Todo pueblo tiene una historia de migraciones y diáporas,
y todo poeta mayor tiene una poética, implícita o explícita,
que marca de alguna manera toda, o casi toda su obra. En el caso de Pablo Antonio
Cuadra (1912-2002) su poética y su concepto de migración y desplazamiento
están íntimamente ligadas. La suya es una obra de reflexión
a través de la poesía y de poesía que reflexiona. Me interesa
privilegiar en estas páginas dos temas: las últimas investigaciones
y teorías sobre la frontera, como espacio de pensamiento del ser y sobre
el ser humano; y unas cuantas reflexiones sobre la obra de PAC a la luz de este
concepto de Frontera, tan importante a lo largo de la historia de la humanidad.
En ”Introducción a la tierra prometida” el ensayo liminar
de “Aventura literaria del mestizaje” PAC nos recuerda la migración
constante de pueblos indígenas en busca de paz o de mejores tierras.
Entonces no existían fronteras, pero inmediatamente empezamos a establecerlas.
Los pueblos indígenas vivieron una secuencia de luchas por el dominio
de territorios. Todas las formas de vida son de alguna manera territoriales.
Los animales marcan su territorio con el olor de la orina y de las glándulas,
los seres humanos establecemos mojones, demarcamos territorios, deslindamos,
y cuando la situación llega a ser desesperante, erigimos alambradas y
murallas. La necesidad de proteger nuestro territorio es imperante y fatal.
Creemos salvaguardar nuestra seguridad, nuestro bienestar, nuestra tranquilidad;
pero al mismo tiempo, nos encerramos en nuestra paranoia, nos atemorizamos ante
el “otro” que está afuera y debe quedarse afuera. La seguridad
que ganamos la perdemos en apertura. La historia ha demostrado que ni fronteras,
ni murallas, ni el mar embravecido puede detener al emigrante. Recuerden aquella
bella parábola de Borges “La muralla y los libros” donde
afirma “la muralla en el espacio y el incendio en el tiempo, fueron barreras
mágicas destinada a detener la muerte”. Ni la muerte ni la migración
se puede detener. Somos un universo en diáspora. Si algo nos está
demostrando esta posmodernidad globalizada es que todo es flotante: ¿dónde
radica ahora la cultura? ¿dónde afianzar las identidades? ¿dónde
y cómo ser nicaragüense o costarricense? Los EEUU tienen 3000 km
de frontera con México, 3000 km de constante movimiento, de ir y venir
de gente y de carga, documentados e indocumentados, importaciones y exportaciones
legales e ilegales. Más de cuatro millones de personas consideran que
su patria es el “bordo”, así en Spanglish, “bordo”
ese espacio de tierra indefinido, cortado a veces por un río a veces
por un muro, a veces por un desierto insondable. Ahí viven más
de cuatro millones de personas que piensan que los gobiernos en ambos lado de
la frontera son aparatos represivos y antagónicos, que en ningún
momento están interesados en los problemas y las vicisitudes de la gente
del “bordo”, y por lo tanto no tienen ningún interés
en resolver sus problemas. La función de los gobiernos es mantener un
sistema de controles y de leyes que de alguna forma satisfaga las necesidades
nacionalistas de sus votantes. Los votantes necesitamos saber que hay instrumentos
de control que están obligando a los mexicanos o a los nicaragüenses
a quedarse en su territorio. Queremos y exigimos que nuestro gobierno nos proteja,
y proteja las condiciones de vida que imperan en nuestro país. Exigimos
que nuestro gobierno nos ampare de la invasión masiva con que el país,
al sur o al norte, al este o al oeste, nos amenaza a cada paso. Ahora bien,
para los que viven en ese espacio fronterizo, para los niños que viven
en Reynosa pero van a la escuela en McCallen, la dinámica de inclusiones
y exclusiones es totalmente diferente. Para ese niño no hay una afuera
y un adentro, México es donde está el hogar, donde se va a dormir
y a jugar con los amigos del barrio, y los EEUU es la escuela, es el lugar donde
mami y papi trabajan, es el lugar donde voy a doctor o donde me compran algún
juguete o ropa. Los espacios y la re-distribución de los espacios en
la mentalidad fronteriza es muy diferente, y también los son las alianzas,
los pactos, los compromisos, el patriotismo y la nacionalidad. Esto es muy importante.
Pocos factores son tan determinantes en nuestro tiempo como este concepto de
frontera. En nuestro siglo XXI estamos viviendo una serie de procesos de redefinición
sumamente importantes. Por un lado se conforman grandes grupos económicos,
se firman tratados de libre comercio, se da por tierra con las fronteras y los
puestos de control, haciéndonos pensar que todos somos ciudadanos del
mundo. Por otro lado, nuestro querido siglo XXI está demostrando que
los odios étnicos son más profundos que lo que creíamos,
que es muy fácil odiar a nuestro hermano, y que cienes de años
de historia pueden surgir intespestivamente a la menor provocación, causando
guerra y derramamiento de sangre. Los encuentros y los pactos entre países
deben ir marcados por la verdadera comprensión entre los pueblos.
“Riverside” es uno de los poemas más hermosos que Pablo Antonio
Cuadra le dedicara a la poética del exilio y la frontera. La patria ahí
se define como el lugar pensado por los que nos precedieron, pero es también
“el polvo de ese bus lleno de nicaragüenses que cruzaron el río”(Exilios,
28). La patria en el sigo XXI ya no podemos situarla en virtud de un perímetro
geográfico, este es el siglo de los desplazamientos, del internet y de
la nacionalidad virtual. ¿A quién le importa ya la localidad cuando
es tan facil irse y regresar? Esta es la tesis central que quiero presentar
en estas páginas. Cada día estoy más convencido que el
nacionalismo es el discurso del tirano que quiere entronarse en el poder, que
quiere utilizar la amenaza del otro, para esconder su propia dominación
hegemónica. Los conflictos fronterizos que tenemos actualmente con Costa
Rica y Honduras son el gran parte fruto de gobiernos autoritarios, miopes e
ilusos, que como Shih Huan Ti en el texto borgiano, pretenden instaurarse como
el principio y el fin.
El exilio político es una consecuencia de esta paranoia nacionalista.
Cerrar las fronteras, meter en prisión a los adversarios o mandarlos
al exilio, pero de cualquier manera silenciarlos. Expulsar a los moros y a los
judíos en la España del siglo XV, exterminar a los indígenas
americanos o esclavizar a los africanos, matar argelinos independentistas, llenar
los campos de concentración, perseguir a los japoneses durante la segunda
guerra mundial o sospechar de cualquier árabe en un aeropuerto, son todas
formas inanes de defender la Patria, la nacionalidad, la identidad. Más
que en ningún otro escritor nicaragüense, es en Pablo Antonio Cuadra
donde el mito de la nicaraguanidad aparece con toda su fuerza, dando forma y
aliento a una de las obras poéticas más importantes de América
Latina. La obra de PAC es una obra fundacional de nuestra nacionalidad, de nuestras
raíces, de nuestra esencia. La búsqueda de la tierra prometida,
por ejemplo, como búsqueda de la identidad nacional, como búsqueda
de las raíces en la cultura popular y la tradición es uno de los
principales motivos de toda la obra de Pablo Antonio Cuadra. En mi estudio de
Poemas nicaragüenses, publicado por Jorge Eduardo Arellano en Pablo Antonio
Cuadra. Valoración múltiple. (Managua: Troqueles, 1994, 182-192),
veía yo ya una relación importante entre el canto y el desplazamiento,
en un argumento que se resume más o menos así: En Poemas nicaragüenses
Cuadra desarrolla una visión mítica de la poesía y el canto,
propone una poética basada en la reconstrucción de un pasado idílico,
en la preservación de las palabras mágicas, de la evocación
de una historia y un espacio físico que se realizan en el espacio del
discurso poético, en una representación de la historia. Así
se establece una relación entre "canto" y "peregrinación”,
“poema” y “migración" que es fundamental para
entender la poética de Cuadra y la red de relaciones discursivas que
se establecen en su obra. El canto es la figura que alberga los desplazamientos,
los cambios que se han operado a lo largo de la historia, y la función
del cantor es recordar esos desplazamientos, dar testimonio de esa búsqueda
y establecer su significación. De esta forma existe una relación
semiótica directa entre la migración ancestral ocurrida en los
albores de la historia y la función del canto. El momento de la migración
contiene en sí el proceso de búsqueda, la activación de
una certeza, de una intuición previa, sobre la existencia del objeto
buscado. El discurso poético es así una "promesa", registra
la existencia de un espacio de promisión hacia el cual se ha de caminar,
hacia el que se dirigen las huellas del andar y las del poema, las marcas de
la enunciación, los signos. Alimento y libertad son el contenido de esa
promesa, representámenes de la Tierra Prometida y de la significación
del andar. Tanto en su sentido literal como en su sentido mitopoético,
alimento y libertad guían la búsqueda del sujeto, son el contenido
de la promesa. El valle fértil, pródigo en alimentos y libre de
opresión y dominio, se refiere tanto al contenido de un discurso histórico
como al contenido de un discurso poético. Literalmente el poema evoca
la migración nahuatl provocada por las invasiones aztecas, memorial inolvidable
de un pasado azaroso, y la búsqueda de la tierra de promisión;
pero también se desdobla su significación apuntando a la creación
poética, al espíritu del canto, a la riqueza semántica
del discurso y su realización como ejercicio de la libertad. De esta
forma se ve claramente la red de significaciones que se establece entre el canto
como registro y lugar de la significación, y la historia como registro
y lugar de los desplazamientos históricos, inscritos a su vez en un discurso
que es la historia. El discurso poético es el lugar de convergencia de
ambos, contiene y a la vez realiza la promesa, transmite los signos de promisión
y al mismo tiempo ofrece el espacio para la realización de ese promesa.
En su último libro publicado bajo el título Exilios (Managua:
Academia Nicaragüense de la Lengua, 1999), encontramos una colección
de 14 poemas escritos en la década de los ochenta, donde Pablo Antonio
Cuadra nos brinda una visión poética y humana del exilio en sus
diversas manifestaciones, y corrobora esa cenceptualización del poema
y la migración, que veo yo desde la época de Poemas nicaragüenses.
El poema final de esta colección, titualdo “Exilios” contiene
el grave dilema de emigrante, el impulso de partir y la voluntad de quedarse.
Este dilema es seminal para toda la psicología del exilio, nadie que
haya algún dia emigrado, podrá sustraerse a ese desgarramiento:
degarramiento de partir y desgarramiento de quedarse. La represiva realidad
nos impele a partir, a buscar la vida en otro lado; el amor a la tierra nos
compele a quedarnos, a morir en nuestro suelo materno. Así se destroza
la unidad del individuo. Pocos versos resumen mejor la contradicción
del exilio que el siguiente silogismo: “Entonces quisiera ser extranjero
/ para regresarme a mi patria” (36). Bello díptico que encierra
el deseo y la realidad, el ansia de paz y la urgencia de identidad. Aquí
el /gallo/, a diferencia de dos poemas que glosaré a continuación,
no importa significados bélicos, son simplemente la marca matutina, el
canto que inicia el día en el que nos damos cuenta otra vez que el dolor
es permanente, que la tragedia se repite, y que una vez más estamos asediados
por la urgencia de partir. Hermosísimo poema que reivindica la mas fiera
libertad y la más ardua entereza. Esta disyuntiva es la idea central
en otro poema de la colección titulado “Una o dos cartas”,
aunque ahora la perspectiva es desde el exilio, desde la otredad de una tierra
extranjera y desconocida, desde donde deberemos volver a la tierra querida.
“Bebedor de tinieblas” es un llamado a salir del exilio interior,
a abrirse al mundo, al misterio y a la realidad. En este poema se combina el
uso del signo /bebedor/ tomando en consideración primordialmente su contexto
alcohólico, con su sentido de inconsciencia y embotamineto. El bebedor
de tinieblas se embriaga con la tristeza del exilio y la soledad, se refugia
en sus tinieblas negándose a volver al mundo de donde ha sido arrojado.
Este lindo y breve poema es una invitación a enfrentar lo nuevo y lo
misterioso, una exhortación a no refugiarse en pasados remotos y solitarios,
a no encerrarse en la oscuridad del nacionalismo, de la droga, del orgullo o
el alcohol. “El misterio es real” dice el poeta, hay que abrirse
al misterio, “Alúmbrate”, metáfora rica y vigoroza.
En un tiempo de poesía sin metáfora, PAC nos hace un llamado a
la imaginación metafórica, a la apertura, a la realidad que es
también y fundamentalmente metafórica.
En “Palo de limón” y “Un redoble de tambor para el
viejo Roque”, el signo central es el /gallo/, con su carga bélica,
su belleza y su masculinidad, su simbolismo atávico y su historial. El
viejo gallo Roque que con su espuela y su pico hace la guerra, incita a la violencia,
mata, pasa a representar una dimensión de nuesto ser nicaragüense,
esa dimensión oscura y altanera de nuestro imaginario social, la necesidad
de luchar e imponernos, de vencer. Si el /gallo/ representa el espíritu
bélico, el /limón/ es la sangre agria y amarga que alimenta la
guerra, es la sangre de la espada, la dorada inquietud de la revancha. Estos
dos poemas son importantísimos para la formulación de una cartografía
nacional, porque definen, en forma poética, y a través de dos
metáforas hermosísimas, la intensa relación de los nicaragüenses
con la guerra. Lucha constante por reafirmar su masculinidad, por marcar su
territorio, por defender su identidad, tanto el gallo como el nicaragüense
se ven impelido a descender del árbol y caminar hacia la muerte. De ahí
la doble metáfora del limonero que crece en el patio y el limonero que
crece en el sueño.
“El hijo pródigo” es la reescritura de la famosa parábola
bíblica pero desde el punto de vista del héroe, no del padre;
y el regreso no es a la riqueza y la comodidad, sino a la belleza. Este poema
juega magistralmente con la imaginación y la realidad, y establece una
dicotomía entre la memoria y la mirada. Cada recuerdo encuentra su contrapartida
en una realidad deslustrada y empequeñecida, reducida por el tiempo y
el desgaste. Sólo la belleza intelectual se conserva viva en el misterio
rotundo de un beso, capaz de revivir después de muchos años de
ausencia, capaz de ser en cualquier momento, de nuevo y una vez más,
con toda su intensidad, aunque nosotros ya no seamos más que cenizas
de recuerdo. Lindo poema, lleno de misterio y de dolor, que remite a la críptica
relación entre el recuerdo y la mirada, el insondable encuentro del retorno
y la especial escencia de la belleza.
El poema titulado “E.T.” inmediatamente nos remite a la modernidad
cinemática de Spilberg aunque siempre nos asalte la duda que tras las
crípticas inciales se encierre otra cifra. Breve poema, escrito en Texas,
en 1986, donde el exilio que se canta en el poema es el exilio del hombre frente
a la mujer, esa imposibilidad de ser, de penetrar, de entender la esencia femenina,
la humedad y la fragancia. Hombre y mujer como elementos separados, hecho a
una misma imagen con materiales disímiles, a veces incompatibles. En
este poema el sujeto se separa de la mujer que ama en virtud de una diferencia
siempre inalcanzable. Como la diferencia derrideana del lenguaje, hombre y mujer
luchan por encontrarse, por com-penetrarse, pero, inevitablemente, siguen siendo
extranjeros.
“La isla de los Centauros”, el poema más extenso de la colección,
es una reflexión sutil e inteligente sobre la violencia y la guerra.
La fuerza ha derrotado a la inteligencia, la belleza ha sucumbido bajo el casco
de la herida. Rubén es la figura que se percata del horror y trata de
salvar la dignidad de los hombres. Poema dialógico, conversacional, que
retoma la estructura del famoso “Coloquio de los Centauros” para
presentarnos el estado de la patria en la década de los ochenta. Los
preclaros y honrados centauros que un día defendieron la libertad y la
justicia, se han convertido ahora en asesinos, han dilapidado los bienes, han
manchado con sangre inocente sus cascos y han arrojado saetas a los niños.
Ahora sólo reina la violencia y la venganza, la violación y la
muerte. Los jóvenes han sido enviados a la guerra y toda la nación
se ha cubierto de luto. Sólo la hembra dice la verdad, sólo la
madre es capaz de levantar su voz por encima del dolor y denunciar a los raptores.
Poerma de graves sonidos y oscuros colores, “La isla de los Centauros”
cuestiona a través de Darío la historia y la vida.
Pocos poemas tan bellos como “Canto al atardecer de una revolución”
donde la historia de América se resume en función de sus revoluciones,
de sus cruentas batallas, de sus traiciones. Desde Junín hasta nuestros
días la imágen de América es forjada por una revolución
que embiste contra otra revolución, y así, entre guerra y guerra,
se forja la estirpe del continente. En ciclos infinitos y en silencios de muerte,
en dualidades que no conocer término, en dominios de dominios de dominios.
Pero la gran sabiduría del poema no radica en la Historia, radica en
el corazón. Sólo con ese corazón revolucionario, dispuesto
siempre a cambiar, a reevaluar, a perdonar, se podrá superar esta secuencia
de atardeceres que caen sobre cada revolución. “Diariamente brilla
en tu mente una revolución / que debe ser superada en tu corazón
por otra revolución”(27).
La tragedia del éxodo se reconstruye poéticamente en “Riverside”,
ese poema magistral donde el /río/ y el /polvo/ funcionan como signos
de la peregrinación, de la continuidad y del obstáculo. Pablo
Antonio Cuadra maneja en este poema las dos figuras fundacionales de la Patria:
Rubén Darío y Augusto César Sandino, ambos en un camino,
en un desplazamiento que los ha de llevar a la vida y a la muerte. Imágenes
certeras y bellísimas de una fundación nacional, que luego habrán
de prolongarse en la lucha de los nicaragüenses por subsistir dentro y
fuera de la Patria. Escrito en Texas, en 1988, este poema se preocupa por el
problema de la migración a los Estados Unidos donde el río es
la marca fronteriza de la separación. Poema de hondos y profundos sentimientos,
donde el recuerdo del rostro de la madre es la imagen de la Patria, y el llanto
es la poesía del dolor. “Riverside” es un gran poema, composición
antológica que quedará como testimonio imperecedero de esa década
en la historia de Nicaragua, marcada por la esperanza y la decepción.
“Una joven madre llora en la puerta de mi Patria” es el poema que
establece el locus del canto. Esos ojos campesinos de madre tierna son el lugar
que el poeta privilegia para su entonación. Nada se compara con esos
ojos y ese llanto. Los ojos, que miran la tierra que ya no podrá tocar
son el espacio ideal para que el lenguaje, que no podemos tocar, enuncia la
tierra ausente. En esa dicotomia de ausencia-presencia se cifra el misterio
de la poesía y se compone la tragedia del exilio. La enuciación
del canto se instala en la mirada que llora y anhela, y de esa forma, dos acciones
intangibles, reflejan la tragedia del destierro.
Este poemario está dominado por el tono grave y premonitorio, con la
excepción de “El nuevo tiempo”, donde lo que domina es la
ironía y la tristeza. El verdugo que se erige en juez y en profeta, el
gobernante que con la espada pretende construir al hombre nuevo, el padre que
castiga en nombre del amor. “El nuevo tiempo” encierra en sus ocho
versos una apología del error y la falibilidad. Sólo los que nos
equivocamos somos capaces de acertar, porque los que se creen incólumes
sólo podrán construir infiernos, paraísos inhabitables.
Esta idea se presenta más abiertamente en “1984”, poema más
expositivo que lírico, escrito con la indignación de la injusticia.
El gran problema del análisis genracional de la literatura, es que no
logra explicar la amplia envergadura que la obra de un poeta puede abarcar.
Decir que Pablo Antonio Cuadra es un poeta de Vanguardia es limitarlo a una
etapa, importante pero parcial de su obra. Exilios nos vienen a mostrar que
PAC es un poeta finisecular y posmoderno, ya que en las postrimerías
del siglo XX en que fue escrito, el problema de identidad y de la migración,
del desarraigo y el nacionalismo, de las fronteras que unen y separan, establecen
los vértices centrales de la polémica. En estos poemas PAC nos
demuestra que los signos del canto y el poema son el espacio del origen, en
ellos se encierra el conocimiento del principio, de la migración y el
desplazamiento, de una Tierra de Promisión o un Paraiso Perdido, de un
lugar en que habrán de realizarse los sueños, las promesas del
canto, los signos del poema, y una tierra de la que hay que partir para huir
del horror. Ante tanto movimiento, tanto azar y tanta migración, se erige
enhiesta la casa junto al lago, espacio estable y firme, centro matriz de una
tradición y una genealogía, albergue hospitalario ante la represión
y la muerte, dadivoso hospicio ante la pobreza. Y desde ahí la voz del
poeta va recogiendo los gemidos de su tribu a lo largo de la historia, y la
poesía de Cuadra, como lo demuestran su sólida y extensa obra,
alberga los gemidos de todo un siglo.
Los últimos veinte años nos han dejado un vasto corpus textual
de teorizaciones sobre la frontera. No voy a repasar aquí este vasto
territorio mapeado por filósofos y críticos. Quisiera solamente
referirme al libro de Walter Mignolo “Local Histories/Global Design”
publicado en el año 2000 por Princeton University Press. Mignolo introduce
en este libro el concepto de “border gnosis” que podemos traducir
como “gnoseología de la frontera”, y que viene a ser “la
razón del subalterno luchando por poner en el centro del debate los conocimientos
subalterizados por los procesos de colonización del planeta, que coincide
con la consolidación de la razón moderna”(13, traducción
mía). Desde esa tierra de nadie que es la frontera, el campesino nicaragüense,
que cruza al otro lado para comprar fósforos, aceite y aspirinas, pone
en jaque todo el aparato represivo fronterizo, demostrando que las líneas
que dividen el afuera y el adentro son ilusorias, fanáticas e inservibles.
Si en lugar de erigir murallas y puestos fronterizos, erigimos escuelas y hopitales,
creamos fuentes de trabajo y les damos tierra y financiamiento para trabajar,
el habitante de la frontera crece y progresa, hace su patria en la frontera,
ese espacio se convierte en un “locus agradable” como decía
Berceo, y la se da un gran paso en la resolución del conflicto. Nuestro
tiempo se caracteriza por la gran mobilidad de las poblaciones. Recientemente
un número del PMLA está dedicado a las poblaciones flotantes del
planeta. Ian Chambers ha hecho mucho trabajo interesante en este tema, y tiene
ahí un artículo titulado “Citizenship, Language and Modernity”.
Sus libros anteriores como “Migrancy, Culture, Identity” publicado
por Routledge en 1993, y “Culture after Humanism”, también
en Routledge en el 2001, representan una de las aproximaciones más profundas
al problema. D. N. Rodowick representa el dilema brillantemente cuando habla
de “ciudadanos móbiles en una era de estados mediatizados”.
Mobilidad, es la palabra clave en este tema de la Frontera. Como los teléfonos
móbiles, nuestra situación es cada día más volatil,
más flotante, nos desplazamos con gran agilidad. En la frontera esa mobilidad
es todavía más significativa por el juego constante de las naciones
y su relación con los territorios ocupados, y por el continuo entrar
y salir de un territorio y otro. Siguiendo a Rodowick podemos decir que “La
Globalización está produciendo el flujo de mercancías y
capitales por todos lados, los conglomerados de networks informativos son controlados
por un grupito de corporaciones multinacionales, y al mismo tiempo se están
produciendo comunidades internacionales desterritorializadas, donde las identidades
culturales son casa vez más fluídas y multidimensionales, las
culturas y las etnias se están mezclando localmente y se re-definen a
través del consumo de culturas transmitidas por los networks globales”(16,
traducción mía). La ciudadanía es una construcción
cultural que también está cambiando en este siglo XXI. Gerard
Delanty ha publicado un libro muy interesante sobre el tema titulado “Citizenship
in a Global Age” , y Guillermo Gómez Peña ha definido la
frontera no como un marco o un territorio más o menos estable, sino como
un segmento móvil, en continuo desplazamiento. Nuestros pobladores de
las regiones fronterizas viven en ese paradigma, se mueven libremente de un
territorio al otro, eludiendo facilmente los controles estatales, yendo y viniendo
según una serie de necesidades laborales y se sobrevivencia. ¿Cómo
puede definirse como nicaragüense o costarricense, hondureño o salvadoreño,
un sujeto que constantemente está en la franja, cambiando de un lado
a otro, estudiando en un lado, viviendo en otro, comprando en otro?
Pablo Antonio Cuadra, hacia el final del siglo y casi al final de su vida, escribió
poemas que marcan y resumen la dialéctica de nuestra posmodernidad. El
epílogo de Exilios es una muestra de la ponderosa reflexión de
un nicaragüense, que desde la diáspora piensa su tierra y su gente.
Pocos escritores han dejado una herencia tan hermosa a su pueblo como la veintena
de títulos que nos heredó PAC. La poética del canto y la
poética del desplazamiento, de la migración, de la huída,
de la diáspora, y ante el desastre de nuestros gobiernos, ante el saqueo
indiscriminado, ante la violencia de la pobreza y la corrupción de las
instituciones, repetimos: “Entonces quisiera ser extranjero / para regresarme
a mi patria”.