Leer es una de la actividades básicas de nuestra sociedad, es una herramienta que permite el desenvolverse en un mundo de signos gráficos y nos abre acceso al conocimiento. El conocimiento depositado en los libros es unicamente asequible a través de la lectura. Leer la palabra es por lo tanto, tener la gracia del saber. Nuestra sociedad es una sociedad bibliocrática. El signo de nuestro credo es el libro, y su culto lo practicamos en enormes bibliotecas a menudo suntuosas y elaboradas como las catedrales góticas. Al igual que los íconos y las imágenes religiosas, los libros también tienen un altar en nuestras viviendas. La presencia de libros en un hogar forma parte de la personalidad y rasgos de sus habitantes, es como el credo que practican o el trabajo que desempeñan, por eso se explica que Edmundo de Amicis llegara a decir que "una casa senza libri è una casa senza dignità." A menudo juzgamos a las personas por la presencia de libros en su entorno, y en general recomendamos la lectura como una actividad importante y necesaria en la vida de todo ser humano.
Nuestro culto a
la letra impresa no es más que una modalidad de ese espíritu que
en la Edad Media se reflejaba en el manuscrito, y que otras culturas han revelado
en sus códices, sus papiros o sus tablas. Es el mismo culto que hoy rendimos
al celuloide o a la microficha. Es en el fondo, un culto al conocimiento que
sospechamos encerrado en la página escrita.
Los textos de Sabato forman parte de este mundo bibliófilo donde
se da por sentado el fenómeno de la lectura. Como se discutió
en (5.2.), es significativo que desde la primera página de El túnel
Castel dice: "supongo que el proceso está en el recuerdo de todos"(11),
lo que se interpreta como "suponer una sociedad donde se leen periódicos,
preferiblemente la sección de asesinatos, sobre todo cuando se trata
de un pintor famoso." Más adelante es del todo explícito cuando
nos dice que "esa gente que siempre anda detrás de las explicaciones
es la más curiosa y pienso que ninguno de ellos se perderá la
oportunidad de leer la historia de un crimen hasta el final."(14). Como ya señalé
anteriormente, también Fernando expresa su gusto por la sección
policial. En el "Informe" confiesa que siempre le ha fascinado leer dos cosas:
los avisos y la sección policial. "Lo único que leo desde los
veinte años, lo único que nos ilustra sobre la naturaleza humana
y sobre los grandes problemas metafísicos."(324). Y más adelante:
"Además, ¡qué sensación de verdad que se siente leyendo
la sección policial, después de leer las declaraciones de los
políticos!"(324). Los narradores de estos textos no sólo pertenecen
a este mundo de lectores, sino que tienen sus ideas muy particulares sobre lo
que se lee. Se da el reconocimiento explícito de diferentes formas del
discurso, a los cuales corresponde un lector específico y un concepción
determinada del acto de leer.
La conciencia de Castel sobre el acto de la lectura es evidente. Siguiendo sus disquisiciones editoriales se pregunta el por qué de "apenas una débil esperanza si el manuscrito ha de ser leído por tantas personas?"(15). La madrugada del asesinato, después de haberse entregado en la comisaría Castel ve amanecer y dice: "Pensé que muchos hombres y mujeres comenzarían a despertarse y luego tomarían el desayuno y leerían el diario..."(135). Es evidente que en el mundo de Castel, de Fernando o de Sabato, la lectura es parte integral del proceso social. Leer, es por lo tanto, un fenómeno tan cotidiano como hablar o escuchar música, es parte de ser humanos y vivir en sociedad. Pero la lectura no se limita únicamente a los llamados "textos pragmáticos", sino que se extiende a todo tipo de textos, sobre todo a los textos de ficción.
6.1. Función de
la lectura
La lectura tiene una función gnoseológica, es una forma
del conocimiento y al mismo tiempo es su vehículo, su instrumental. La
lectura es un intento del hombre de conocer mundos distintos y comprenderlos,
es el intento de descifrar el universo y entenderlo. No obstante, entender y
comprender el mundo encierra en sí una finalidad más íntima
y profunda: la necesidad de entenderse a sí mismo.
Una de las preguntas más importantes en el marco teórico
contemporáneo es el de la producción de significado en el proceso
de la lectura. A este propósito se han dedicado un sin número
de estudios críticos que van desde el trabajo de Ogden & Richards
(1923) hasta los trabajos más recientes en el marco conceptual de la
semiótica y el desconstruccionismo, como los de Eco (1979), Derrida (1967),
Fish (1980) y Iser (1974, 1976, 1980) entre otros. Las conclusiones a las que
se ha llegado son, en suma, plurales y a menudo contradictorias. Mientras para
Hirsch (1976) el significado del texto está sujeto al significado que
el autor intentó transmitir a través de la escritura, para críticos
como Eco (1979) el significado responde más a las diferentes posibilidades
que el lector es capaz de sustentar en el texto. Crosman (1980) lleva a cabo
una evaluación que si bien no aporta elementos nuevos a la discusión,
establece claramente una medida intermedia entre lo que llamamos la "intención
autorial" y la "autoridad interpretativa." En respuesta a la primera de estas
afirmaciones Crosman arguye en el citado artículo que "the act of understanding
a poet's words by placing them in the context of his intentions is only one
of a number of possible ways of understanding them."(151). Y más adelante
agrega que "the hope for univocality of literary texts appears not only naive
but misguided. In order to serve the various needs and desires of various readers,
texts ought to have various meanings."(162). Sin embargo, la idea original de
Eco (1962) de la "opera aperta" no resulta ser del todo instrumental, ya que
con cierta imaginación cualquier lector puede documentar su lectura,
por disparatada y tomada por los pelos que ésta sea. Por lo tanto, si
bien es imprescindible la perspectiva plurívoca del texto, es igualmente
fundamental aceptar que el texto contiene en sí un cierto número
de posibilidades interpretativas, y que por plurales y variadas que éstas
sean, tienen en sí un límite.
Como ha demostrado Fish (1980), la lectura es fundamentalmente un problema
de interpretación. El significado que un lector extrae de un texto está
condicionado en primer lugar, por las posibilidades del texto mismo, por las
asociaciones e imágenes que evoca; pero en el proceso de lectura el sujeto
lector aporta una serie de experiencias y valores, un mundo de lecturas previas,
de expectativas y sentidos del discurso narrativo que se incorporan al texto
en el acto de leer y contribuyen al resultado final, es decir, a la significación
del texto. Sabato discute este asunto en Abaddón a través del
personaje Sabato, escritor que se pregunta por la función de sus escritos,
escritor que al ver a un chico "...trataba de imaginarse por qué leía
sus libros, qué páginas podían ayudarlo en sus ansiedades,
y cuáles, por el contrario, sólo servían para intensificarlas"(59),
y a esto se suma la pluralidad de interpretaciones: "Lo que más le asombraba
era esa variedad de seres que pueden leer el mismo libro, como si fueran muchos
y hasta infinitos libros diferentes: un único texto que no obstante permite
innumerables interpretaciones, distintas y hasta opuestas, sobre la vida y la
muerte, sobre el sentido de la existencia."(Idem)
6.2. Teoría de
la lectura
Las teorías de crítica literaria como ya hemos visto, son
respuesta del ser humano a las preguntas que un lector se hace ante un texto.
Aunque todo crítico no es en realidad más que un lector, el cambio
que instaló en el centro del análisis crítico al lector
se ha conocido como crítica de la lectura, o crítica de la recepción.
La crítica de la lectura surge así como una revolución
de esas que como dice Suleiman (1980) "occur quietly: no manifestos, no marching
and singing, no tumult in the streets; simply a shift of perspective, a new
way of seeing what has always been there."(3). Pero las consecuencias de esta
revolución han sido mayores que algunas de las grandes revoluciones políticas
de la historia. Con la introducción de la crítica de la lectura,
surge toda una nueva perspectiva de la literatura y del fenómeno de la
comunicación.
Desde el punto de vista de la crítica retórica de la lectura
es posible analizar diferentes interpretaciones de la obra de Sabato. Los postulados
teóricos de Booth (1968) sobre autor-implícito y lector-implícito
permiten identificar las dos entidades involucradas en el proceso de comunicación.
Sin embargo debe rechazarse la concepción de Booth de este lector-implícito
como una entidad puntual y discreta, y más bien concebir a este lector-implícito
como una variable, determinada por su situación histórica y social,
y por todos los elementos que en la concepción de Fish (1980) definen
lo que propone como una "comunidad interpretativa". El ideal de este análisis
es mantenerse en una postura abierta a diferentes actualizaciones del texto
y arribar a diferentes lecturas del mismo, para no caer en la limitación
de la hermenéutica negativista que postula una interpretación
válida, y dejar abiertas las posibilidades en la línea de la hermenéutica
positivista, donde el texto es más que la suma de todas las posibles
lecturas.
El lector-implícito del que nos habla Booth (1968) puede manifestarse
de diferentes maneras en el texto. En esta línea de pensamiento encuentro
fructífera la distinción propuesta por Brooke-Rose (1980) en cuanto
a la codificación del texto, ya que es determinante en la relación
que se establece entre el narrador y el lector. Brook-Rose habla de un "código
superdeterminado" (an overdetermined code), de un "código indeterminado"
(an undetermined code) y de un "código no-determinado" (a nondetermined
code); y propone la necesidad de todo texto de establecer un balance: "The text
overdetermines certain codes, but must compensate either by underdeterminig
others, or by over- and underdetermining within the same code but in such a
way that the final result is underdetermined."(147). De esta manera es posible
estudiar en forma discreta la presencia del lector en el texto y establecer
las relaciones que emergen del mismo en el proceso de la lectura.
6.3. La lectura de los
textos de Sabato
La lectura de los textos de Sabato es una lectura conflictiva y vital,
sus discursos inciden en los aspectos más sensibles del ser y conmueven
al lector. No hay manera de permanecer indiferente ante unos textos en los que
se increpa directamente al lector, en los que se le insulta y se le interpela
con arrogancia, donde se encuentra un lector-implícito supercodificado
en el texto, donde se le incluye como elemento estructural de la narración
misma.
La misma actitud narrativa que encontramos en Juan Pablo Castel y Fernando
Vidal Olmos, la encontramos en el Sabato del ensayo y la polémica. Narradores
obsecados por una idea fija, defensores acérrimos de una verdad incontestable
armados de una retórica agresiva. El lector de estos textos por fuerza
debe reaccionar, debe entrar a formar parte de esa dinámica que en un
marco semiótico, define el acto de la lectura. Como dice Iser (1980)
"As the reader passes through the various perspectives offered by the text,
and relates the different views and patterns to one another, he sets the work
in motion, and so sets himself in motion, too."(106).
6.3.1. La lectura en El
túnel
Compárese, por ejemplo, la actitud de Juan Pablo Castel, el narrador
de El túnel, quien confiesa que escribió sus páginas porque
"pensé que podrían ser leídas por mucha gente, ya que ahora
soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad
en general y de los lectores de éstas páginas en particular, me
anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE
SEA UNA SOLA PERSONA."(14).
El mensaje que emerge del texto es complejo y ambivalente formado por
dos movimientos: uno de rechazo y otro de acercamiento al lector. La primera
impresión viene causada por una agresividad dirigida directamente a la
audiencia, "de quien no me hago muchas ilusiones," seguida de un gesto de humildad
en "la esperanza de que alguna persona llegue a entenderme." Un mensaje que
se desdobla en dos campos fenomenológicos, dos modos empáticos
de establecer la comunicación. El lector vacila en su forma de reaccionar
ante un signo que a la vez que lo denigra, lo valora. Cómo entender la
ambivalencia de este discurso, cómo situarse frente a él. He aquí
una de las tantas disyuntivas que el texto nos ofrece, y es el lector el que
debe deconstruir el código, aprehenderlo, y responder ante él.
Como dejamos estipulado al inicio de estas líneas, leemos para
entender, nos acercamos a un texto con la esperanza de comprender, y al comprenderlo,
entenderlo. Ahora bien, ser entendido por otro es una condición fundamental
para entendernos a nosotros mismos, así como entender a otro es una dimensión
de ese hecho de entenderse a sí mismo. En el fondo Castel escribe sus
páginas para llegar a enterderse a sí mismo, escribir y releer
lo escrito, así como ser leído por otro, es una forma de trascender
ese túnel "oscuro y solitario." Como dice Robert Crosman (1980) "The
physical acts of pushing my pencil over the paper, and of casting my eye over
the markings thus made, may be called by different names, but in practice they
are inseparable. The very act of writing includes reading."(163).
La violencia de Castel hacia su lector, ejemplificada anteriormente, se
reitera varias veces a lo largo de la lectura. Recuérdese el caso en
que llevado por su raciocinio lógico Castel confiesa: "Observo que se
está complicando el problema, pero no veo la forma de simplificarlo.
Por otra parte, el que quiera dejar de leer esta narración en este punto
no tiene más que hacerlo; de una vez por todas le hago saber que cuenta
con mi permiso más absoluto."(18). Este narrador que encontramos en El
túnel es un narrador dispuesto a agredir en cualquier momento a su lector
al mismo tiempo que apela a las esferas más profundas y sensibles de
su ser.
Los personajes de El túnel son a su vez lectores. La correspondencia
personal entre María y Castel convierte a ambos personajes en lectores
que comparten su actividad con los lectores del libro. A todo lo largo de la
obra hay una gran conciencia de la lectura y su significación. Al final,
como ya mencioné anteriormente, Castel está conciente que la gente
se levantará, leerá el diario y se enterará de su asesinato.
Vemos pues la importancia que la lectura tiene dento del sistema de comunicación
de El túnel.
6.3.2. La lectura en Sobre
héroes y tumbas.
Similar a la postura de Juan Pablo Castel en El túnel, es la de
Fernando Vidal Olmos en el "Informe sobre ciegos". El punto de vista de ambos
es semejante y comparten esa agresividad narrativa que también define
a Sabato, narrador de los ensayos. La capacidad polémica de Fernando
se despliega en toda su magnitud, en la conversación con Norma Pugliese
e Inés González Iturrat en el café de la calle Paso. Ahí
se puede ver al polemista sarcástico y agresivo, al hombre lúcido
que discute con una furia y una lógica endemoniada. Fernando expone aquí
su opinión sobre la lectura para escándalo de la señora
González Iturrat, que defiende la educación y las escuelas. Arguye
Fernando en contra de los beneficios de la lectura que la: "Alemania de 1933
era uno de los pueblos más alfabetizados del mundo. Si la gente no supiera
leer, al menos no podría ser idiotizada día a día por los
diarios y revistas."(333).
El lector del "Informe sobre ciegos" no puede menos que sentirse intimidado
ante un interlocutor como Fernando. Al igual que lo que pasa con los seres que
lo rodean en la ficción, tal como lo confiesa Bruno, el lector también
se siente "dominado por aquel hombre ante quien era imposible permanecer indiferente.
No era esa clase de seres que se pueden ver pasar a nuestro lado con indiferencia:
instantáneamente nos atraía o nos repelía, y por lo general
de los modos a la vez."(464). El lector, codificado al fin y al cabo en un mismo
texto junto con Fernando es víctima de su influjo.
En el "Informe sobre ciegos" el lector está presente desde el principio,
desde que se encuentra con ese signo interrogativo que encierra la totalidad
del "Informe" "¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar
con mi asesinato?"(289). Esta pregunta es en los términos de Tzvetan
Todorov, referencial, ya que provee información sobre un hecho: la muerte
de Fernando; y establece en forma general, abstracta, la totalidad de ese universo,
el universo en que el lector está a punto de sumergirse.("Reading as
Construction," 68-69). El enunciado de Fernando parece ser una pregunta retórica,
pero es en realidad una interpelación directa al lector, es un grito
de auxilio desesperado y violento. Su función es poner en movimiento
la memoria del lector que al igual que la de Fernando, deberá empezar
a proyectar su "intensísimo haz hacia vastas regiones de (la) memoria."(289)
El lector del "Informe" no se queda sin embargo en este nivel del texto
sino que debe internarse en las profundidades del metatexto. Esto sucede cuando
Fernando desarrolla su teoría sobre el caso Castel. Esta incursión
de Fernando en el material de El túnel nos lleva a otro nivel de lectura
del texto, pasamos de la ficción a la metaficción, el personaje
que piensa y recuerda a otro personaje de ficción. El referente de estos
signos es a su vez signo de otro discurso precedente. Narrador y lector inician
entonces una revisión del caso: "Y volví entonces a analizar el
caso Castel, caso que no sólo fue muy notorio por la gente implicada,
sino por la crónica que desde el manicomio hizo llegar el asesino a una
editorial."(396). El narrador se distancia del lector en cuanto a su relación
con el caso ya que "había conocido a María Iribarne y sabía
que su marido era ciego."(396). El lector en este momento reconoce que su marco
referencial es más restringido que el de Fernando, es decir, se encuentra
ante un código indeterminado. El discurso del narrador juega constantemente
con el campo afectivo del lector, cuando inmediatamente después dice:
"Es fácil imaginar el interés que tuve de conocer a Castel, pero
también es fácil presumir el temor que me impidió hacerlo,
pues equivalía a meterse en la boca del lobo."(396). De haberlo deseado,
Fernando podría haber conocido personalmente a Castel, cosa del todo
imposible para el lector, lo que resulta en una constante variación de
niveles miméticos. El individuo que personalmente conoció a María
Iribarne y que tuvo la posibilidad de conocer a Castel, termina diciéndonos:
"¿Qué otro recurso me quedaba que el de leer, el de estudiar minuciosamente
su crónica?"(396). Estudiar minuciosamente su crónica es exactamente
lo que el lector ha hecho. De esta manera Fernando introduce una ficción
en su ficción y se mueve en varios niveles miméticos que como
ha demostrado Frye (1957: 33) se plantean en relación directa con el
lector.
La participación activa del lector en la construcción de
la obra es evidente. En repetidas ocasiones el lector es llamado a reconstruir
pasajes. Encerrado en el laberinto de la Secta, Fernando recuerda la historia
del portero y la mucama que murieron de hambre encerrados en el ascensor. El
narrador presenta todo el marco referencial y aporta completos todos los elementos
proairéticos. Está en el proceso de imaginar los últimos
recuerdos y suspiros de la pareja, cuando llama al lector a la acción:
"Bueno, en fin, ¿para qué seguir con la descripción minuciosa?
Cualquiera puede reconstruirla a poco que tenga alguna imaginación: Hambre
creciente, sospechas mutuas, peleas, recriminaciones por cosas pasadas."(392).
El sadismo de Fernando se regodea en la tentación del antropófago
e insiste en los detalles escatológicos: "No debe olvidar el que quiera
reconstruir este episodio, que, además, esos dos seres humanos deben
hacer allí sus necesi dades..."(393). Fernando, conciente del proceso
de lectura que el texto incita, llama al lector a la reconstrucción de
los significantes que se encuentran codificados en su texto, sarcásticamente
nos da la opción de construir, nos invita a llenar los espacios vacíos,
los blancos del texto, o continuar la lectura de la estructura superficial del
mismo.
La relación dinámica entre narrador y lector se plantea
siempre a un nivel consciente, es decir, por medio de una supercodificación
del texto, el narrador tiene conciencia de narrar y lo más importante,
de ser leído, de estar siendo escuchado. De esta manera su relación
con el lector es abierta y dinámica y se sitúa al mismo nivel
comunicativo. Considérese por ejemplo el siguiente enunciado: "Se me
ocurre -dice Fernando- que al leer la historia de Norma Pugliese algunos de
ustedes pensarán que soy un canalla."(340). Como puede verse, estamos
en contacto con un lector que tiene plena conciencia de las diferentes interpretaciones
del texto. Su violencia y arrogancia se desarrollan en las siguientes frases
donde acepta y justifica ser un canalla sin ningún respeto para sí
mismo, con un argumento que intimida directamente al lector: "¿y quién
que ahonde en los pliegues de su conciencia puede respetarse?"(Idem). Así
el lector, hombre que sin duda pretende ahondar en los pliegues de su conciencia,
hombre que sin duda encuentra tener cierto respeto para sí mismo, se
encuentra ante una irresoluble contradicción.
Fernando hace un recuento del caso Castel dejando por sentado el hecho
de que se trata de una venganza de la Secta, y propone una serie de variaciones
o posibilidades. Concluye diciendo que: "Hay todavía algunas variantes
de las variantes, que no vale la pena que yo describa pues cada uno de ustedes
puede fácilmente ensayar como ejercicio; ejercicio por otra parte útil
pues nunca se sabe cuándo y cómo puede caerse en alguno de los
ambíguos mecanismos de la Secta."(398). Aquí el narrador introduce
al lector activamente no sólo en la lectura, sino en la producción
del texto; el lector es llamado a producir variantes y posibilidades que son
a su vez posibilidades del texto. Más aún, el narrador nos advierte
sobre los peligros de la Secta e indirectamente amenaza al lector "pues nunca
se sabe cuándo ni cómo puede caerse." Llegamos así a este
tercer nivel de la lectura donde el lector pasa a situarse como protagonista
del texto, porque nosotros también podemos ser víctimas de "los
ambiguos mecanismos de la Secta."
Las últimas líneas del "Informe sobre ciegos" no hacen más
que confirmarnos esta advertencia de Fernando, comunicarnos claramente que también
el lector, en el transcurso de la lectura, ha caído. Concluye Fernando
diciendo: "Aquí termino, pues, mi Informe, que guardo en un lugar en
que la Secta no pueda hallarlo."(449). Y sin embargo aquí estamos nosotros,
con el "Informe" en la mano, leyendo la historia; por lo cual debemos asumir
que la Secta no sólo lo halló sino que decidió publicarlo,
que decidió darlo a la luz en una novela que sin lugar a dudas escribió
alguien por encargo de la Secta, o quizás hasta uno de sus miembros,
para despistar a los ilusos lectores que pensarán que todo es una ficción,
que todo es la obra de un "insensato."
6.3.3. La lectura en Abaddón
el exterminador.
En Abaddón el fenómeno de la lectura es todavía más
complejo. Tal y como se vio en (4.3.3.) la escritura es acción y motivo
de un proceso de lectura y recreación. Abaddón es escritura de
un texto que presupone la lectura de textos precedentes. El lector de Abaddón
se mueve en un mundo compuesto de varios pretextos, un discurso que comprende
una serie de discursos precedentes. De manera análoga al pretexto presente
en El túnel (véase 5.2.), Abaddón contiene en sus estructuras
subyacentes los discursos que desde 1945 componen la escritura sabatiana. Esto
es evidente en la afirmación de Sabato cuando en un café se encuentra
con Nacho y experimenta "Ese triste sentimiento que sólo los escritores
pueden sufrir y que unicamente ellos pueden comprender, pensaba con amargura.
Porque no basta ser conocido (como un actor o un político) para experimentar
ese matíz de desazón: es imprescindible ser autor de ficciones,
alguien que es enjuiciado no sólo por lo que son juzgadas las personas
públicas sino por lo que los personajes de novela son y sugieren."(58).
Los personajes de Sabato se mezclan en un mundo de lectura y textos. Bruno,
por ejemplo, encuentra a Castel en Abaddón en la unidad titulada "Un
desconocido". Este discurso es un desdoblamiento magistral del fenómeno
de la lectura e intimamente ligado a la teoría de la "crónica
policial". Bruno ve a Castel en un bar frente a una copa pero no lo reconoce.
"Ese hombre, pensó Bruno, está absoluta y definitivamente solo.
No sabía por qué le resultaba conocido, y durante mucho tiempo
rebuscó en su memoria, trató de vincularlo a alguna fotografía
en diarios o revistas."(167). Hasta este momento el lector tampoco sabe de quien
se está hablando, la única pista que se tiene relaciona al individuo
con el periodismo. "Por otra parte parecía asombroso que un individuo
con ropa tan raída, un ser que llegado hasta ese último escalón,
pudiera ser personaje de periodismo. A menos, se le ocurrió de pronto,
que alguna vez haya tenido algo que ver con un hecho policial."(Idem). En este
momento el lector se instala de nuevo en el mundo de la "crónica policial",
un terreno bastante familiar, y posiblemente empieza a recorrer los casos policiales
que forman parte de su competencia intertextual. Cuando el desconocido sale
el narrador hace la siguiente observación: "Bruno, acostumbrado a escudriñar
hombres en soledad, contemplativo y abúlico como era, pensó: "O
es un criminal o es un artista."(168). La duda continúa en Bruno por
meses, "Hasta que un día creyó recordar algo, tuvo una sospecha.
Buscó en su archivo, archivo que no era ni el de un filósofo,
ni el de un escritor o periodista, sino más bien, el archivo de un hombre
para quien la humanidad constituye un doloroso misterio. Sí, ahí
estaba la fotografía: el desconocido era aquel Juan Pablo Castel que
en 1947 había matado a su amante."(168). En este momento el lector ideal
de Abaddón, que tiene en su enciclopedia el discurso de 1948 y que recuerda
a Castel, llevará a cabo ahora un proceso de inferencia para actualizar
su lectura. Es interesante notar que el recorte que Bruno encuentra en su archivo
es el pretexto de El túnel, es el enunciado que da lugar al discurso
de El túnel. En este momento el acápite "Un desconocido" se revela
en todo su sentido irónico, ya que el sujeto de la enunciación
es un conocido.
Abaddón el exterminador refuerza la hipótesis propuesta
sobre la función cognociva de la "crónica policial" (5.2.3.).
En Abaddón, Sabato camina por la calle Uruguay "...toma un café
en EL FORO, compra LA RAZON y lee con cuidado las noticias, empezando desde
atrás, ya que, según ha comprobado a lo largo de su vida, los
diarios y revistas están hechos al revés, y las cosas más
interesantes están siempre en las últimas páginas."(132).
Es evidente que Sabato se refiere a la "crónica policial" y los acontecimientos
criminales. La fuerza e importancia de la "crónica policial", así
como su función sémica en el desarrollo de todo el discurso sabatiano,
puede documentarse con una cita de la carta a un "querido y remoto muchacho,"
cuando discutiendo el tratamiento de un tema en el arte dice: "Son los hombres
los que son pequeños, grandes, sublimes o triviales. La "misma" historia
del estudiante pobre que mata a una usurera puede ser una mera crónica
policial o CRIMEN Y CASTIGO."(116). Similar a ésta es la referencia a
Flaubert: "Y no vayas a creer que Flaubert escribió la historia de aquella
pobre diabla, porque se lo pidieron: escribió porque tuvo la súbita
impresión de que en aquella historia policial podía escribir su
propia y secreta historia policial, ridiculizándose a sí mismo
con la misma crueldad con que sólo un gran neurótico puede hablar
de su yo."(120). La importancia de la "crónica policial" como código
generador del discurso literario es como podemos ver, tanto una unidad semiótica
-en su calidad de código-como unidad temática -en su calidad ontológica-.
La tematización de la lectura en Abaddón se muestra a todo
lo largo de sus páginas. Sabato continuamente está haciendo planes
de escribir y leer. Para disculparse por no asistir a algunos eventos Sabato
alega un ataque de gota "...que por otra parte se produce apenas invocado. Ataque
que le dura quince o veinte días y que es aprovechado para leer de una
buena vez El Quijote, prometiéndose que apenas salga del dolor se pondrá
a escribir."(136). Las alusiones a la lectura son abundantes en Abaddón
el exterminador, proliferan las discusiones sobre lo que se lee y como se lee,
sobre los beneficios y los maleficios de la lectura, sobre lo que se debería
leer y cómo se debería leer. En definitiva, Abaddón
es una obra acerca de la influencia de la lectura en la vida de los seres humanos,
los efectos que tiene la lectura en el hombre, y demuestra la enorme porción
de nosotros mismos que es material semiótico.
Dice Suleiman (1980) que en el análisis del proceso de lectura
hay dos cosas fundamentales: "the nature of the relationship between a text
and an individual realization of it... and the status of the reading subject."(23)
El objetivo de estas páginas ha sido relacionar estos dos aspectos cuya
importancia y trascendencia es fundamental en la evaluación de cualquier
texto, con el interés de demostrar que la estructura del discurso sabatiano
tiene íntima relación con el concepto de lectura y escritura que
subyace en el mismo.
6.3.4. La lectura en los
ensayos de Sabato.
El narrador de los ensayos de Sabato no se diferencia en mucho de los
dos narradores antes analizados. Toda la primera parte de El escritor está
escrita en la misma modalidad dialógica que hemos visto en El túnel,
y en el "Informe sobre ciegos". Los enunciados del narrador se establecen como
respuestas a un enunciado precedente, de esta forma el texto se plantea como
un diálogo donde el enunciante es en muchos casos, nada más y
menos que el lector. Considérese el primer enunciado del El escritor:
"¿Tienen razón los pensadores que anuncian el ocaso del género
novelístico?"(13). Desde este primer enunciado se establece el modo dialógico,
el texto se plantea como consecuencia de una "enunciación" precedente,
es decir, como respuesta a otro enunciado. El segundo apartado de la misma obra
empieza diciendo: "Uno de los escritores partidarios de la literatura "objetiva"
sostiene que el novelista..."(15). Y el tercer apartado empieza: "Sí.
Los rusos tenían hacia mediados del siglo pasado problemas muy parecidos
a los nuestros..."(16). En todos los casos es evidente la presencia de un interlocutor
en el texto mismo, no se trata por tanto de una entidad extraliteraria, no se
trata de un intruso lector, sino de la presencia de un personaje fundamental
del texto, un emisor que a la vez de ser sujeto del texto, es su objeto. El
lector por tanto se encuentra supercodificado en el texto, es parte ya del enunciado
y el texto se presenta como respuesta en el sentido en que lo expresa Bahktin
(1981, 1982: 248-293).
El narrador Sabato, narrador-implícito de los ensayos participa
de estas características que hemos encontrado en Juan Pablo Castel y
en Fernando Vidal Olmos. Es un narrador agresivo, es un narrador que tiene plena
conciencia de estar siendo escuchado y que no escatima recursos para amedrentar
al lector. En la Advertencia a su primer libro de ensayos Uno y el universo,
leemos: "El Universo del que se habla aquí es mi Universo particular
y, por lo tanto, incompleto, contradictorio y perfeccionable; no poseo la más
modesta "Weltanschauung" que pueda satisfacer a una persona respetable o germánica;
prohibo a estos inspectores del urbanismo filosófico que lean este libro
(no veo, además, para qué habrían de leerlo)."(15). Los
ejemplos de esta actitud típica del narrador Sabato o de sus personajes-narradores
podrían documentarse aún más, pero no es el objetivo de
estas líneas saturar la paciencia del lector, sino más bien poner
de relieve una modalidad narrativa fundamental en la relación que se
establece entre el narrador y el receptor de estos textos. En este sentido afirma
Eco (1979) "si può attualizzare una fabula, ovvero una sequenza di azioni,
anche in testi non narrativi, anche in atti linguistici più elementari
como domande, comandi, giuramenti, o in frammenti conversacionali."(106). Por
eso, decir que en el ensayo no se desarrolla una fábula en la que se
van desarrollando una serie de acciones, es desconocer la estructura narrativa
que subyace en la estructura profunda del texto. El discurso mismo que el lector
lee en este momento, con todo y que pretende ser un "ensayo crítico",
no deja el ámbito del discurso narrativo, presentando una fábula,
personajes, modos narrativos, etc. De hecho, la extrapolación de la fábula
que el lector efectúa parece ser una función imprescindible para
la actualización de cualquier mensaje semiótico. Como dice Eco
(1979) "per pasare dalle sttruture discorsive alle sttruture di mondi sembra
che una sintesi a livello di fabula sia indispensabile.(106). Por otro lado
es demostrable según la lingüística generativa, que en las
estructuras subyacentes de cualquier enunciado, se encuentran las proposiciones
completas que dan sentido al enunciado. Las proposiciones enuncian completamente
el desarrollo de la fábula. En esta misma manera el discurso ensayístico
provee los indicios para reconstruir una fábula o trama narrativa, comparable
a la estructura narrativa de un discurso novelístico.
6.4. Significación de la lectura
En El escritor leemos: "Una de las misiones de la gran literatura: despertar
al hombre que viaja hacia el patíbulo."(27). La lectura, por tanto, medio
al través del cual accedemos a la literatura, tiene como función
primordial el despertar, el echar a andar la máquina de la conciencia,
el activar un proceso de reescritura y recreación del mundo que aspira
de alguna manera a significar al ser humano.
La forma en que leemos tiene fundamental importancia en nuestra discusión
sobre géneros literarios, ya que entre género literario y lectura,
existe una relación mutua y dinámica perfilada por la competencia
del sujeto lector. La forma en que leemos una tira cómica, una novela
de Dostoyevski o un manual de álgebra, están condicionadas por
una tradición, por un conjunto de valores y símbolos, por el significado
que el signo "tira cómica", "novela" o "álgebra" despierta en
el sistema semiótico del lector, por los diferentes valores que cada
uno de esos signos representa para la determinada comunidad de lectores a la
cual el lector pertenece. Como dice Jonathan Culler, "Reading and interpretation
may be carried out in solitude, but they are highly social activities, which
cannot be separated from the interpersonal and institutional conventions that
are explicitly manifested in literary journals, critical discussions, and literary
education."(1980, 52).
La lectura de una novela difiere de la lectura de un ensayo en varias
dimensiones: de la novela esperamos entretenimiento y recreación, la
consideramos como un mundo en sí que establece sus propias leyes y aceptamos
la inferencia de la fantasía y la imaginación en el mundo real,
es "autoreferencial". En el ensayo esperamos verosimilitud y objetividad, nos
movemos dentro del mundo real y tangible y estamos sujetos a las leyes de la
lógica, la deducción y la inferencia, la especulación no
puede sobrepasar ciertos límites fijados y la contradicción no
tiene cabida alguna. En resumen, la clasificación en géneros determina
de manera significativa nuestro modo de lectura, nuestro comportamiento y los
niveles de significación en los cuales nos movemos en tanto que lectores.
Pero esto nos lleva a preguntar hasta qué punto estas variaciones están
justificadas, ya que como hemos visto en (4.1.) no se puede hablar de objetividad
en ningún caso de escritura, debido a que el simple hecho de transcribir
o contar una experiencia, convierte la experiencia real en experiencia subjetiva
y fenómeno semiótico. Por otro, lado nuestro comportamiento en
tanto que lectores presenta también esa mezcla de objetividad y subjetividad,
de pensamiento racional y pensamiento intuitivo.
Leemos El túnel como una novela aunque el narrador nos asegura
que se trata de la "historia de mi crimen", del "relato de mi crimen"(13). El
lector implícito de El túnel no sólo comparte la realidad
histórica con el personaje, sino que además ya está familiarizado
con la historia: "supongo que el proceso está en el recuerdo de todos
y no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona."(11). El autor nos
afirma la historicidad del crimen, alude al proceso judicial y afirma estar
escribiendo desde el sanatorio. Sin embargo, no dudamos ni por un instante de
la esencia novelística del texto. El hecho mismo de presentar la ficción
como historia, es ya una convención del género, que como dice
Wayne Booth (1961) "el lector sabe que no debe creer."(??).
Si se presentara a la luz pública la sentencia legal contra el
Sr. Juan Pablo Castel y se comprobara su existencia real en un asilo, El túnel
dejaría de leerse como una novela y dejaría de ser una ficción.
La simple posibilidad de que se trate de un hecho que en realidad ocurrió
trastorna el modo de nuestra lectura, incide en la descodificación de
los signos y se refleja en el significado de la lectura. La presencia de la
retirada del General Lavalle en Sobre héroes y tumbas, siendo como es
un hecho histórico, ha causado enormes trastornos, ha llevado a los críticos
a postular la posibilidad de una "novela histórica" y a alterar su lectura
general. El mismo autor se ha cansado de repetir que Lavalle no es más
que otro personaje de la ficción novelesca semejante a Martín
o a Alejandra, y que en ningún momento se ha propuesto escribir una novela
histórica.
Leer, es por lo tanto, una forma de comportamiento social, una forma de
asegurarnos una posición en una sociedad bibliocrática, una forma
de acceder al conocimiento y al poder. La relación que se establece entre
el narrador de estos textos y el lector implícito en ellos, determina
de manera radical el resultado del acto de lectura. La significación
que se desprende de la deconstrucción de sus enunciados está inevitablemente
permeada por esa relación ambigua y dinámica: ese rechazo violento
que nos provoca, y esa atracción ineludible que nos seduce al reconocernos
en el texto con todas nuestras angustias y nuestras ansiedades, desnudos signos
lectores de otro signo, de otra representación concreta en las que sospechamos
algún significado, algún valor, al igual que lo sospechamos en
nosotros mismos.