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Elites nacionales, estado, y empresas extranjeras desde la independencia hasta la época actual

Universität Erlangen-Nürnberg

Nürnberg, 4 de marzo de 1,997



Las Élites Nacionales, El Estado, y la Empresa Extranjera en

Centroamérica del Siglo XIX

por

Ralph Lee Woodward Jr.(1)

Department of History, Tulane University

New Orleans, Louisiana 70118

E-Mail: woodward@mailhost.tcs.tulane.edu

Website: http://www.tulane.edu/~woodward/homepage.htm

©1997 Ralph Lee Woodward, Jr.

Podría decirse bien que la evolución de los tres elementos en el título de esta ponencia define el período nacional en el istmo centroamericano. Esta ponencia revisa y comenta el desarrollo de las élites nacionales de Centroamérica con respecto al auge del estado liberal en el siglo XIX y el papel de la empresa extranjera en este proceso.

La élite criolla guatemalteca al fin de la época colonial, como bien ha descrito en toda su complejidad Severo Martínez Peláez, (2) incluyó una variedad de agrupaciones económicas y sociales, tantos terratenientes como comerciales, pero se concentró principalmente en la ciudad capital de Guatemala. Las élites en las provincias se ataron a menudo por lazos de sangre a las primeras familias guatemaltecas, pero allí también habían subido a principios del siglo XIX serias rivalidades y resentimientos regionales, no sólo de parte de los provincianos contra el poder de la élite metropolitana, sino también dentro de cada provincia por el control de recursos, posiciones burocráticas, y debido a intereses regionales.(3) Una característica común de éstas familias de la élite a principios del siglo diecinueve es que, en un grado sustancial, ellos eran descendientes de los conquistadores españoles del siglo XVI, y a menudo se sentían profundamente comprometidos con los valores y mitos españoles tradicionales.(4) Sin embargo, otra característica de las élites centroamericanas a lo largo de su historia es la facilidad con que los recién venidos pueden ligarse por vía del matrimonio con esas familias de la élite. En la Centroamérica del siglo dieciocho, es notable que varios comerciantes españoles, vascos y otros recién llegados, se casaron con hijas de la élite. Sobre todo se destaca la historia extraordinaria de la familia Aycinena(5). Este fenómeno se ha repetido una y otra vez en décadas subsecuentes. Y, después de la Reforma Liberal de la década de 1870, por ejemplo, otro nuevo grupo de empresarios y cafetaleros, ahora del altiplano guatemalteco, de repente se unió a la élite y llegó a dominarla. Más a menudo, sin embargo, los recién venidos eran extranjeros, a menudo con raíces culturales muy distintas de los chapines guatemaltecos. Así que mientras que se trataba en algunos casos de familias de la élite centroamericana muy antiguas y establecidas se abrían al mismo tiempo a nueva sangre y dinero. La escasez tradicional del capital las hizo especialmente vulnerables al recién llegado.

Así es que la élite contuvo tanto viejas familias establecidas, que a veces no eran muy adineradas, como inmigrantes ligados a la élite por medio de matrimonio, a menudo de clase nouveau riche e ideológicamente más progresistas que los aristócratas antiguos. Tal división ya existía a la apertura de la época nacional. La élite estaba dividida en su receptividad a las más nuevas ideas y sobre todo a la apertura de la economía a la influencia y comercio extranjeros. Este conflicto fue claramente uno de los elementos más divisivos entre los conservadores del siglo XIX-más xenófobos y tradicionales en sus actitudes económicas-y los liberales-quienes buscaron incorporar Centroamérica rápidamente al mundo capitalista del Atlántico del Norte.

Al momento de la independencia nacional, Centroamérica estaba experimentando ya una transformación considerable. Las reformas Borbónicas habían intentado modernizar y hacer más eficaz su gobierno y economía. Los Borbones intentaron hacer el estado más útil al crecimiento de la producción privada y las exportaciones. El estado Borbónico en Centroamérica estuvo encabezado por un gobernador que presidía sobre una audiencia y un número creciente de agencias burocráticas. El modelo Borbónico, sin embargo, fue modificado significativamente en la víspera de la independencia nacional por la Constitución de Cádiz de 1812, revocada en 1814, pero restaurada en 1820. La Constitución de Cádiz había sido bien recibida por los criollos centroamericanos y era el modelo principal para la constitución republicana de 1824.(6)

Una legislatura unicameral, un ejecutivo fuerte que nombró ministros para encabezar las relativamente pocas secciones de gobierno, una magistratura independiente pero débil, y una considerable autonomía reservada para el estado y los gobiernos municipales son rasgos de estas constituciones tempranas que los liberales defendieron a lo largo del siglo. Cuando los conservadores ganaron el poder, alrededor de 1840 en la mayor parte de los estados, las legislaturas y los gobiernos municipales sufrieron ante un ejecutivo más fuerte. El caudillo conservador clásico de Centroamérica, por supuesto, fue Rafael Carrera de Guatemala. Bajo su gobierno carismático, el estado era notablemente sencillo, a veces consistiendo de sólo dos ministros que dirigían todas las actividades del gobierno, salvo el ejército que vino a ser la institución más importante de gobierno bajo Carrera. Cuando los liberales volvieron al gobierno más adelante en el siglo, sin embargo, el estado creció rápidamente cuando tuvo bajo su responsabilidad el desarrollo de infraestructura y de muchas otras actividades anteriormente llevadas a cabo por la Iglesia católica romana o a través de otras corporaciones privadas. Una de ellas fue obras públicas, que había sido anteriormente la esfera del consulado de comercio en Guatemala, reemplazado en 1871 por un Ministerio de Fomento. (7)

La independencia vino a Centroamérica sin las guerras destructivas que caracterizaron esa época en México y en gran parte de América del Sur. Aún así, habían tensiones fuertes dentro de la élite que se habían ya manifestado en las elecciones de 1820 y permitidas bajo la Constitución restaurada de 1812. La sucesión peculiar de los hechos de la independencia centroamericana es importante para un entendimiento de la subsecuente rivalidad y su relación a la empresa extranjera. El Plan de Iguala de Agustín de Iturbide, en Guatemala así como en México, esencialmente trajo al poder criollos conservadores quienes cambiaron poco más allá de dar por terminada su obediencia a la corona española. La comunidad mercantil de Guatemala, sin embargo, dió una bienvenida al comercio más libre, aunque muchos de ellos todavía sintieron una xenofobia inherente con respecto a cualesquier extranjeros que no fueran españoles. Así el comercio con la Gran Bretaña vía Belice, ahora legal, aceleró rápidamente. Bretaña dominó el comercio del istmo casi inmediatamente.

Los británicos habían estado mucho tiempo interesados en la costa oriental de Centroamérica, y habían animado a cortadores de madero y a contrabandistas a fin de desarrollar el puerto de Belice. Con la derrota de Napoleón y la restauración de Fernando VII, sin embargo, en 1814, se renovaron tratados antiguos garantizando la soberanía española sobre esta costa, mientras que permitían la continuación de los derechos británicos para cortar madera y mantener una colonia. Los colonos y diplomáticos británicos extendieron el establecimiento colonial de Belice vigorosamente, revivieron sus intereses más tempranos en la Costa de Miskitos, y no desaprovecharon oportunidades para ejercer el comercio de contrabando con los habitantes del Reino de Guatemala. En 1816 recurrieron a su práctica más temprana de coronar a un Rey de los Miskitos, en este caso George Frederick II. Establecieron un estado títere que ejecutaban desde Belice. La actividad británica principal era el comercio, pero la extensión territorial no estaba ausente de sus mentes. Mientras que la independencia de Centroamérica iba progresando, la soberanía británica sobre la costa oriental se acercaba a la realidad.

La caída de Iturbide en 1823, sin embargo, trajo una facción más radical al poder en Centroamérica. Con el moderado y experimentado José Cecilio del Valle en México, como el Ministro de Relaciones Exteriores de Iturbide, y con otros conservadores importantes allá también como delegados ante el congreso mexicano, los liberales (fiebres) dominaron el congreso en Guatemala que declaró la independencia absoluta de Centroamérica el 1 de julio de 1823. Aunque el retorno de Valle y otros conservadores moderaron la influencia de los liberales y fue la causa de que la Constitución de 1824 fuera una expresión más moderada de liberalismo, los liberales dominaron los primeros años de las Provincias Unidas del Centro de América.

Liberales como José Francisco Barrundia, a menudo arrogantes y doctrinarios, se convencieron completamente que la legislación ilustrada produciría una sociedad ilustrada y próspera. Sus expectativas elevadas eran a menudo absurdas en el extremo. Una combinación del pensamiento liberal inglés y francés en materias políticas y económicas con su propia experiencia con el estado borbónico, resultaron en una oleada de legislación promovida por los liberales. Abolieron la esclavitud y los títulos nobles, limitaron a los monopolios, promulgaron una ley de inmigración generosa, y dieron la bienvenida a la empresa extranjera. Consideraron el estado como una institución propia para promover la inversión e inmigración extranjeros. Miraban especialmente hacia el norte de Europa para el capital y obreros trabajadores. Aquellos liberales eran ingenuos y optimistas en extremo con respecto a los beneficios que podrían obtenerse de la inversión, inmigración, y comercio del exterior.

Varios empresarios británicos resultaron rápidos en aprovecharse de este optimismo ingenuo. El más notorio, aunque ciertamente no el más importante, fue incluso uno que vino aún antes de la independencia. Un aventurero escocés, Gregor MacGregor, planeó una colonia que llamó Poyais en la costa de los Miskitos. MacGregor había operado a lo largo de la costa oriental centroamericana junto con el corsario francés, Louis Aury, y otros corsarios que ondulaban las banderas de las nuevas repúblicas latinoamericanas después de la derrota de Napoleón Bonaparte.(8) En abril de 1819 MacGregor tomó Portobello y lo mantuvo durante casi tres semanas antes de que los españoles lo desalojaran. El año siguiente pagó una cantidad trivial al Rey miskito en whisky y baratijas por una concesión de tierra de casi 70,000 millas cuadradas en la región de la provincia actual de Olancho, Honduras. Apoyado por financieros de Londres, pero sin la sanción del gobierno, MacGregor volvió a Escocia y promovió una empresa grande de colonización. Cuarenta y tres colonos llegaron a un sitio abandonado que nombraron Saint Joseph en febrero de 1823; un mes después llegaron 160 más. Desde el principio, las penalidades, violencia, y las enfermedades condenaron la colonia. En junio todos los sobrevivientes habían huído a Belice. Colonos adicionales enviados por MacGregor llegaron después, y ellos, también, se fueron a Belice donde las autoridades intentaron establecerlos en Stann Creek, aproximadamente cuarenta millas al sur de Belice. A finales de 1824 esta colonia, aunque se fundó bajo los arreglos más favorables que la de St. Joseph, también había sido abandonada. MacGregor más tarde cumplió condena en Inglaterra y Francia, pero esto no podría restaurar los centenares de vidas perdidos ni podría disminuir el resentimiento contra el imperialismo británico que estaba creciendo entre los centroamericanos. Otros Británicos, con menos fanfarria, continuaron una relación íntima con los reyes miskitos, y la influencia británica se extendió a lo largo de esa costa desde Panamá hasta Belice.(9)

El primer presidente federal, Manuel José de Arce, se embarcó en un programa revolucionario intrépido. La reforma eliminó los impuestos españoles impopulares, pero dejó poco rédito para cubrir la deuda asumida de los gobiernos colonial e imperial o para pagar nuevos y costosos proyectos. Arce recurrió a los capitalistas británicos para enfrentar la crisis financiera, pero un préstamo de la empresa de Londres de Barclay, Herring y Richardson produjo sólo una cantidad pequeña de dinero en efectivo para la federación. Puesto que el gobierno no reembolsó prácticamente nada de este préstamo durante su mandato, el préstamo no puso una carga inmediata en las finanzas de la federación, pero la deuda permaneció durante décadas, manteniendo numerosos oportunidades para que los diplomáticos británicos negociaran concesiones favorables a los intereses económicos británicos. (10)

La toma de posesión del gobierno de la federación por la familia Aycinena para 1827, terminó la oleada liberal, pero en 1829 los Liberales ganaron una victoria total y resumieron su programa revolucionario. El nuevo caudillo centroamericano después de 1829 fue Francisco Morazán. En secreto, era un compañero mercantil de un comerciante de Belice, Marshall Bennett, en negocios de caoba y otras empresas en Honduras en la década de 1830.(11) En adelante el imperialismo británico se volvió más patente. En 1830 Gran Bretaña estableció una guarnición y colonos en las Islas de la Bahía de Honduras. Las tropas centroamericanas las recuperaron un poco después, pero los británicos, aprovechándose del derrumbamiento de las Provincias Unidas y la impotencia hondureña subsecuente, atacaron de nuevo en 1839 y volvieron a ocupar las islas en 1841. Los británicos frecuentemente apoyaban sus políticas y las actividades de sus súbditos en Centroamérica con cañoneros. Las empresas comerciales belicianas encabezadas por Bennett y John Wright se aprovecharon del papel de Belice como puerto principal para el comercio exterior de Centroamérica. Al faltarle sus propios puertos adecuados de aguas profundas, y con los centros de población y producción en las regiones montañosas o en las laderas del Pacífico, Centroamérica dependía de los comerciantes de Belice para el transporte de las importaciones y exportaciones. Los comerciantes británicos generalmente no se establecieron en las ciudades centroamericanas, tal como lo hicieron en varios estados latinoamericanos que tenían puertos mayores en la costa, pero hubo excepciones notables. De estos el más importante era Bennett, que estableció, como una sucursal de su empresa en Belice, la casa de Guatemala de William Hall y Carlos Meany en la década de 1820. En la misma década George Skinner y Charles Klee establecieron familias mercantiles que continúan siendo importantes en Guatemala hoy día. Entre los extranjeros que sirvieron a los intereses mercantiles británicos durante los primeros treinta años de la independencia estaban John Foster, Thomas Manning, Walter Bridge, y Jonas Glenton en Nicaragua, William Barchard, Richard McNally, Frederick Lesperance, William Kilgour, y Robert Parker en El Salvador; y Peter y Samuel Shepherd en la Costa de los Miskitos. Los Shepherd recibieron una enorme concesión de tierra por parte del Rey de los Miskitos a cambio de unos cajones de whisky y rollos de zaraza de algodón.(12)

Tan importantes como estos comerciantes fueron en el crecimiento del comercio centroamericano con la Gran Bretaña, los diplomáticos de Londres lo fueron probablemente más en animar tal comercio. Cónsules británicos, como Frederick Chatfield, hicieron esfuerzos extraordinarios por promover los intereses de sus compatriotas. De 1825 en adelante, Gran Bretaña redujo los derechos de aduana regularmente en casi todas las exportaciones centroamericanas. La cochinilla y el añil de Guatemala, El Salvador, y Nicaragua eran los artículos principales centroamericanos de intercambio extranjero desde que la industria textil británica extendió el mercado para estos tintes. Las pieles y conchas de Honduras disfrutaron favores parecidos. Por 1846 todos los productos centroamericanos, salvo el café, entraron a Gran Bretaña libre de derechos. El café, que ya estaba volviéndose importante para Costa Rica, pronto recibió trato preferencial también.

Belice continúa como el único puerto de importancia en la costa oriental de Centroamérica, a pesar de los esfuerzos centroamericanos repetidos para desarrollar sus propias puertos. Puertos que mantenían los centroamericanos-tales como Izabal, Omoa, Trujillo, Gracias a Dios, San Juan del Norte-raramente prestaron servicio a naves que navegaban directamente con el mundo externo, sino simplemente sirvieron como muelles de traslado para los esquifes pequeños y goletas que llevaron carga hasta y desde Belice. Esfuerzos para establecer un segundo emporio británico en Bluefields o Greytown (San Juan del Norte), para atender las necesidades de Nicaragua y Costa Rica, generalmente fracasaron durante la primera mitad del siglo. Antes de 1850, la mayor parte de productos nicaragüenses y costarricenses salieron de los puertos de Corinto en Nicaragua o de Puntarenas en Costa Rica, ambos en el Pacífico.

Los préstamos extendían la dominación británica de la economía internacional centroamericana, agregando la atadura de deuda a la del comercio entre las dos naciones. El fiasco del préstamo de Barclay, Herring & Richardson en 1825 refrenó a muchos forasteros de invertir su capital en proyectos centroamericanos. No obstante, una serie de préstamos de las empresas británicas a los estados centroamericanos creó un laberinto de problemas de la deuda que no se desenredaron hasta el siglo XX. Los gobiernos liberales la década de 1820 animaban a tales arreglos, y aunque los gobiernos conservadores eran mas cautos, tales transacciones no acabaron totalmente. El gobierno de Carrera, al negociar un préstamo con la empresa de Londres de Isaac & Samuel en 1856 para pagar su deuda existente, por ejemplo, tuvo que empeñar el 50 por ciento de sus recibos de aduanas para servicio a la deuda. Tales arreglos involucraron a los súbditos británicos en la finanzas internas de los estados centroamericanos al extremo de comprometer su soberanía nacional.

Del empeño por estimular la explotación mineral resultaron concesiones a varias compañías mineras inglesas, especialmente en Guatemala y Honduras, pero, subcapitalizados y faltando los servicios adecuados de transporte, sin excepción los esfuerzos emprendidos no aumentaron la producción mineral significativamente durante los años incipientes de la independencia.

Todavía otra esfera más de influencia británica estaba en los esquemas de la colonización por cual los liberales habían buscado iluminar la sociedad y economía centroamericana. De Guatemala a Panamá, los gobiernos diseñaron proyectos para atraer a los emigrantes europeos. Los resultados fueron decepcionantes. Algunos ingleses vinieron, pero la mayor parte de ellos o se murieron o se devolvieron a Europa, aunque unos pocos flotaron en los centros urbanos y llegaron a ser influyentes en el comercio o la agricultura. Los proyectos más notables fueron aquéllos empezados en Guatemala bajo la administración del Gobernador Dr. Mariano Gálvez. Gálvez tenía la esperanza de colonizar las regiones norteñas escasamente pobladas de su estado. A unas pequeñas concesiones individuales a extranjeros siguió una gran concesión a la Eastern Coast of Central America Commercial and Agricultural Company, una compañía cuyos orígenes estuvieron ligados sospechosamente a la empresa de Poyais de Gregor MacGregor. La compañía acordó desarrollar la zona oriental entera del estado, de Izabal y la Verapaz hasta el Petén. Los resultados fueron escasos, y estos proyectos contribuyeron a la poca estima en que los residentes de esas zonas tuvieron a gobierno de Gálvez. La compañía estableció una colonia temporal en Abbotsville, cerca del Río Polochic, que tampoco prosperó. Desgraciadamente, los ingleses tenían más interés en aprovecharse de los recursos de caoba que en la colonización agrícola, y la colonia se desintegró. Sobre todo, el proyecto sólo elevó el sentimiento anti-británico entre los residentes de Guatemala oriental. (13)

Un arreglo parecido, hecho con una compañía belga para desarrollar el puerto y la región de Santo Tomás en la Bahía de Honduras, reemplazó la concesión inglesa para 1840. Carrera y los Conservadores tenían graves dudas sobre la conveniencia de tal proyecto de colonización, aunque, a través del soborno y la intimidación, el gobierno aprobó el contrato belga e hizo su mejor esfuerzo para asegurar su éxito. El hecho de que los belgas eran católicos era un punto a su favor con los conservadores de la época de Carrera. Pero la colonia belga de Santo Tomás también se derrumbó, y la región de la tierra baja permaneció subdesarrollada. Sin embargo, más de cien sobrevivientes de la colonia belga se trasladaron la capital guatemalteca, donde alcanzaron importancia en las décadas de 1850 y 1860 como artesanos, profesionales, y comerciantes.(14) Otro derivado de los proyectos de colonización fue el mejoramiento en el transporte marítimo del Caribe. El vapor de la compañía inglesa, el Vera Paz, unió el Golfo Dulce con Belice, aumentando con ello la dependencia comercial de los guatemaltecos en el puerto británico. Más tarde, la compañía belga proveyó un servicio marítimo con Bélgica con un itinerario irregular. Para 1850 se prestaba servicio regular en la costa caribeña a los buques de vapor, aunque a veces incierto e informal. En 1851 los cinco estados se unieron para subvencionar dos buques veleros para la navegación regular a lo largo de la costa del Pacífico.(15)

Los británicos no eran los únicos extranjeros que jugaron papeles importantes en el desarrollo centroamericano a mitad del siglo XIX, aunque su dominación comercial refleja con precisión allí su posición general. El fomento de la inmigración por parte de los liberales en la década de 1820 no logró sus metas optimistas en términos de números, aunque unos cuantos franceses, italianos, alemanes, y belgas se unieron a los pocos residentes ingleses. (16) Varios extranjeros vinieron para seguir carreras en el ejército,(17) mientras que las oportunidades comerciales y las posibilidades de desarrollar una ruta de canal interoceánico atrajeron a otros. Con el establecimiento de soberanía estatal que empieza en 1847, cada estado firmó tratados de amistad, navegación, y comercio con las naciones europeas mayores antes de 1850, y sus cónsules promovieron los intereses de sus compatriotas residentes. El Cónsul de las Ciudades Hanseáticas, Carlos Klee, empezó a promover los intereses sobre todo de Bremen y otras ciudades de alemania del norte en el comercio guatemalteco. (18)

Belice, que había manejado más de 60 por ciento del comercio exterior de Guatemala antes de 1850, repentinamente perdió su importancia con la construcción del ferrocarril de Panamá en 1855. La búsqueda de una ruta interoceánica por Centroamérica fue de importancia capital al desarrollo centroamericano a lo largo del siglo. La Asamblea Constituyente Nacional de la federación centroamericana les pidió a los gobiernos estatales que comenzaran la navegación de los ríos principales del país ya en 1825, sugiriendo que se formaran compañías privadas nacionales o extranjeras para tal propósito. Claramente, la Asamblea tenía en mente un canal interoceánico. Un mes después el gobierno federal pidió que se abrieran negociaciones para la construcción de un canal, que con seguridad promovería gran prosperidad. Alejandro Marure, en un folleto titulado El canal de Nicaragua declaró: "En una palabra, se esperaba, por medio del canal, ver la república transformada dentro de pocos años en la nación más rica, más poblada y más feliz del globo."(19) El gobierno pronto firmó un contrato para la construcción del canal, primero con la empresa de Aaron H. Palmer de Nueva York en 1826 y después con un grupo holandés, pero nada más allá de unos estudios vino de estos acuerdos.(20)

Entretanto, el gobierno inglés envió a George Alejandro Thompson a investigar la situación, sobre todo en Nicaragua. Su visita no produjo ningún acuerdo inmediato sobre un canal, pero comenzó las relaciones estrechas entre los diplomáticos británicos y los líderes centroamericanos, sobre todo aquéllos del Partido Conservador.(21) En 1837-38 el ingeniero inglés, John Baily, inspeccionó una ruta para el gobierno nicaragüense, y poco tiempo después de esto John Lloyd Stephens preparó un informe detallado sobre el potencial de un canal de Nicaragua para el gobierno norteamericano. La publicación de memorias en inglés por estos tres hombres estimuló el interés extranjero grandemente en el proyecto.(22)

Las concesiones de tierra a los británicos y la creciente actividad comercial británica alienaron a los sectores más tradicionales-campesinos, tejedores del textiles, etc. Fueron una causa contribuyente al levantamiento salvadoreño de Anastasio Aquino y una causa mayor de la rebelión de Rafael Carrera en Guatemala. Estas rebeliones fueron componentes mayores en el derrumbamiento del gobierno de la federación. La reacción conservadora contra los extranjeros fue una causa mayor en la emergencia de los estados separados después de 1838, aunque los británicos continuaron dominando el comercio exterior del istmo.

Las posibilidades de un canal también interesaron a los franceses. Un esfuerzo para negociar un acuerdo con el Gobierno de Nicaragua no se realizó en 1844, pero en 1858 Félix Belly y sus socios de París recibieron una concesión para la construcción de un canal. Belly hizo otro detallado reconocimiento, pero al final su concesión expiró sin que se tomara ninguna acción porque él no había podido organizar el apoyo financiero necesario para la empresa.(23)

Entretanto, la adquisición norteamericana de Oregón y California, sobre todo después del descubrimiento de oro en 1849, causó un interés súbito en el istmo por parte de los Estados Unidos. Buscando la ruta más rápida a las minas de oro de California, los yanquis se apresuraron por Nicaragua y Panamá. La Accessory Transit Route de Cornelius Vanderbilt, con la ayuda de capital británico, diseñó una ruta por Nicaragua mientras él planeó el desarrollo de un canal. Financieros de Nueva York, entretanto, bajo las provisiones del Tratado de Bidlack de 1846 entre los Estados Unidos y Colombia, pagaron la construcción del Ferrocarril de Panamá que se completó en 1855. La realización de ese trabajo abrió la entera costa occidental de las Américas al comercio en aumento. En Centroamérica, producía el fin de la dominación de Belice sobre el comercio exterior con el desarrollo rápido de nuevos puertos en la costa del Pacífico. Esto facilitó el crecimiento del café, producido principalmente en las laderas del Pacífico, como la exportación principal de Centroamérica.(24)

Aunque la producción de café en Centroamérica empezó bajo los gobiernos conservadores, se ha identificado a menudo con el estado liberal en la última parte del siglo XIX, y con la emergencia de nuevas clases de la élite quienes han dominado estos estados desde entonces. Los estados liberales que se establecieron después de la muerte de Rafael Carrera en 1865, de hecho, grandemente animaron y favorecieron a los cafetaleros quienes a menudo estaban detrás de las revoluciones que devolvieron a los liberales al poder. (25) Inevitablemente, la empresa extranjera jugó un papel principal en este desarrollo. Mientras que los británicos continuaron siendo importantes, la empresa alemana y norteamericana, con sus mercados y capital alcanzaron importancia creciente después de 1870.

Los alemanes eran especialmente importantes en extender la industria del café en Guatemala, Costa Rica, y Nicaragua. Guatemala había establecido eslabones comerciales desde la década de 1840 con los puertos Hanseáticos y prusianos del Mar Báltico. Estas relaciones facilitaron la inmigración extensa desde los estados alemanes, sobre todo después de 1865. Los alemnes tuvieron un gran impacto especialmente en la Alta Verapaz, donde el pueblo de Cobán se volvió en un centro cafetero de producción y cultura alemanas. (26) Notable sobre todo era un Paul Erwin Dieseldorff, quien por 1900 había establecido un imperio verdadero del café en la Alta Verapaz.(27) Los cafetales tardan aproximadamente cinco años antes de que empiecen a producir, de modo que exigen un capital considerable por parte de los nuevos productores de café. Los finqueros alemanes en Centroamérica recibieron a menudo la extensión generosa de crédito de comerciantes en Bremen, Hamburgo, y otros puertos del Alemania del norte. Ni los finqueros de café ingleses ni los norteamericanos disfrutaron de esta ventaja, un factor que explica, por lo menos en parte, el predominio de los alemanes en la producción del café centroamericano. Aunque los alemanes nunca controlaron una mayoría de las tierras cafetaleras, sus fincas eran las más eficaces y la porción alemana de la producción centroamericana del café representó un porcentaje mucho mayor en comparación a su porcentaje de los cafetales o a la cantidad de tierra que ellos poseyeron. Mientras que los estados centroamericanos animaron la inmigración de estos extranjeros para desarrollar la exportación del café, los finqueros nativos a veces sintieron un resentimiento con respecto a su éxito. Los cosecheros guatemaltecos se quejaron que los alemanes disfrutaron de acceso al capital con tasas más baratas, el recurso a la intervención diplomática, conexiones más cercanas y más favorables con las casas de exportación e importación, las cuales eran en gran parte controladas por extranjeros: "El extranjero disfruta garantías en su persona y propiedad de que se privan nosotros sujetos nacionales," se quejó un finquero guatemalteco. (28) David McCreery dice que "los extranjeros a menudo intimidaron o ignoraron a las autoridades locales y actuaron con sus obreros como si ellos fueran encima de la ley, pero no hay ninguna evidencia que ellos eran más brutales hacia los indios que los hacendados locales." (29) La dominación extranjera en el comercio para el año de 1939 era evidente: Los exportadores de nacionalidad alemana controlaron 49 por ciento de las exportaciones guatemaltecas. Los holandeses controlaron otro 22 por ciento y exportadores de los EE.UU. veinte por ciento. Las compañías de la exportación guatemaltecas controlaron sólo siete por ciento de las exportaciones de café.(30)

A pesar del resentimiento que su dominación engendró, los empresarios extranjeros en el negocio de café se integraron gradualmente en la sociedad nacional. Se casaron en las más viejas familias de la élite, y aunque a menudo educaron a sus niños en Alemania y mantuvieron una identidad cultural alemana, ellos también se volvieron una parte de las élites nacionales centroamericanas. (31) Este proceso contrastaría notablemente con la industria bananera que también empezó a tener un impacto en Centroamérica a finales del siglo XIX. Pero la industria bananera se caracterizó por plantaciones grandes en manos de corporaciones extranjeras. Estas corporaciones, notablemente la Frutera United, controlarían en el futuro no sólo la producción y exportación del banano, sino también las líneas marítimas, los puertos, ferrocarriles, comunicaciones de la radio, y otros aspectos vitales de las economías nacionales. De hecho, fueron las compañías bananeras las que finalmente construyeron mucha de la infraestructura que los liberales centroamericanos habían estado buscando desde la década de 1820. Sin embargo, a principios del siglo veinte, los nativos centroamericanos tendieron a mirar más favorablemente a la élite del café que a la élite del banano. A comienzos del siglo XX estos dos productos habían venido a dominar las economías de todos los cinco estados centroamericanos. Su exportación había creado nuevas élites dominantes, como las llamadas "14 familias" de El Salvador. Siempre la élite salvadoreña se compuso de más de catorce familias, pero en todos los estados es cierto que las oligarquías pequeñas de cosecheros del café, en alianza con fuerzas militares más fuertes, más profesionales-a menudo entrenado por misiones militares alemanas-había creado oligarquías por 1900. Sólo en Costa Rica eran esas oligarquías mitigadas por algún avance sustancial de política democrática y una distribución más justa de la riqueza. En todos los cinco estados, los inmigrantes e inversionistas extranjeros habían llegado a formar una parte significante de las élites nacionales.(32)

Concomitante al crecimiento de estas oligarquías, los estados nacionales habían crecido también notablemente, financiados por los réditos del café y banano. Ávidas de extender la infraestructura y el desarrollo económico, las burocracias nacionales se habían levantado en servicio a las élites. Esa tendencia aceleraría rápidamente en el siglo veinte. (33) El último tercio del siglo XIX también dio testimonio de un crecimiento rápido en empresarios extranjeros en todos los cinco estados. Establecieron agencias comerciales, casas de importación y exportación, y otros servicios, fuertemente animados por el establecimiento de muchos nuevos consulados, sobre todo por Alemania y los Estados Unidos.(34)

Interés en un canal interoceánico era otra esfera que traería la inversión y empresa extranjera sustancial al istmo. La realización del ferrocarril de Panamá (1855) le había dado un gran impulso al desarrollo panameño y de hecho a toda la costa occidental de las Américas. Este ferrocarril también, por supuesto, disminuyó la importancia de la ruta del tránsito nicaragüense. El episodio de William Walker había dañado la posición de Nicaragua como un sitio adecuado para el canal. También había desacreditado grandemente al Partido Liberal que se había aliado con Walker. Esto contribuyó a la persistencia de los Conservadores en Nicaragua hasta 1893, muchos años después de que los Conservadores habían perdido el mando en los otros estados. Con los Conservadores menos entusiastas que los Liberales en su búsqueda del capital extranjero, la penetración extranjera de la economía nicaragüense antes de 1893 fue más lenta que en cualquier otro país centroamericano. Por otro lado, los extranjeros, especialmente los intereses ingleses y norteamericanos de minería y del banano, habían hecho incursiones considerables a lo largo de la costa de Caribe de Nicaragua. Esto ocurrió en gran parte fuera del mando de Managua, en colaboración con el reino de Mosquitia, todavía eficazmente un protectorado británico.(35) Esto explica la antipatía de estos intereses hacia el gobierno Liberal de José Santos Zelaya que tuvo poder en Managua en 1893 e intentó afirmar la autoridad central sobre esa región.

Interés en un canal creció rápidamente después de que la navegación a vapor demostró la economía en tiempo y gastos que un canal ístmico proporcionaría. Después del fracaso de Félix Belly en Nicaragua, el interés francés permanecía fuerte no obstante. Costa Rica, entretanto, siguió su propio esquema transístmico y promovió el desarrollo de la región del Golfo Dulce a lo largo de su costa del Pacífico. Una compañía de la colonización francesa estuvo de acuerdo en abrir una ruta interoceánica desde el Golfo Dulce en el Océano Pacífico a Bocas del Toro en el Caribe, haciendo un emporio a la región para el comercio ístmico. Esta idea, menos factible que los proyectos de Nicaragua o de Panamá, nunca tuvo éxito, pero desvió el interés costarricense del Río San Juan hasta cierto punto. Finalmente, sin embargo, involucró a Costa Rica en un nuevo conflicto sobre límites con Colombia con respecto a la frontera de Chiriquí. Esa controversia se extendió hasta el siglo XX, y se volvió parte del conflicto sobre límites en ambas costas entre Panamá y Costa Rica, donde las hostilidades hicieron erupción brevemente en 1921. La disputa no se resolvió finalmente hasta 1944.

Los franceses, entretanto, volvieron su atención a otra parte. Napoleón III había mirado a Nicaragua anteriormente, (36) pero Ferdinand de Lesseps y un sindicato francés alcanzaron un acuerdo más tarde con el gobierno de Colombia en 1878 para construir un canal a través de Panamá. (37) La Companie Universelle francesa empezó excavaciones en 1882. Los Estados Unidos, entretanto, perseguían una ruta nicaragüense simultáneamente, pero no se alcanzaron un acuerdo con el gobierno nicaragüense hasta 1887. La resultante Maritime Canal Company no se formó hasta 1889 y estaba en quiebra para 1893. Un destino similar ya había pasado con la compañía francesa. Ninguna de las dos compañías había sido capaz de resistir la severa crisis económica de la década de 1890. El capital particular se demostró incapaz de construir un canal ístmico, pero después de que la Guerra con España sobre la Independencia de Cuba dio énfasis a los EE. UU del valor estratégico de la ruta, el Presidente norteamericano Theodore Roosevelt movió el proyecto hacia delante como una ventura pública del gobierno de Estados Unidos. Él tomó las ruinas de la empresa francesa en Panamá y, en efecto, Panamá se volvió un protectorado de los Estados Unidos en el proceso. (38)

Conclusiones:

La subida del estado liberal en Centroamérica durante el siglo XIX promovió la emergencia de dos nuevas élites-separadas, aunque a menudo colaborando entre sí. Una de ellas, ubicada en Centroamérica y compuesta de familias nativas e inmigrantes, desarrolló la exportación de café de alta calidad de las regiones montañosas. La otra, compuesta de corporaciones extranjeras, desarrolló las plantaciones bananeras de las tierras bajas de las costas así como una gama amplia de industrias auxiliares e infraestructura. La primera de estas élites formó redes familiares y oligarquías que vinieron a dominar los estados centroamericanos y, en el siglo XX, extendería sus intereses a otras exportaciones agrícolas, minerales y de fábricas. La segunda permanecía por la mayor parte fuera de la sociedad interna de Centroamérica, pero con los incentivos económicos y la gran influencia en los estados centroamericanos, a menudo con el apoyo del establecimiento norteamericano diplomático y militar, un ejemplo de la "diplomacia del dólar." Mientras que estas dos élites estaban a menudo aliadas contra los intereses de las clases media y baja en la participación política y la distribución de la riqueza, por sí mismo representaron intereses muy distintos. En el siglo veinte, las oligarquías del café habrían a veces de acusar a las fruteras como responsables para los problemas socio-económicos. Las compañías bananeras, por otro lado, presentaron un modelo de desarrollo capitalista moderno que los barones paternalísticos del café no pudieran duplicar. Las dos tenían un efecto poderoso en la historia de la región a lo largo del siglo actual. Las dos compartían la responsabilidad por establecer Centroamérica como una parte íntegra de la economía internacional del Atlántico del norte. Ambos también tenían la responsabilidad compartida por el fracaso de la agenda económica liberal para proporcionar prosperidad más general, conduciendo a las severas dislocaciones socio-económicas y políticas de finales del siglo veinte.

BIBLIOGRAFIA DE OBRAS CITADAS

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1. El autor agradece mucho a Sra. Marielos Hernández-Lehmann para su ayuda en la traducción de esta ponencia. Porciones de esta ponencia se editó anteriormente en el idioma ingleacute;s en la obra del autor, Central America, A Nation Divided, 2a ed. (New York & London: Oxford University Press, 1985).

2. Severo Martínez Peláez. La patria del criollo: ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca (Guatemala: Editorial Universitaria, 1971).

3. Para una apreciación global útil del último siglo del régimen español en

el Reino de Guatemala, véase Miles Wortman, Government and Society in Central America, 1680-1840 (New York: Columbia University Press, 1982).

4. Véase, por ejemplo, Samuel Z. Stone, La dinastía de los conquistadores: La crisis del podere en la Costa Rica contemporánea (San José: Editorial Universitaria Centroameriana (EDUCA), 1975); and The Heritage of the Conquistadors: Ruling Classes in Central America from Conquest to the Sandinistas (Lincoln: University of Nebraska Press, 1990).

5. Diana Balmori, Stuart F. Voss, and Miles Wortman, Notable Family Networks in Latin America (Chicago: University of Chicago Press, 1984), pp. 52-78; para una descripción y análisis más detalladas sobre la subida del primer Marqués de Aycinena en Guatemala, véase Richmond F. Brown, Juan Fermín de Aycinena: Central American Colonial Entrepreneur, 1729-1796 (Norman: University of Oklahoma Press, 1997).

6. Mario Rodríguez, The Cádiz Experiment in Central America, 1808-1826 (Berkeley: University of California Press, 1978).

7. Sobre el consulado, véase Ralph Lee Woodward, Jr., Class Privilege and Economic Development: The Consulado de Comercio of Guatemala, 1793-1871 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1966), y sobre el Ministerio de Fomento, David J. McCreery, Development and the State in Reforma Guatemala (Athens, Ohio: Ohio University Press, 1983).

8. Stanley Faye, "Commodore Aury," Louisiana Historical Quarterly 24 (July 1941): 611-97; Lewis Bealer, Los corsarios de Buenos Aires: sus actividades en las guerras hispano-americanas de la independencia, 1815-1821 (Buenos Aires: "Coni", 1937).

9. Sobre MacGregor, véase Robert A. Naylor, Penny Ante Imperialism: The Mosquito Shore and the Bay of Honduras, 1600-1914: A Case Study in British Informal Empire (Rutherford, N.J.: Fairleigh Dickinson University Press, 1989), pp.79-82, 118-23. Véase también Thomas Strangeways, Sketch of the Mosquito Shore, Including the Territory of Poyais, Descriptive of the Country; With Some Information as to its Productions, the Best Mode of Culture, &c. (Edinburgh: W. Blackwood, 1822); Gregor MacGregor, Plan of a Constitution for the Inhabitants of the Indian Coast, in Central America, Commonly called the Mosquito Shore (Edinburgh: Balfour and Jack, 1836); y W. Davidson Weatherhead, An Account of the Late Expedition Against the Isthmus of Darien, Under the Command of Sir Gregor M'Gregor, Together with the Events Subsequent to the Recapture of Portobello, Till the Release of the Prisoners from Panama; Remarks on the Present State of the Patriot Cause, and on the Climate and Diseases of South America (London: Longman, Hurst, Rees, Orme, and Brown, 1821).

10. Carlos Marichal, A Century of Debt Crises in Latin America, From Independence to the Great Depression (Princeton: Princeton University Press, 1989), p. 28. Véase también Frank G. Dawson, The First Latin American Debt Crisis, the City of London and the 1822-1825 Loan Bubble (New Haven: Yale University Press, 1990), p. 67; Rodríguez, The Cádiz Experiment, pp. 207, 221; Alejandro Marure, Bosquejo histórico de las revoluciones de Centroamérica desde 1811 hasta 1834, 3 ed., 2 tomos (vols. 36 y 37 de la Biblioteca Guatemalteca de Cultura Popular 15 de Septiembre) (Guatemala: Ministerio de Educación Pública, 1960) 1:177-83; Cleto González Víquez, "Primera deuda exterior y primera tentativa de empréstito," en Capítulos de un libro sobre historia financiera de Costa Rica (San José de Costa

Rica: Editorial Costa Rica, 1977), p. 11.

11. William J. Griffith, editor, The Personal Archive of Francisco Morazán (New Orleans: Middle American Research Institute, Tulane University, Publicación No. 12, 1977).

12. Sobre el papel británico en Centroamérica durante la primera mitad del siglo XIX véase Robert A. Naylor, Influencia británica en el comercio centroamericano durante las primeras décadas de la Independencia (Antigua Guatemala: CIRMA, 1988), como también su Penny Ante Imperialism; y Mario Rodríguez, A Palmerstonian Diplomat in Central America, Frederick Chatfield, Esq. (Tucson: University of Arizona, 1964).

13. Para una discusión detallada de este proyecto véase William J. Griffith, Empires in the Wilderness: Foreign Colonization and Development in Guatemala, 1834-1844 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1965).

14. Ora-Wesley Schwemmer, "The Belgian Colonization Company, 1840-1858," Disertación doctoral, Tulane University, New Orleans, 1966.

15. Véase Ralph Lee Woodward, Jr., Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Athens, Georgia: University of Georgia Press, 1993), pp. 366-68.

16. Para una evaluación perceptiva de la política de inmigración centroamericana

en el siglo XIX, véase William J. Griffith, "Attitudes Toward Foreign Colonization: The Evolution of Nineteenth-Century Guatemalan Immigration Policy," en Applied Enlightenment: 19th Century Liberalism (New Orleans: Middle American Research Institute Publication No. 23, Tulane University, 1982), pp. 73-110.

17. Varios veteranos de las guerras napoleónicas se incorporaron como oficiales en los ejércitos centroamericanos de la década de 1820, incluso José Pierson, Francisco Cáscara, Isidore Saget, Dr. Jean Baptiste Fauconnier, y Nicolás Raoul. Alejandro Marure, Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-América desde el año 1821 hasta el de 1842, 2a ed. (Guatemala: Tipografía Nacional, 1895), pp.24-41; Rodríguez, Cádiz Experiment, 227-28. Pierson era un criollo de Saint Domingue, mientras

que Cáscara (1777-1851) era un sardo quién había servido a Napoleón antes de ingresar al ejército español en 1797. Vino a Centroamérica con el Capitán General Antonio González Saravía. Manuel Rubio Sánchez, Los Mariscales de Campo: 1--Francisco de Cáscara (Guatemala: Editorial del Ejército, 1984). Aún Carrera empleaba oficiales europeos en su ejército. Cáscara le sirvió como su Ministro de Guerra y William Knoth y Paul Brun también le sirvían como asesores extranjeros y como oficiales en su ejército. Woodward, Rafael Carrera, pp. 31, 252, 481-82. Con respecto a Raoul, véase Adam Szaszdi, Nicolás Raoul y la república federal de Centroamérica (Madrid: Universidad de Madrid, Seminario de Estudios Americanos, 1958).

18. Gaceta de Guatemala (Guatemala), 10 de julio de 1847 y 7 de setiembre de 1849.

19. Virgilio Rodríguez Beteta, La política inglesa en Centroamérica durante el siglo XIX (Guatemala: Ministerio de Educación Pública, 1963, pp. 45-46. Véase también Mario Rodríguez, Cádiz Experiment, p. 206, citando El Liberal (Guatemala,17 May 1826).

20. Alejandro Marure, Efemérides, pp. 29-30; véase también Hubert Howe Bancroft, History of Central America, 3 vols. (San Francisco: History Company, 1886-87), 3:695.

21. Según Naylor, Influencia británica , p. 241, nota 4, "el informe de Thompson constituye los tres primeros tomos de la serie 15 de los documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores (Foreign Office)." Thompson publicó mas tarde una relación de su viaje, Narrative of an Official Visit to Guatemala from Mexico (London: John Murray, 1829).

22. Se reflejan las actividades extensas de Baily en Centroamérica en su Central America, Describing Each of the States of Guatemala, Honduras, Salvador, Nicaragua, and Costa Rica; Their Natural Features, Products, Population, and Remarkable Capacity for Colonization. (London, T. Saunders, 1850). La memoria clásica de Stephens es Incidents of Travel in Central America, Chiapas and Yucatan (New York: Harper's, 1841).

23. Félix Belly, A travers l'Amérique Centrale, le Nicaragua et le canal interocéanique, 2 tomos. (Paris: Librairie de la Suisse Romande, 1867).

24. Ralph Lee Woodward, Jr., "Economic Development and Dependency in Nineteenth-Century Guatemala," en Crises in the Caribbean Basin, editado por Richard Tardanico, Vol. 9, Political Economy of the World-System Annuals, editado por Immanuel Wallerstein (Newbury Park, California: Sage Publications, 1987), pp. 67-68. Sobre el impacto de la ruta de tránsito en Panamá en la década de 1850, véase Eugene R. Huck, "The Forty-Niners in Panama: Canal Prelude," en Eugene R. Huck & Edward H. Moseley, Militarists, editors, Merchants, and Missionaries: United States Expansion in Middle America (University, Alabama: University of Alabama Press, 1970), pp. 53-62.

25. Sobre la importancia del cultivo del café en Centroamérica hay una literatura extensa, pero especialmente útiles son Héctor Pérez Brignoli and Mario Samper K., compiladores, Tierra, café y sociedad: ensaylos sobre la historia agraria centroamericana (San José de Costa Rica: FLACSO, 1994); Julio Castellanos Cambranes, Café y campesinos en Guatemala, 1853-1897 (Guatemala: Editorial Universitaria, 1985); Ralph Lee Woodward, Jr., "Coffee Republics," en Central America, A Nation Divided (New York: Oxford University Press, 1985), pp. 149-76; Héctor Lindo-Fuentes, "Economía e Sociedad (1810-1870)", en Héctor Pérez Brignoli, ed., De la Ilustración al liberalismo, 3:141-201, y Mario Samper K., "Café, trabajo y sociedad en Centroamérica (1870-1930): una historia," en Víctor Hugo Acuña, ed., Las repúblicas agroexportadoras (1870-1945), 4:11-110, en Historia general de Centroamérica, (San José de Costa Rica: FLACSO, 1993); David J. McCreery, Rural Guatemala, 1760-1940, (Stanford, California: Stanford University Press, 1994), pp. 161-337; Lowell Gudmunson, Costa Rica Before Coffee: Society and Economy on the

Eve of the Export Boom (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1986); Héctor Lindo-Fuentes, Weak Foundations: The Economy of El Salvador in the Nineteenth Century, 1821-1898 (Berkeley: University of California Press, 1990). Para El Salvador en el siglo XX véase Jan Suter, Prosperität und Krise in einer Kaffeerepublik: Modernisierung, sozialer Wandel und politischer Umbrudh in El Salvador, 1910-1945 (Frankfurt am Main: Vervuert, 1996).

26. Regina Wagner, Los alemanes en Guatemala, 1828-1944 (Guatemala: Editorial IDEA, Universidad Francisco Marroquín, 1991) proporciona mucho detalle sobre el papel alemán en el desarrollo guatemalteco.

27. Dos obras inéditas por Náez Falcón son de importancia especial: "German Contributions to the Economic Development of the Alta Verapaz of Guatemala, 1865-1900," tesis de maestría, Tulane University, New Orleans, 1962; y "Erwin Paul Dieseldorff, German Entrepreneur in the Alta Verapaz of Guatemala, 1889-1937," disertación doctoral, Tulane University, New Orleans, 1970.

28. McCreery, Rural Guatemala, pp. 232-33, citando Guillermo Rodríguez, Guatemala en 1919 (Guatemala, 1920), pp. 137-38.

29. McCreery, p. 233. Agrega en una nota a pie de página: "Para un intercambio enfadado impreso entre el político del jefe y algunos de los finqueros extranjeros en la Alta Verapaz, véase el Diario Oficial [sic, Diario de Centroamérica] (Guatemala, 20 Aug. 1892) and Diario de Centroamérica (Guatemala, 22 Sept. 1892).

30. McCreery, p. 234.

31. Véase Wagner, Los aleamanes, pp. 305-47.

32. Para los orignes de la industria bananera en Centro América, véase Watt Stewart, Keith and Costa Rica: A Biographical Study of Minor C. Keith (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1964). Véase también Lester Langley y Thomas Schoonover, The Banana Men: American Mercenaries & Entrepreneurs in Central America, 1880-1930 (Lexington: University of Kentucky Press, 1995); Thomas L. Karnes, Tropical Enterprise: The Standard Fruit and Steamship Company in Latin America (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1976); Paul Dosal, Doing Business with the Dictator: A Poliltical History of United Fruit in Guatemala, 1899-1944 (Wilmington, Delaware: Scholarly Resources, 1993); y Charles David Kepner and Jay H. Soothill, The Banana Empire: A Case Study of Economic Imperialism (New York: Vanguard Press, 1935).

33. Robert G. Williams, States and Social Evolution: Coffee and the Rise of National Governments in Central America (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1994); Howard H. Lentner, State Formation in Central America: The Struggle for Autonomy, Development, and Democracy (Westport, Connecticut: Greenwood Press, 1993), pp. 41-45.

34. Para un grupo de ensayos que iluminan muy bien la actividad norteamericana en Centroamérica en los últimos años del siglo XIX, véase a Thomas D. Schoonover, The United States and Central America, 1860-1911: Episodes of Social Imperialism and Imperial Rivalry in the World System (Durham, North Carolina: Duke University Press, 1991).

35. Sobre la Costa de Miskitos en el siglo XIX, véase Naylor, Penny Ante Imperialism; Eleonore von Oertzen, Lioba Rossbach, y Volker Wünderich, redactores, The Nicaraguan Mosquitia in Historical Documents, 1844-1927: The Dynamics of Ethnic and Regional History (Berlin: Dietrich Reimer Verlag, 1990); y Craig L. Dozier, Nicaragua's Mosquito Shore: The Years of British and American Presence (University, Alabama: University of Alabama Press, 1985).

36. N.L.B. [Napoleón III, Emperador de los franceses],Canal of Nicaragua; or, a Project to Connect the Atlantic and Pacific Oceans by Means of a Canal (London: Mills & Son, 1846).

37. David McCullough, The Path Between the Seas: The Creation of the Panama Canal, 1870-1914 (New York: Simon & Schuster, 1977), pp. 45-69.38. Véase McCullough, Paths; Walter La Feber, The Panama Canal: The Crisis in Historical Perspective, 2nd ed. (New York: Oxford University Press, 1979); John Major, Prize Possession: The United States and the Panama Canal, 1903-1979 , (Cambridge: Cambridge University Press, 1993).

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