críticos como Eco (1979) el significado responde más a las diferentes posibilidades que el lector es capaz de sustentar en el texto. Crosman (1980) lleva a cabo una evaluación que si bien no aporta elementos nuevos a la discusión, establece claramente una medida intermedia entre lo que llamamos la "intención autorial" y la "autoridad interpretativa." En respuesta a la primera de estas afirmaciones Crosman arguye en el citado artículo que "the act of understanding a poet's words by placing them in the context of his intentions is only one of a number of possible ways of understanding them."(151). Y más adelante agrega que "the hope for univocality of literary texts appears not only naive but misguided. In order to serve the various needs and desires of various readers, texts ought to have various meanings."(162). Sin embargo, la idea original de Eco (1962) de la "opera aperta" no resulta ser del todo instrumental, ya que con cierta imaginación cualquier lector puede documentar su lectura, por disparatada y tomada por los pelos que ésta sea. Por lo tanto, si bien es imprescindible la perspectiva plurívoca del texto, es igualmente fundamental aceptar que el texto contiene en sí un cierto número de posibilidades interpretativas, y que por plurales y variadas que éstas sean, tienen en sí un límite.
 Como ha demostrado Fish (1980), la lectura es fundamentalmente un problema de interpretación. El significado que un lector extrae de un texto está condicionado en primer lugar, por las posibilidades del texto mismo, por las asociaciones e imágenes que evoca; pero en el proceso de lectura el sujeto lector aporta una serie de experiencias y valores, un mundo de lecturas previas, de expectativas y sentidos del discurso narrativo que se incorporan al texto en el acto de leer y contribuyen al resultado final, es decir, a la significación del texto. Sabato discute este asunto en Abaddón a través del personaje Sabato, escritor que se pregunta por la función de sus escritos, escritor que al ver a un chico "...trataba de imaginarse por qué leía sus libros, qué páginas podían ayudarlo en sus ansiedades, y cuáles, por el contrario, sólo servían para intensificarlas"(59), y a esto se suma la pluralidad de interpretaciones: "Lo que más le asombraba era esa variedad de seres que pueden leer el mismo libro, como si fueran muchos y hasta infinitos libros diferentes: un único texto que no obstante permite innumerables interpretaciones, distintas y hasta opuestas, sobre la vida y la muerte, sobre el sentido de la existencia."(Idem)

6.2. Teoría de la lectura
 Las teorías de crítica literaria como ya hemos visto, son respuesta del ser humano a las preguntas que un lector se hace ante un texto. Aunque todo crítico no es en realidad más que un lector, el cambio que instaló en el centro del análisis crítico al lector se ha conocido como crítica de la lectura, o crítica de la recepción. La crítica de la lectura surge así como una revolución de esas que como dice Suleiman (1980) "occur quietly: no manifestos, no marching and singing, no tumult in the streets; simply a shift of perspective, a new way of seeing what has always been there."(3). Pero las consecuencias de esta revolución han sido mayores que algunas de las grandes revoluciones políticas de la historia. Con la introducción de la crítica de la lectura, surge toda una nueva perspectiva de la literatura y del fenómeno de la comunicación.
 Desde el punto de vista de la crítica retórica de la lectura es posible analizar diferentes interpretaciones de la obra de Sabato. Los postulados teóricos de Booth (1968) sobre autor-implícito y lector-implícito permiten identificar las dos entidades involucradas en el proceso de comunicación. Sin embargo debe rechazarse la concepción de Booth de este lector-implícito como una entidad puntual y discreta, y más bien concebir a este lector-implícito como una variable, determinada por su situación histórica y social, y por todos los elementos que en la concepción de Fish (1980) definen lo que propone como una "comunidad interpretativa". El ideal de este análisis es mantenerse en una postura abierta a diferentes actualizaciones del texto y arribar a diferentes lecturas del mismo, para no caer en la limitación de la hermenéutica negativista que postula una interpretación válida, y dejar abiertas las posibilidades en la línea de la hermenéutica positivista, donde el texto es más que la suma de todas las posibles lecturas.
 El lector-implícito del que nos habla Booth (1968) puede manifestarse de diferentes maneras en el texto. En esta línea de pensamiento encuentro fructífera la distinción propuesta por Brooke-Rose (1980) en cuanto a la codificación del texto, ya que es determinante en la relación que se establece entre el narrador y el lector. Brook-Rose habla de un "código superdeterminado" (an overdetermined code), de un "código indeterminado" (an undetermined code) y de un "código no-determinado" (a nondetermined code); y propone la necesidad de todo texto de establecer un balance: "The text overdetermines certain codes, but must compensate either by underdeterminig others, or by over- and underdetermining within the same code but in such a way that the final result is underdetermined."(147). De esta manera es posible estudiar en forma discreta la presencia del lector en el texto y establecer las relaciones que emergen del mismo en el proceso de la lectura.

6.3. La lectura de los textos de Sabato
 La lectura de los textos de Sabato es una lectura conflictiva y vital, sus discursos inciden en los aspectos más sensibles del ser y conmueven al lector. No hay manera de permanecer indiferente ante unos textos en los que se increpa directamente al lector, en los que se le insulta y se le interpela con arrogancia, donde se encuentra un lector-implícito supercodificado en el texto, donde se le incluye como elemento estructural de la narración misma.
 La misma actitud narrativa que encontramos en Juan Pablo Castel y Fernando Vidal Olmos, la encontramos en el Sabato del ensayo y la polémica. Narradores obsecados por una idea fija, defensores acérrimos de una verdad incontestable armados de una retórica agresiva. El lector de estos textos por fuerza debe reaccionar, debe entrar a formar parte de esa dinámica que en un marco semiótico, define el acto de la lectura. Como dice Iser (1980) "As the reader passes through the various perspectives offered by the text, and relates the different views and patterns to one another, he sets the work in motion, and so sets himself in motion, too."(106).

6.3.1. La lectura en El túnel
 Compárese, por ejemplo, la actitud de Juan Pablo Castel, el narrador de El túnel, quien confiesa que escribió sus páginas porque "pensé que podrían ser leídas por mucha gente, ya que ahora soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de éstas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA."(14).
 El mensaje que emerge del texto es complejo y ambivalente formado por dos movimientos: uno de rechazo y otro de acercamiento al lector. La primera impresión viene causada por una agresividad dirigida directamente a la audiencia, "de quien no me hago muchas ilusiones," seguida de un gesto de humildad en "la esperanza de que alguna persona llegue a entenderme." Un mensaje que se desdobla en dos campos fenomenológicos, dos modos empáticos de establecer la comunicación. El lector vacila en su forma de reaccionar ante un signo que a la vez que lo denigra, lo valora. Cómo entender la ambivalencia de este discurso, cómo situarse frente a él. He aquí una de las tantas disyuntivas que el texto nos ofrece, y es el lector el que debe deconstruir el código, aprehenderlo, y responder ante él.
 Como dejamos estipulado al inicio de estas líneas, leemos para entender, nos acercamos a un texto con la esperanza de comprender, y al comprenderlo, entenderlo. Ahora bien, ser entendido por otro es una condición fundamental para entendernos a nosotros mismos, así como entender a otro es una dimensión de ese hecho de entenderse a sí mismo. En el fondo Castel escribe sus páginas para llegar a enterderse a sí mismo, escribir y releer lo escrito, así como ser leído por otro, es una forma de trascender ese túnel "oscuro y solitario." Como dice Robert Crosman (1980) "The physical acts of pushing my pencil over the paper, and of casting my eye over the markings thus made, may be called by different names, but in practice they are inseparable. The very act of writing includes reading."(163).
 La violencia de Castel hacia su lector, ejemplificada anteriormente, se reitera varias veces a lo largo de la lectura. Recuérdese el caso en que llevado por su raciocinio lógico Castel confiesa: "Observo que se está complicando el problema, pero no veo la forma de simplificarlo. Por otra parte, el que quiera dejar de leer esta narración en este punto no tiene más que hacerlo; de una vez por todas le hago saber que cuenta con mi permiso más absoluto."(18). Este narrador que encontramos en El túnel es un narrador dispuesto a agredir en cualquier momento a su lector al mismo tiempo que apela a las esferas más profundas y sensibles de su ser.
 Los personajes de El túnel son a su vez lectores. La correspondencia personal entre María y Castel convierte a ambos personajes en lectores que comparten su actividad con los lectores del libro. A todo lo largo de la obra hay una gran conciencia de la lectura y su significación. Al final, como ya mencioné anteriormente, Castel está conciente que la gente se levantará, leerá el diario y se enterará de su asesinato. Vemos pues la importancia que la lectura tiene dento del sistema de comunicación de El túnel.

6.3.2. La lectura en Sobre héroes y tumbas.
 Similar a la postura de Juan Pablo Castel en El túnel, es la de Fernando Vidal Olmos en el "Informe sobre ciegos". El punto de vista de ambos es semejante y comparten esa agresividad narrativa que también define a Sabato, narrador de los ensayos. La capacidad polémica de Fernando se despliega en toda su magnitud, en la conversación con Norma Pugliese e Inés González Iturrat en el café de la calle Paso. Ahí se puede ver al polemista sarcástico y agresivo, al hombre lúcido que discute con una furia y una lógica endemoniada. Fernando expone aquí su opinión sobre la lectura para escándalo de la señora González Iturrat, que defiende la educación y las escuelas. Arguye Fernando en contra de los beneficios de la lectura que la: "Alemania de 1933 era uno de los pueblos más alfabetizados del mundo. Si la gente no supiera leer, al menos no podría ser idiotizada día a día por los diarios y revistas."(333).
 El lector del "Informe sobre ciegos" no puede menos que sentirse intimidado ante un interlocutor como Fernando. Al igual que lo que pasa con los seres que lo rodean en la ficción, tal como lo confiesa Bruno, el lector también se siente "dominado por aquel hombre ante quien era imposible permanecer indiferente. No era esa clase de seres que se pueden ver pasar a nuestro lado con indiferencia: instantáneamente nos atraía o nos repelía, y por lo general de los modos a la vez."(464). El lector, codificado al fin y al cabo en un mismo texto junto con Fernando es víctima de su influjo.
 En el "Informe sobre ciegos" el lector está presente desde el principio, desde que se encuentra con ese signo interrogativo que encierra la totalidad del "Informe" "¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?"(289). Esta pregunta es en los términos de Tzvetan Todorov, referencial, ya que provee información sobre un hecho: la muerte de Fernando; y establece en forma general, abstracta, la totalidad de ese universo, el universo en que el lector está a punto de sumergirse.("Reading as Construction," 68-69). El enunciado de Fernando parece ser una pregunta retórica, pero es en realidad una interpelación directa al lector, es un grito de auxilio desesperado y violento. Su función es poner en movimiento la memoria del lector que al igual que la de Fernando, deberá empezar a proyectar su "intensísimo haz hacia vastas regiones de (la) memoria."(289)
 El lector del "Informe" no se queda sin embargo en este nivel del texto sino que debe internarse en las profundidades del metatexto. Esto sucede cuando Fernando desarrolla su teoría sobre el caso Castel. Esta incursión de Fernando en el material de El túnel nos lleva a otro nivel de lectura del texto, pasamos de la ficción a la metaficción, el personaje que piensa y recuerda a otro personaje de ficción. El referente de estos signos es a su vez signo de otro discurso precedente. Narrador y lector inician entonces una revisión del caso: "Y volví entonces a analizar el caso Castel, caso que no sólo fue muy notorio por la gente implicada, sino por la crónica que desde el manicomio hizo llegar el asesino a una editorial."(396). El narrador se distancia del lector en cuanto a su relación con el caso ya que "había conocido a María Iribarne y sabía que su marido era ciego."(396). El lector en este momento reconoce que su marco referencial es más restringido que el de Fernando, es decir, se encuentra ante un código indeterminado. El discurso del narrador juega constantemente con el campo afectivo del lector, cuando inmediatamente después dice: "Es fácil imaginar el interés que tuve de conocer a Castel, pero también es fácil presumir el temor que me impidió hacerlo, pues equivalía a meterse en la boca del lobo."(396). De haberlo deseado, Fernando podría haber conocido personalmente a Castel, cosa del todo imposible para el lector, lo que resulta en una constante variación de niveles miméticos. El individuo que personalmente conoció a María Iribarne y que tuvo la posibilidad de conocer a Castel, termina diciéndonos: "¿Qué otro recurso me quedaba que el de leer, el de estudiar minuciosamente su crónica?"(396). Estudiar minuciosamente su crónica es exactamente lo que el lector ha hecho. De esta manera Fernando introduce una ficción en su ficción y se mueve en varios niveles miméticos que como ha demostrado Frye (1957: 33) se plantean en relación directa con el lector.
 La participación activa del lector en la construcción de la obra es evidente. En repetidas ocasiones el lector es llamado a reconstruir pasajes. Encerrado en el laberinto de la Secta, Fernando recuerda la historia del portero y la mucama que murieron de hambre encerrados en el ascensor. El narrador presenta todo el marco referencial y aporta completos todos los elementos proairéticos. Está en el proceso de imaginar los últimos recuerdos y suspiros de la pareja, cuando llama al lector a la acción: "Bueno, en fin, ¿para qué seguir con la descripción minuciosa? Cualquiera puede reconstruirla a poco que tenga alguna imaginación: Hambre creciente, sospechas mutuas, peleas, recriminaciones por cosas pasadas."(392). El sadismo de Fernando se regodea en la tentación del antropófago e insiste en los detalles escatológicos: "No debe olvidar el que quiera reconstruir este episodio, que, además, esos dos seres humanos deben hacer allí sus necesi dades..."(393). Fernando, conciente del proceso de lectura que el texto incita, llama al lector a la reconstrucción de los significantes que se encuentran codificados en su texto, sarcásticamente nos da la opción de construir, nos invita a llenar los espacios vacíos, los blancos del texto, o continuar la lectura de la estructura superficial del mismo.
 La relación dinámica entre narrador y lector se plantea siempre a un nivel consciente, es decir, por medio de una supercodificación del texto, el narrador tiene conciencia de narrar y lo más importante, de ser leído, de estar siendo escuchado. De esta manera su relación con el lector es abierta y dinámica y se sitúa al mismo nivel comunicativo. Considérese por ejemplo el siguiente enunciado: "Se me ocurre -dice Fernando- que al leer la historia de Norma Pugliese algunos de ustedes pensarán que soy un canalla."(340). Como puede verse, estamos en contacto con un lector que tiene plena conciencia de las diferentes interpretaciones del texto. Su violencia y arrogancia se desarrollan en las siguientes frases donde acepta y justifica ser un canalla sin ningún respeto para sí mismo, con un argumento que intimida directamente al lector: "¿y quién que ahonde en los pliegues de su conciencia puede respetarse?"(Idem). Así el lector, hombre que sin duda pretende ahondar en los pliegues de su conciencia, hombre que sin duda encuentra tener cierto respeto para sí mismo, se encuentra ante una irresoluble contradicción.
 Fernando hace un recuento del caso Castel dejando por sentado el hecho de que se trata de una venganza de la Secta, y propone una serie de variaciones o posibilidades. Concluye diciendo que: "Hay todavía algunas variantes de las variantes, que no vale la pena que yo describa pues cada uno de ustedes puede fácilmente ensayar como ejercicio; ejercicio por otra parte útil pues nunca se sabe cuándo y cómo puede caerse en alguno de los ambíguos mecanismos de la Secta."(398). Aquí el narrador introduce al lector activamente no sólo en la lectura, sino en la producción del texto; el lector es llamado a producir variantes y posibilidades que son a su vez posibilidades del texto. Más aún, el narrador nos advierte sobre los peligros de la Secta e indirectamente amenaza al lector "pues nunca se sabe cuándo ni cómo puede caerse." Llegamos así a este tercer nivel de la lectura donde el lector pasa a situarse como protagonista del texto, porque nosotros también podemos ser víctimas de "los ambiguos mecanismos de la Secta."
 Las últimas líneas del "Informe sobre ciegos" no hacen más que confirmarnos esta advertencia de Fernando, comunicarnos claramente que también el lector, en el transcurso de la lectura, ha caído. Concluye Fernando diciendo: "Aquí termino, pues, mi Informe, que guardo en un lugar en que la Secta no pueda hallarlo."(449). Y sin embargo aquí estamos nosotros, con el "Informe" en la mano, leyendo la historia; por lo cual debemos asumir que la Secta no sólo lo halló sino que decidió publicarlo, que decidió darlo a la luz en una novela que sin lugar a dudas escribió alguien por encargo de la Secta, o quizás hasta uno de sus miembros, para despistar a los ilusos lectores que pensarán que todo es una ficción, que todo es la obra de un "insensato."

6.3.3. La lectura en Abaddón el exterminador.
 En Abaddón el fenómeno de la lectura es todavía más complejo. Tal y como se vio en (4.3.3.) la escritura es acción y motivo de un proceso de lectura y recreación. Abaddón es escritura de un texto que presupone la lectura de textos precedentes. El lector de Abaddón se mueve en un mundo compuesto de varios pretextos, un discurso que comprende una serie de discursos precedentes. De manera análoga al pretexto presente en El túnel (véase 5.2.), Abaddón contiene en sus estructuras subyacentes los discursos que desde 1945 componen la escritura sabatiana. Esto es evidente en la afirmación de Sabato cuando en un café se encuentra con Nacho y experimenta "Ese triste sentimiento que sólo los escritores pueden sufrir y que unicamente ellos pueden comprender, pensaba con amargura. Porque no basta ser conocido (como un actor o un político) para experimentar ese matíz de desazón: es imprescindible ser autor de ficciones, alguien que es enjuiciado no sólo por lo que son juzgadas las personas públicas sino por lo que los personajes de novela son y sugieren."(58).
 Los personajes de Sabato se mezclan en un mundo de lectura y textos. Bruno, por ejemplo, encuentra a Castel en Abaddón en la unidad titulada "Un desconocido". Este discurso es un desdoblamiento magistral del fenómeno de la lectura e intimamente ligado a la teoría de la "crónica policial". Bruno ve a Castel en un bar frente a una copa pero no lo reconoce. "Ese hombre, pensó Bruno, está absoluta y definitivamente solo. No sabía por qué le resultaba conocido, y durante mucho tiempo rebuscó en su memoria, trató de vincularlo a alguna fotografía en diarios o revistas."(167). Hasta este momento el lector tampoco sabe de quien se está hablando, la única pista que se tiene relaciona al individuo con el periodismo. "Por otra parte parecía asombroso que un individuo con ropa tan raída, un ser que llegado hasta ese último escalón, pudiera ser personaje de periodismo. A menos, se le ocurrió de pronto, que alguna vez haya tenido algo que ver con un hecho policial."(Idem). En este momento el lector se instala de nuevo en el mundo de la "crónica policial", un terreno bastante familiar, y posiblemente empieza a recorrer los casos policiales que forman parte de su competencia intertextual. Cuando el desconocido sale el narrador hace la siguiente observación: "Bruno, acostumbrado a escudriñar hombres en soledad, contemplativo y abúlico como era, pensó: "O es un criminal o es un artista."(168). La duda continúa en Bruno por meses, "Hasta que un día creyó recordar algo, tuvo una sospecha. Buscó en su archivo, archivo que no era ni el de un filósofo, ni el de un escritor o periodista, sino más bien, el archivo de un hombre para quien la humanidad constituye un doloroso misterio. Sí, ahí estaba la fotografía: el desconocido era aquel Juan Pablo Castel que en 1947 había matado a su amante."(168). En este momento el lector ideal de Abaddón, que tiene en su enciclopedia el discurso de 1948 y que recuerda a Castel, llevará a cabo ahora un proceso de inferencia para actualizar su lectura. Es interesante notar que el recorte que Bruno encuentra en su archivo es el pretexto de El túnel, es el enunciado que da lugar al discurso de El túnel. En este momento el acápite "Un desconocido" se revela en todo su sentido irónico, ya que el sujeto de la enunciación es un conocido.
 Abaddón el exterminador refuerza la hipótesis propuesta sobre la función cognociva de la "crónica policial" (5.2.3.). En Abaddón, Sabato camina por la calle Uruguay "...toma un café en EL FORO, compra LA RAZON y lee con cuidado las noticias, empezando desde atrás, ya que, según ha comprobado a lo largo de su vida, los diarios y revistas están hechos al revés, y las cosas más interesantes están siempre en las últimas páginas."(132). Es evidente que Sabato se refiere a la "crónica policial" y los acontecimientos criminales. La fuerza e importancia de la "crónica policial", así como su función sémica en el desarrollo de todo el discurso sabatiano, puede documentarse con una cita de la carta a un "querido y remoto muchacho," cuando discutiendo el tratamiento de un tema en el arte dice: "Son los hombres los que son pequeños, grandes, sublimes o triviales. La "misma" historia del estudiante pobre que mata a una usurera puede ser una mera crónica policial o CRIMEN Y CASTIGO."(116). Similar a ésta es la referencia a Flaubert: "Y no vayas a creer que Flaubert escribió la historia de aquella pobre diabla, porque se lo pidieron: escribió porque tuvo la súbita impresión de que en aquella historia policial podía escribir su propia y secreta historia policial, ridiculizándose a sí mismo con la misma crueldad con que sólo un gran neurótico puede hablar de su yo."(120). La importancia de la "crónica policial" como código generador del discurso literario es como podemos ver, tanto una unidad semiótica -en su calidad de código-como unidad temática -en su calidad ontológica-.
 La tematización de la lectura en Abaddón se muestra a todo lo largo de sus páginas. Sabato continuamente está haciendo planes de escribir y leer. Para disculparse por no asistir a algunos eventos Sabato alega un ataque de gota "...que por otra parte se produce apenas invocado. Ataque que le dura quince o veinte días y que es aprovechado para leer de una buena vez El Quijote, prometiéndose que apenas salga del dolor se pondrá a escribir."(136). Las alusiones a la lectura son abundantes en Abaddón el exterminador, proliferan las discusiones sobre lo que se lee y como se lee, sobre los beneficios y los maleficios de la lectura, sobre lo que se debería leer y cómo se debería leer.  En definitiva, Abaddón es una obra acerca de la influencia de la lectura en la vida de los seres humanos, los efectos que tiene la lectura en el hombre, y demuestra la enorme porción de nosotros mismos que es material semiótico.
 Dice Suleiman (1980) que en el análisis del proceso de lectura hay dos cosas fundamentales: "the nature of the relationship between a text and an individual realization of it... and the status of the reading subject."(23)  El objetivo de estas páginas ha sido relacionar estos dos aspectos cuya importancia y trascendencia es fundamental en la evaluación de cualquier texto, con el interés de demostrar que la estructura del discurso sabatiano tiene íntima relación con el concepto de lectura y escritura que subyace en el mismo.
 
 

6.3.4. La lectura en los ensayos de Sabato.
 El narrador de los ensayos de Sabato no se diferencia en mucho de los dos narradores antes analizados. Toda la primera parte de El escritor está escrita en la misma modalidad dialógica que hemos visto en El túnel, y en el "Informe sobre ciegos". Los enunciados del narrador se establecen como respuestas a un enunciado precedente, de esta forma el texto se plantea como un diálogo donde el enunciante es en muchos casos, nada más y menos que el lector. Considérese el primer enunciado del El escritor: "¿Tienen razón los pensadores que anuncian el ocaso del género novelístico?"(13). Desde este primer enunciado se establece el modo dialógico, el texto se plantea como consecuencia de una "enunciación" precedente, es decir, como respuesta a otro enunciado. El segundo apartado de la misma obra empieza diciendo: "Uno de los escritores partidarios de la literatura "objetiva" sostiene que el novelista..."(15). Y el tercer apartado empieza: "Sí. Los rusos tenían hacia mediados del siglo pasado problemas muy parecidos a los nuestros..."(16). En todos los casos es evidente la presencia de un interlocutor en el texto mismo, no se trata por tanto de una entidad extraliteraria, no se trata de un intruso lector, sino de la presencia de un personaje fundamental del texto, un emisor que a la vez de ser sujeto del texto, es su objeto. El lector por tanto se encuentra supercodificado en el texto, es parte ya del enunciado y el texto se presenta como respuesta en el sentido en que lo expresa Bahktin (1981, 1982: 248-293).
 El narrador Sabato, narrador-implícito de los ensayos participa de estas características que hemos encontrado en Juan Pablo Castel y en Fernando Vidal Olmos. Es un narrador agresivo, es un narrador que tiene plena conciencia de estar siendo escuchado y que no escatima recursos para amedrentar al lector. En la Advertencia a su primer libro de ensayos Uno y el universo, leemos: "El Universo del que se habla aquí es mi Universo particular y, por lo tanto, incompleto, contradictorio y perfeccionable; no poseo la más modesta "Weltanschauung" que pueda satisfacer a una persona respetable o germánica; prohibo a estos inspectores del urbanismo filosófico que lean este libro (no veo, además, para qué habrían de leerlo)."(15). Los ejemplos de esta actitud típica del narrador Sabato o de sus personajes-narradores podrían documentarse aún más, pero no es el objetivo de estas líneas saturar la paciencia del lector, sino más bien poner de relieve una modalidad narrativa fundamental en la relación que se establece entre el narrador y el receptor de estos textos. En este sentido afirma Eco (1979) "si può attualizzare una fabula, ovvero una sequenza di azioni, anche in testi non narrativi, anche in atti linguistici più elementari como domande, comandi, giuramenti, o in frammenti conversacionali."(106). Por eso, decir que en el ensayo no se desarrolla una fábula en la que se van desarrollando una serie de acciones, es desconocer la estructura narrativa que subyace en la estructura profunda del texto. El discurso mismo que el lector lee en este momento, con todo y que pretende ser un "ensayo crítico", no deja el ámbito del discurso narrativo, presentando una fábula, personajes, modos narrativos, etc. De hecho, la extrapolación de la fábula que el lector efectúa parece ser una función imprescindible para la actualización de cualquier mensaje semiótico. Como dice Eco (1979) "per pasare dalle sttruture discorsive alle sttruture di mondi sembra che una sintesi a livello di fabula sia indispensabile.(106). Por otro lado es demostrable según la lingüística generativa, que en las estructuras subyacentes de cualquier enunciado, se encuentran las proposiciones completas que dan sentido al enunciado. Las proposiciones enuncian completamente el desarrollo de la fábula. En esta misma manera el discurso ensayístico provee los indicios para reconstruir una fábula o trama narrativa, comparable a la estructura narrativa de un discurso novelístico.
 
6.4. Significación de la lectura
 En El escritor leemos: "Una de las misiones de la gran literatura: despertar al hombre que viaja hacia el patíbulo."(27). La lectura, por tanto, medio al través del cual accedemos a la literatura, tiene como función primordial el despertar, el echar a andar la máquina de la conciencia, el activar un proceso de reescritura y recreación del mundo que aspira de alguna manera a significar al ser humano.
 La forma en que leemos tiene fundamental importancia en nuestra discusión sobre géneros literarios, ya que entre género literario y lectura, existe una relación mutua y dinámica perfilada por la competencia del sujeto lector. La forma en que leemos una tira cómica, una novela de Dostoyevski o un manual de álgebra, están condicionadas por una tradición, por un conjunto de valores y símbolos, por el significado que el signo "tira cómica", "novela" o "álgebra" despierta en el sistema semiótico del lector, por los diferentes valores que cada uno de esos signos representa para la determinada comunidad de lectores a la cual el lector pertenece. Como dice Jonathan Culler, "Reading and interpretation may be carried out in solitude, but they are highly social activities, which cannot be separated from the interpersonal and institutional conventions that are explicitly manifested in literary journals, critical discussions, and literary education."(1980, 52).
 La lectura de una novela difiere de la lectura de un ensayo en varias dimensiones: de la novela esperamos entretenimiento y recreación, la consideramos como un mundo en sí que establece sus propias leyes y aceptamos la inferencia de la fantasía y la imaginación en el mundo real, es "autoreferencial". En el ensayo esperamos verosimilitud y objetividad, nos movemos dentro del mundo real y tangible y estamos sujetos a las leyes de la lógica, la deducción y la inferencia, la especulación no puede sobrepasar ciertos límites fijados y la contradicción no tiene cabida alguna. En resumen, la clasificación en géneros determina de manera significativa nuestro modo de lectura, nuestro comportamiento y los niveles de significación en los cuales nos movemos en tanto que lectores. Pero esto nos lleva a preguntar hasta qué punto estas variaciones están justificadas, ya que como hemos visto en (4.1.) no se puede hablar de objetividad en ningún caso de escritura, debido a que el simple hecho de transcribir o contar una experiencia, convierte la experiencia real en experiencia subjetiva y fenómeno semiótico. Por otro, lado nuestro comportamiento en tanto que lectores presenta también esa mezcla de objetividad y subjetividad, de pensamiento racional y pensamiento intuitivo.
 Leemos El túnel como una novela aunque el narrador nos asegura que se trata de la "historia de mi crimen", del "relato de mi crimen"(13). El lector implícito de El túnel no sólo comparte la realidad histórica con el personaje, sino que además ya está familiarizado con la historia: "supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona."(11). El autor nos afirma la historicidad del crimen, alude al proceso judicial y afirma estar escribiendo desde el sanatorio. Sin embargo, no dudamos ni por un instante de la esencia novelística del texto. El hecho mismo de presentar la ficción como historia, es ya una convención del género, que como dice Wayne Booth (1961) "el lector sabe que no debe creer."(??).
 Si se presentara a la luz pública la sentencia legal contra el Sr. Juan Pablo Castel y se comprobara su existencia real en un asilo, El túnel dejaría de leerse como una novela y dejaría de ser una ficción. La simple posibilidad de que se trate de un hecho que en realidad ocurrió trastorna el modo de nuestra lectura, incide en la descodificación de los signos y se refleja en el significado de la lectura. La presencia de la retirada del General Lavalle en Sobre héroes y tumbas, siendo como es un hecho histórico, ha causado enormes trastornos, ha llevado a los críticos a postular la posibilidad de una "novela histórica" y a alterar su lectura general. El mismo autor se ha cansado de repetir que Lavalle no es más que otro personaje de la ficción novelesca semejante a Martín o a Alejandra, y que en ningún momento se ha propuesto escribir una novela histórica.
 Leer, es por lo tanto, una forma de comportamiento social, una forma de asegurarnos una posición en una sociedad bibliocrática, una forma de acceder al conocimiento y al poder. La relación que se establece entre el narrador de estos textos y el lector implícito en ellos, determina de manera radical el resultado del acto de lectura. La significación que se desprende de la deconstrucción de sus enunciados está inevitablemente permeada por esa relación ambigua y dinámica: ese rechazo violento que nos provoca, y esa atracción ineludible que nos seduce al reconocernos en el texto con todas nuestras angustias y nuestras ansiedades, desnudos signos lectores de otro signo, de otra representación concreta en las que sospechamos algún significado, algún valor, al igual que lo sospechamos en nosotros mismos.